Aún en el mismo remolino

«Entonces comenzó el tiempo del exilio, de la interminable busca de justificación, de la nostalgia sin objeto, de los interrogantes más penosos, más abrumadores, los del corazón que se pregunta: ¿dónde puedo sentirme en mi casa?.»

Albert Camus, l´´´ Homme révolté

Aquel que mira afuera, sueña. Quién mira en su interior, despierta.

conventos

La tecnología nos permite que alguien sea tu amigo a golpe de click, compartir sin arriesgar, estar en un grupo sin conocer a nadie. Surgen y se expanden redes y comunidades que convierten individuos desenraizados y solitarios en un grupo unido por algo. Podemos compartir algo efímero, un suceso o una opinión por ejemplo o podemos intercambiar aficiones que nos ayudan a reforzar rasgos de nuestra personalidad sobre lo que “tenemos”, “pensamos” o “hacemos”. Construimos círculos cerrados: religiosos, deportivos o incluso, nacionales que nos distancian de muchos otros pero que nos ayudan a sentirnos parte de un grupo. Se crean así sentimientos identitarios desde la diferencia.

“Mediante la comprensión de lo oscuro, lo nocturno, lo abismal en ti, te vuelves totalmente simple. Y te dispones a dormir como todos durante milenios, te duermes bajo el regazo de los milenios y tus paredes resuenan con antiguos cánticos de templo. Pues lo simple es lo que fue siempre. El silencio y la noche azul se extienden sobre ti mientras tú sueñas en la tumba de los milenios.
Bienaventurado el que está en la oscuridad, pues el día está encima de él.
Tu visión devendrá más clara solamente cuando mires dentro de tu corazón… Aquel que mira afuera, sueña. Quién mira en su interior, despierta.”

(Jung. Libro rojo)

“No es lo que está roto, no,
el agua que el vaso tiene:
lo que está roto es el vaso
y, el agua, al suelo se vierte.
No es lo que está roto, no
la luz que sujeta al día:
lo que está roto es el tiempo
y en la sombra se desliza.
No es lo que está roto, no
la sangre que te levanta:
lo que está roto es tu cuerpo
y en el sueño te derramas.
No es lo que está roto, no,
la caja del pensamiento:
lo que está roto es la idea
que la lleva a lo soberbio.
No es lo que está roto Dios,
ni el campo que Él ha creado:
lo que está roto es el hombre
que no ve a Dios en su campo”
Emilio Prados, Canción

(Imagen: Cordial de las cuatro cosas postrimeras. Anónimo. Siglo XV. Biblioteca Nacional de España)

Quien busca, ….. se encuentra.

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En francés la palabra “personne” tiene un doble significado: quiere decir “persona”, por tanto ser humano, pero también “nadie”, es decir ninguna persona.

Ser persona es pensar, con mi razón sin duda alguna, en que soy lo que ven los otros y lo que yo me pienso que soy. Por eso para ser persona, tengo que utilizar tan solo mi pensamiento.

El mundo está lleno de personas que se piensan sin mirar, sin escuchar, que hacen y tienen cosas, que están solas o en grupo. Cuando abrimos la puerta no encontramos a nadie. Sin la mirada del otro, yo tampoco me veo.

Sin ese que yo creo que soy y sin tener lo que tengo ¿quién soy?: … nada. Soy nadie en persona y por tanto soy ignorancia, inconsciencia, egocentrismo, insatisfacción y, sobre todo, miedo.

Dicen los sufís que la sabiduría es estar en el mundo sin ser del mundo. No dejarse llevar por uno mismo, ni para ser diferente, ni para ser de un grupo. Porque al final es lo mismo, es la mirada del otro sobre la que yo me construyo.

Il n’avait peur de personne
Il n’avait peur de rien
Mais un matin un beau matin
Il croit voir quelque chose
Mais il dit Ce n’est rien
Et il avait raison
Avec sa raison sans nul doute
Ce n’ était rien
Mais le matin ce même matin
Il croit entendre quelqu’un
Et il ouvrit la porte
Et il la referma en disant Personne
Et il avait raison
Avec sa raison sans nul doute
Il n’y avait personne
Mais soudain il eut peur
Et il comprit qu’Il était seul
Mais qu’Il n’était pas tout seul
Et c’est alors qu’il vit
Rien en personne devant lui
Jacques Prévert

Escribiendo el curriculum

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El resultado de la entrevista de trabajo no va a depender solamente de la imagen que yo pueda haber dado, ni de lo que yo crea que el otro haya visto en mí. ….. Tropecé dos veces a la entrada, jugué con un clip hasta romperlo y después, mis brazos se cruzaron sobre el pecho….

En realidad, quizás, quería salir de allí corriendo.

“¿Qué hay que hacer?
Presentar una instancia
y adjuntar el curriculum.
Sea cual fuere el tiempo de una vida
el curriculum debe ser breve.
Se ruega ser conciso y seleccionar los datos,
convertir paisajes en direcciones
y recuerdos confusos en fechas concretas.
De todos los amores basta con el conyugal,
los hijos: sólo los nacidos.
Importa quién te conoce, no a quiénes conozcas.
Viajes, sólo al extranjero.
Militancia en qué, pero no por qué.
Condecoraciones sin mencionar a qué méritos.
Escribe como si jamás hubieras dialogado contigo mismo
y hubieras impuesto entre tú y tú la debida distancia.
Deja en blanco perros, gatos y pájaros,
bagatelas cargadas de recuerdos, amigos y sueños.
Importa el precio, no el valor.
Interesa el título, no el contenido.
El número del calzado, no hacia dónde va
quien se supone que eres.
Adjuntar una fotografía con la oreja visible:
lo que cuenta es su forma, no lo que oye.
¿Qué oye?
El fragor de las trituradoras de papel.”

Wislawa Szymborska

(Imagen: Libro de horas de la reina María de Navarra, 1342. Biblioteca Marciana (Venecia)

Lágrimas y paraísos

juicio

Desde la expulsión del Paraíso, el ser humano vive en un valle de lágrimas. Esta idea de que la vida es sufrimiento está metida en nuestras raíces y en nuestra historia. Nos han dicho que las fatigas nos ayudan a menospreciar la vida presente y a ser más santos. Cilicios, ayunos y penitencias son instrumentos para una mayor conciencia espiritual. La mortificación salva a las almas. Es el sometimiento del cuerpo y de la mente, de la ternura y de la alegría.

Por otro lado, desde la sociedad de consumo, se nos dice lo contrario, que la vida está para disfrutarla y, para ello, tan solo hace falta tener dinero. Si consumimos según nuestros gustos, apetencias y mejor conocimiento no nos faltará en la tierra el placer y la seguridad que buscamos. No hay que renunciar a nada.

El valle de lágrimas o el paraíso en tierra. En ambos casos: perdidos, insatisfechos y asustados, bien por no llegar al cielo, bien por perder lo que tenemos o no alcanzar lo que tanto deseamos.

“Si culpa, el concebir; nacer tormento;
guerra, vivir, la muerte, fin humano;
si después de hombre, tierra y vil gusano,
y después de gusano, polvo y viento;
si viento nada, y nada el fundamento;
flor, la hermosura; la ambición, tirano;
la fama y gloria, pensamiento vano,
y vano, en cuanto piensa el pensamiento,
¿quién anda en este mar para anegarse?
¿De qué sirve en quimeras consumirse,
ni pensar otra cosa que salvarse?
¿De qué sirve estimarse y preferirse,
buscar memoria habiendo de olvidarse,
y edificar habiendo de partirse?”
Lope de Vega

(Imagen: Fresco del Juicio Final (detalle). Nicolás Delli. 1445. Catedral Vieja de Salamanca)

SEXTA. La hora de almorzar: no soy yo sin los otros

camara 008En la hora sexta comemos. En los conventos hay costumbre de guardar silencio pero también de estar todos juntos, de escuchar en comunidad alguna lectura. Nosotros, a mediodía, quedamos con la familia, los amigos o los compañeros (del latín cum panis, “aquél con el que comparto el pan”). No hay celebración que no tenga una comida en común. No hay cultura o religión que no se haya preocupado por comidas y alimentos: manzanas o carnes, ayunos y panes.

Comer, para los seres humanos no es solo alimentarse. Es un acto de interacción social que refuerza el sentimiento de pertenencia a un grupo.

Por eso comer solo nos incomoda. San Antonio Abad indicó que en el convento el hermano culpable de una falta grave debía ser excluido de la mesa y tomar a solas su alimento: “Nadie lo bendiga al pasar, ni se bendiga el alimento que se le da». Comer solo es despojar a la comida de su aspecto humano, y dejarlo simplemente en algo biológico. Por eso, el que come solo muchas veces se busca una “lectura” de otro ser humano. En España por ejemplo en muchos restaurantes está puesta la televisión a la hora de la comida.

La hora sexta es el momento para reflexionar sobre las relaciones con los demás, los grupos a los que pertenezco, la sociedad.

Futuro terror o la mortalidad nos da alas

muerte prado

En el cuadro las Edades y la Muerte hay tres figuras principales cuyos rasgos se asemejan: una joven, una anciana y la figura de una mujer muerta, un esqueleto con piel del que los gusanos asoman del vientre. Es la Muerte, y sujeta en su mano un reloj de arena.

Cada año el tiempo se acorta y parece como si fuera más rápido.
Si no envejeciésemos, no llegaríamos a la madurez, esa edad en la que empezamos a descubrir las respuestas verdaderas a todo lo vivido. Cuando el cuerpo declina de pronto descubrimos que hemos vivido sin apenas darnos cuenta, dominados por acontecimientos y hábitos, con el piloto automático conectado. Hemos vivido sin ser conscientes de que el tiempo pasa y de que ni cremas, implantes, cirugías o tratamientos hacen la vida más bella. Solamente a medida que maduramos, podemos ver mejor nuestro camino.

La amenaza de la muerte nos espolea. Nos obliga a buscar soluciones mientras estamos vivos. Nos hace valorar las decisiones que tomamos y los riesgos que corremos. Sin la muerte no tendríamos que esforzarnos por hacer el mundo mejor, ni cuidaríamos de nada ni tampoco a nadie.

«Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura porque ésa ya no siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.
Ser, y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
y el temor de haber sido y un futuro terror…
¡Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
y sufrir por la vida y por la sombra y por
lo que no conocemos y apenas sospechamos,
y la carne que tienta con sus frescos racimos,
y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos
y no saber adónde vamos,
ni de dónde venimos!…»
Rubén Darío, Lo fatal

(Imagen: Hans Baldung Grien. Las edades y la muerte. 1539. Museo del Prado. Madrid)

Tengo una casa

costa malaga

Nuestra casa podría haber tenido un jardín más grande. Pero el alcalde y el promotor inmobiliario pensaron que viviendo en un adosado en medio del llano ya teníamos cerca el campo. De todos modos sabían que terminaríamos enlosando ese pequeño trozo de aire libre o poniéndole césped de plástico.

Nuestra casa tiene vistas al mar como las de todos nuestros vecinos. El alcalde y el promotor inmobiliario pensaron que, aunque la calle tuviera muchas cuestas, nunca pasearíamos por ella. De todos modos sabían que todos terminamos, más pronto o más temprano, descansando inmóviles en soleados nichos blancos.

Pisar ligero

pompeya

Una noche de verano, Pompeya quedó envuelta en vapores de gases y azufre. Sus habitantes, sus casas, enseres, animales y joyas quedaron sepultados bajo lava y cenizas.

Hay veces que las cosas no salen tal y como las esperábamos.
Personas nuevas, circunstancias imprevistas pueden venir a trastocar totalmente nuestra rutina, nuestra seguridad. Incluso una relación duradera, incluso muchos años de trabajo, pueden verse alterados por factores o situaciones con los que no contábamos. El entorno puede de pronto volverse hostil y difícil.
No entendemos lo que ocurre, no sabemos qué camino tomar

“Ser en la vida romero,
romero sólo que cruza siempre por caminos nuevos.
Ser en la vida romero,
sin más oficio, sin otro nombre y sin pueblo.
Ser en la vida romero, romero…, sólo romero.
Que no hagan callo las cosas ni en el alma ni en el cuerpo,
pasar por todo una vez, una vez sólo y ligero,
ligero, siempre ligero.
Que no se acostumbre el pie a pisar el mismo suelo,
ni el tablado de la farsa, ni la losa de los templos
para que nunca recemos
como el sacristán los rezos,
ni como el cómico viejo
digamos siempre los versos.”
León Felipe. Romero solo.

(Imagen: Crónicas de Núremberg (Liber Chronicarum), 1493. Biblioteca Nacional de Chile)