Mil llamas

amantes

Quizás es que no sabemos bien qué queremos con ello. ¿El placer por el placer? ¿Pasar un buen rato?… Lo que pongamos en la sexualidad será lo que obtengamos de ella: por ello, entonces, puede dejarnos insatisfechos, tristes, sucios, culpabilizados, incompletos …

La sexualidad es energía de vida. No es un pensamiento. Es una fuerza que une a dos seres y permite crear nueva vida. Cuando hacemos el amor estamos abiertos, estamos desnudos. No somos dos sino uno solo donde se unen energías masculinas y femeninas.

Después de la danza, allá arriba, todo es quietud. Hemos llegado al centro de nosotros, al ojo de la tormenta, más allá del pensamiento, allí donde hay calma. Es luz concentrada, es profunda existencia. Entonces todo es brillante, energía condensada, fuerte y poderosa.

Sabemos.

“Es igual que reír dentro de una campana:
sin el aire, ni oírte, ni saber a qué hueles.
Con gesto vas gastando la noche de tu cuerpo
y yo te transparento: soy tú para la vida.
No se acaban tus ojos; son los otros los ciegos.
No te juntan a mí, nadie sabe que es tuya
esta mortal ausencia que se duerme en mi boca,
cuando clama la voz en desiertos de llanto.
Brotan tiernos laureles en las frentes ajenas,
y el amor se consuela prodigando su alma.
Todo es luz y desmayo donde nacen los hijos,
y la tierra es de flor y en la flor hay un cielo.
Solamente tú y yo (una mujer al fondo
de ese cristal sin brillo que es campana caliente),
vamos considerando que la vida…, la vida
puede ser el amor, cuando el amor embriaga;
es sin duda sufrir, cuando se está dichosa;
es, segura, la luz, porque tenemos ojos.
Pero ¿reír, cantar, estremecernos libres
de desear y ser mucho más que la vida…?
No. Ya lo sé. Todo es algo que supe
y por ello, por ti, permanezco en el Mundo.”
Carmen Conde Abellán. Amante

(Imagen: Theatrum sanitatis. (detalle) Italia, 1400. Biblioteca Casanatense de Roma)