Agua turbia o desenredar pensamientos

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El remolino gira sobre sí mismo, retiene hojas y ramas, escarba y levanta el lodo. Su energía no sirve para avanzar solo sirve para dar vueltas sobre lo mismo, remover y enturbiar el agua. Muchas veces, atrapados en un torbellino no pensamos más que en una cosa y seguimos dándole vueltas a lo mismo.

Los remolinos se forman en los ríos cuando en el fondo hay algo que hace de sumidero. Algo en lo más hondo absorbe el agua y activa esa energía que se concentra inútilmente sobre sí misma.

Pero los remolinos no atrapan el agua de forma infinita. En un momento dado, se deshacen naturalmente cuando, dejando fluir al río, aquello que había en el fondo se desliza suavemente.

El agua fluye entonces, ……clara, cristalina.

“En derredor del sol gira la tierra,
haciéndose, al girar, sombra a sí misma,
y en redor de mis propios sentimientos,
hallando sombra y luz, mi mente gira.”
Concepción de Estevarena, Luchas

(Imagen: Detalle. Libro de Job, Incipit, f. 304. (Winchester, s XVI))

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Dust in the wind. Miércoles de ceniza

“Llora con cenizas sobre el pelo” como hacían griegos, egipcios y judíos en señal de duelo y en un día como hoy, nos recuerdan que no somos más que polvo. Entonces nos señalan en la frente con la ceniza de aquello que fue alegría, lo que ha quedado después de quemar las palmas y las ramas de olivo del muy lejano Domingo de Ramos.

Sin embargo, Jesús dijo ““Cuando oréis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vean los hombres. En verdad os digo que ya han recibido su recompensa. Tú, en cambio, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo recompensará.
Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas que desfiguran sus rostros para hacer ver a los hombres que ayunan. En verdad os digo que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara….” Mateo (6, 16-18)

Rezar y ayunar son solo para ti, para mirar más dentro sin las ataduras del cuerpo….

 

 

El frío del invierno

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Hay dos maneras de bajar al infierno: cuando la vida te envía una ola muy fuerte  o cuando bajas por ti mismo.

Del primer infierno se sale como del invierno: con flores. De la podredumbre de las hojas, del frío, la lluvia y la oscuridad, vuelve a brotar la vida, con más fuerza, más olor y más colores. Del segundo infierno es más difícil salir, porque es preciso descubrir primero por qué queríamos bajar y quemarnos por dentro. No es fácil indagar porque no quisimos afrontar el frío de nuestro invierno: las dificultades, las crisis, los abandonos y sobre todo, los miedos.

Pero lo que no sabíamos es que dentro del infierno, en lugar de fuego, descubriríamos hielo como en la Divina comedia de Dante. No hay calor, ni verdaderos sentimientos. No se puede llorar: no hay perdón posible. Quedan petrificadas las heridas, no se sienten los brazos, los pies, el cuerpo.

Solamente fría e imparable gobierna la mente …… y no necesita calor para funcionar.

Tomé la vida por un vaso

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En una novela de Haruki Murakami , un ama de casa, con una vida absolutamente monótona pero segura, de pronto pierde el sueño y deja de dormir durante diecisiete días. Se pasa las noches bebiendo coñac, comiendo chocolate y devorando, fascinada, las novelas de Tolstoi y Dostoievski.
¿Cómo vivir en una sociedad que sin cesar excita los sentidos con promesas de placer? La sociedad de consumo ofrece satisfacciones pero al mismo tiempo nos frustra porque está asociada a lo efímero. Sabemos que por mucho que bebamos de sus ofrendas nunca estaremos saciados. Nos llenan, nos embriagan, pero luego desaparecen. El sistema actual necesita de la insatisfacción y de la obsolescencia y por tanto que sigamos siempre deseando.
Sin embargo, el principio del placer, del que tanto escribió Freud, es también búsqueda de felicidad, y por tanto elemento esencial para movilizar la energía de vida. Nos gusta perdernos en una novela, escuchar una melodía o volar con un beso; nos llena de vida, de fuerza. Todas estas sensaciones nos ayudan a vivir,….pero no deberían ser las que nos llenen porque, como la rosa más bella, poco duran.

“Alguien trajo una rosa
hace ya algunos días, y con ella
trajo también algo de luz,
yo la puse en un vaso y poco a poco
se ha apagado la luz y se apagó la rosa.
(…)
Y he buscado en la sombra de esta tarde
esa luz de aquel día, y en el polvo
que es ahora la flor, su antiguo aroma,
y en la sombra y el polvo ya no estaba
la sombra de la mano que la trajo.
Y ahora veo que la dicha, y que la luz,
y todas esas cosas que quisiéramos
conservar en el vaso,
son igual que las rosas: han sabido los días
traerme algunas, pero
¿qué quedó de esas rosas en mi vida
o en el fondo del vaso?”
Vicente Gallego- Variación sobre una metáfora barroca. Los ojos del extraño

(Imagen: Li Livres dou Santé. Aldobrandino de Siena. siglo XIII. British Library. U.K.)

El reflejo del tigre

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Rubens no pintó a David como lo hicieron Miguel Angel o Caravaggio. Para éstos, David es un joven pequeño e indefenso frente a Goliat. Rubens también lo imaginó bello y fuerte, pero quiso que su mirada de odio fuera el centro de su cuadro. David es ira contenida. Sus ojos hieren antes de que su espada se abata sobre el cuerpo derrotado de Goliat. Bajo la mirada de David, el gigante no parece monstruo, ni siquiera un gigante. Parece tan solo un hombre mayor. David sacó su rabia y por eso su fuerza es desmedida.

La ira nos muestra todo aquello nuestro que no soportamos y que nos produce agresividad. Nos pone delante de nuestra sombra. Para conocerse a sí mismo no hay cómo mirarse a los demás y reflexionar….. porque sin los demás no somos enteramente nosotros mismos.

Lo malo es que, al calor del enfado, las neuronas no funcionan…. la ira nos ciega.

“Matamos lo que amamos. Lo demás
no ha estado vivo nunca.
Ninguno está tan cerca. A ningún otro hiere
un olvido, una ausencia, a veces menos.
Matamos lo que amamos. ¡Que cese esta asfixia
de respirar con un pulmón ajeno!
El aire no es bastante
para los dos. Y no basta la tierra
para los cuerpos juntos
y la ración de la esperanza es poca
y el dolor no se puede compartir.
El hombre es ánima de soledades,
ciervo con una flecha en el ijar
que huye y se desangra.
Ah, pero el odio, su fijeza insomne
de pupilas de vidrio; su actitud
que es a la vez reposo y amenaza.
El ciervo va a beber y en el agua aparece
el reflejo del tigre.
El ciervo bebe el agua y la imagen. Se vuelve
-antes que lo devoren- (cómplice, fascinado)
igual a su enemigo.
Damos la vida sólo a lo que odiamos.”

Rosario Castellanos, Destino

( Imagen: David y Goliath. Rubens, 1577-1640. The Norton Simon Foundation. EE.UU.)

Desde el principio

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Al nacer, el ser humano hace dos cosas casi simultáneamente: respira y llora.
Vivir es respirar. Entra el aire por nuestros pulmones y el cerebro se llena de oxígeno.

La primera inspiración nos hace llorar y al llorar, desplegamos aún más los pulmones, hasta ahora intactos.

Minutos más tarde, nos cortan el cordón de la dependencia. Ahora somos plenamente seres de este mundo, de esta tierra, únicos.

Sin embargo… también desde entonces llevamos para siempre, en el centro del cuerpo, una cicatriz.

“Concédenos, Señor, que conozcamos que todo nos ha sido concedido en el principio.
Que seamos felices con la felicidad que somos.
Que conozcamos con el conocimiento que somos.
Que amemos con la llama del amor que somos.”
Ibn Arabi

(Imagen: Book of Hours, MS M.84 fol. 120r)

El amor que no brinca o las parejas a la pata coja

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Para participar en una carrera de parejas a la pata coja es preciso:
1º. Tener una pareja,
2º. Poner un pie de cada uno junto al pie del otro y atarlos fuerte con un pañuelo,
3º. Sujetarse bien el uno al otro,
4º. Correr los dos al mismo ritmo.

Si uno tropieza, caen los dos; si uno va deprisa, el otro debe seguirle, si uno se para, el otro también…. De lejos parecen uno solo con tres pies. Pueden ir deprisa y ganar la carrera, ….. porque encajan como dos piezas de un puzzle: uno complementa a otro. Desde fuera parece la pareja perfecta. Pero dice Ibn Hazm que las cosas llevadas hasta el límite producen los efectos contrarios. Si apretamos mucho tiempo la nieve, quema. Podemos llorar de risa y temblar de alegría. De tan compenetrados, de tan fusionados, nos quemamos. Entonces, cuando la pareja se rompe, ninguno de los dos sabe ya caminar solo, llevan años a la pata coja, llevan años sujetándose el uno al otro.

(…)
“Morimos, lo sabemos, lo ignoran, nos morimos
entre los dos, ahora, separados,
del uno al otro, diariamente,
cayéndonos en múltiples estatuas,
en gestos que no vemos,
en nuestras manos que nos necesitan.”

Jaime Sabines, No es que muera de amor, muero de ti