El frío del invierno

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Hay dos maneras de bajar al infierno: cuando la vida te envía una ola muy fuerte  o cuando bajas por ti mismo.

Del primer infierno se sale como del invierno: con flores. De la podredumbre de las hojas, del frío, la lluvia y la oscuridad, vuelve a brotar la vida, con más fuerza, más olor y más colores. Del segundo infierno es más difícil salir, porque es preciso descubrir primero por qué queríamos bajar y quemarnos por dentro. No es fácil indagar porque no quisimos afrontar el frío de nuestro invierno: las dificultades, las crisis, los abandonos y sobre todo, los miedos.

Pero lo que no sabíamos es que dentro del infierno, en lugar de fuego, descubriríamos hielo como en la Divina comedia de Dante. No hay calor, ni verdaderos sentimientos. No se puede llorar: no hay perdón posible. Quedan petrificadas las heridas, no se sienten los brazos, los pies, el cuerpo.

Solamente fría e imparable gobierna la mente …… y no necesita calor para funcionar.

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Tomé la vida por un vaso

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En una novela de Haruki Murakami , un ama de casa, con una vida absolutamente monótona pero segura, de pronto pierde el sueño y deja de dormir durante diecisiete días. Se pasa las noches bebiendo coñac, comiendo chocolate y devorando, fascinada, las novelas de Tolstoi y Dostoievski.
¿Cómo vivir en una sociedad que sin cesar excita los sentidos con promesas de placer? La sociedad de consumo ofrece satisfacciones pero al mismo tiempo nos frustra porque está asociada a lo efímero. Sabemos que por mucho que bebamos de sus ofrendas nunca estaremos saciados. Nos llenan, nos embriagan, pero luego desaparecen. El sistema actual necesita de la insatisfacción y de la obsolescencia y por tanto que sigamos siempre deseando.
Sin embargo, el principio del placer, del que tanto escribió Freud, es también búsqueda de felicidad, y por tanto elemento esencial para movilizar la energía de vida. Nos gusta perdernos en una novela, escuchar una melodía o volar con un beso; nos llena de vida, de fuerza. Todas estas sensaciones nos ayudan a vivir,….pero no deberían ser las que nos llenen porque, como la rosa más bella, poco duran.

“Alguien trajo una rosa
hace ya algunos días, y con ella
trajo también algo de luz,
yo la puse en un vaso y poco a poco
se ha apagado la luz y se apagó la rosa.
(…)
Y he buscado en la sombra de esta tarde
esa luz de aquel día, y en el polvo
que es ahora la flor, su antiguo aroma,
y en la sombra y el polvo ya no estaba
la sombra de la mano que la trajo.
Y ahora veo que la dicha, y que la luz,
y todas esas cosas que quisiéramos
conservar en el vaso,
son igual que las rosas: han sabido los días
traerme algunas, pero
¿qué quedó de esas rosas en mi vida
o en el fondo del vaso?”
Vicente Gallego- Variación sobre una metáfora barroca. Los ojos del extraño

(Imagen: Li Livres dou Santé. Aldobrandino de Siena. siglo XIII. British Library. U.K.)

El reflejo del tigre

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Rubens no pintó a David como lo hicieron Miguel Angel o Caravaggio. Para éstos, David es un joven pequeño e indefenso frente a Goliat. Rubens también lo imaginó bello y fuerte, pero quiso que su mirada de odio fuera el centro de su cuadro. David es ira contenida. Sus ojos hieren antes de que su espada se abata sobre el cuerpo derrotado de Goliat. Bajo la mirada de David, el gigante no parece monstruo, ni siquiera un gigante. Parece tan solo un hombre mayor. David sacó su rabia y por eso su fuerza es desmedida.

La ira nos muestra todo aquello nuestro que no soportamos y que nos produce agresividad. Nos pone delante de nuestra sombra. Para conocerse a sí mismo no hay cómo mirarse a los demás y reflexionar….. porque sin los demás no somos enteramente nosotros mismos.

Lo malo es que, al calor del enfado, las neuronas no funcionan…. la ira nos ciega.

“Matamos lo que amamos. Lo demás
no ha estado vivo nunca.
Ninguno está tan cerca. A ningún otro hiere
un olvido, una ausencia, a veces menos.
Matamos lo que amamos. ¡Que cese esta asfixia
de respirar con un pulmón ajeno!
El aire no es bastante
para los dos. Y no basta la tierra
para los cuerpos juntos
y la ración de la esperanza es poca
y el dolor no se puede compartir.
El hombre es ánima de soledades,
ciervo con una flecha en el ijar
que huye y se desangra.
Ah, pero el odio, su fijeza insomne
de pupilas de vidrio; su actitud
que es a la vez reposo y amenaza.
El ciervo va a beber y en el agua aparece
el reflejo del tigre.
El ciervo bebe el agua y la imagen. Se vuelve
-antes que lo devoren- (cómplice, fascinado)
igual a su enemigo.
Damos la vida sólo a lo que odiamos.”

Rosario Castellanos, Destino

( Imagen: David y Goliath. Rubens, 1577-1640. The Norton Simon Foundation. EE.UU.)

Desde el principio

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Al nacer, el ser humano hace dos cosas casi simultáneamente: respira y llora.
Vivir es respirar. Entra el aire por nuestros pulmones y el cerebro se llena de oxígeno.

La primera inspiración nos hace llorar y al llorar, desplegamos aún más los pulmones, hasta ahora intactos.

Minutos más tarde, nos cortan el cordón de la dependencia. Ahora somos plenamente seres de este mundo, de esta tierra, únicos.

Sin embargo… también desde entonces llevamos para siempre, en el centro del cuerpo, una cicatriz.

“Concédenos, Señor, que conozcamos que todo nos ha sido concedido en el principio.
Que seamos felices con la felicidad que somos.
Que conozcamos con el conocimiento que somos.
Que amemos con la llama del amor que somos.”
Ibn Arabi

(Imagen: Book of Hours, MS M.84 fol. 120r)

El amor que no brinca o las parejas a la pata coja

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Para participar en una carrera de parejas a la pata coja es preciso:
1º. Tener una pareja,
2º. Poner un pie de cada uno junto al pie del otro y atarlos fuerte con un pañuelo,
3º. Sujetarse bien el uno al otro,
4º. Correr los dos al mismo ritmo.

Si uno tropieza, caen los dos; si uno va deprisa, el otro debe seguirle, si uno se para, el otro también…. De lejos parecen uno solo con tres pies. Pueden ir deprisa y ganar la carrera, ….. porque encajan como dos piezas de un puzzle: uno complementa a otro. Desde fuera parece la pareja perfecta. Pero dice Ibn Hazm que las cosas llevadas hasta el límite producen los efectos contrarios. Si apretamos mucho tiempo la nieve, quema. Podemos llorar de risa y temblar de alegría. De tan compenetrados, de tan fusionados, nos quemamos. Entonces, cuando la pareja se rompe, ninguno de los dos sabe ya caminar solo, llevan años a la pata coja, llevan años sujetándose el uno al otro.

(…)
“Morimos, lo sabemos, lo ignoran, nos morimos
entre los dos, ahora, separados,
del uno al otro, diariamente,
cayéndonos en múltiples estatuas,
en gestos que no vemos,
en nuestras manos que nos necesitan.”

Jaime Sabines, No es que muera de amor, muero de ti

La máquina de soñadas invenciones

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Don Quijote salió en busca de aventuras. Iba tras algo que parece inalcanzable: ser Otro. En su caso, quería ser un héroe de caballería. Quizás después de leer tanos libros que durante años le han entretenido y llenado su tiempo, sus conversaciones y su mente ahora se pregunta ¿y ahora, cuando ya casi tengo cincuenta años, qué he hecho en esta vida? Entonces decide convertirse en un andariego…

El hexagramas del I ching que corresponde al andariego representa un pasto sobre la montaña que se quema. El fuego no permanece quieto, siempre sigue su andanza en busca de nuevo alimento. La montaña se mantiene quieta, pero el fuego que la recorre no permanece. Nunca están juntos. Por eso dice el oráculo que la separación es la suerte del andariego. Está buscando llenar un vacío.

Para llenarlo podemos hacer dos cosas: construir un nuevo mundo, un mundo imaginado, o reducir nuestra realidad con rutinas y convenciones…. En ambos casos, como el incendio, necesitamos combustible para poder seguir avanzando. Meditar, comer sano y ejercitar nuestro cuerpo y nuestra mente, con disciplina aprendida de lecturas o prácticas que se ubican en las librerías en la sección “autoayuda”, religión o psicología, puede no ser espiritualidad sino una nueva realidad imaginada que nos hemos construido.

Creer que voy a la India a creer que entiendo
lo que creo que hay que creer
creer que entendí lo que hay que creer para saber y
creer que estoy en la India porque creo saber
lo que hay que creer
creer que sigo en la India para profundizar este saber
sin permitirme creer que me ilusiona
Ganges alguno
profesor templo vaca millón de muertos
Ganges alguno
creer que mi creer estar en la India tiene un sentido cósmico
irrepetible intraducible
creer que mi creer estar en la India será fundamental
para mi creer saber
y el de la India
creer que el seguir en India todo un año resolverá el dilema
de lo que es creerse un ser ansioso de saber
de paso creer que es mi deber elaborar manuscribir trasliterar
reelaborar y difundir
creer que ya es hora de creer que capté todo lo que había que
entender
creer que ya es hora de volver a la añorada patria a divulgar
tanto saber
creer salir de la India llegar a la añorada patria
ver ver no poder creer
no poder creer
no poder ser
creer que vuelvo a la India a ver si entiendo
lo que creo que hay que creer
Susana Thenon, NON STOP
(Imagen: Fludd 1617.)

Traspasar lo gris

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Al principio no había rutinas, solamente ermitaños. Pero un día, Benito de Nursia se refugió con algunos seguidores en Monte Cassino, en la comarca italiana de Campania y escribió la Regula Sancti Benedicti. Organizó la vida monástica y estableció un horario para que los monjes rezaran y trabajaran de manera equilibrada. Carlomagno mandó hacer una copia de la regla y ordenó que fuera obligatoria en todos los monasterios del Imperio.

Las rutinas dan seguridad, pero empobrecen el alma. La rutina diaria, que tanto criticamos, calma nuestras ansiedades profesionales, domesticas, familiares… Con la rutina no podemos sacar nuestros más escondidos talentos ni descubrir las pequeñas cosas que son distintas cada día: la forma de una nube reflejada en el edifico de oficinas, la brisa al bajar la ventanilla del coche, una sonrisa…

Rutinas, normas o procedimientos, ……….. no vaya a ser que alguien quiera subir una montaña y retirarse a meditar solo como hacía Jesús.

“Monstruo gris, gris profundo,
profundamente oculta sus amores, sus odios,
gris en su casa,
gris en su juego,
en su trabajo, gris,
hombre gris, de gris alma.
Yo quiero, necesito,
mirarle allá a la hondura de los ojos, conocerle,
arrancarle su careta de cemento,
buscarle por detrás de sus tristes rutinas.
(..)
Dime, Dios mío, que tu amor refulge
detrás de la ceniza.
Dame ojos que penetren tras lo gris
la verdad de las almas,
la hermosa desnudez de tu imagen:
el hombre.”
Dámaso Alonso, Ah, yo quiero vivir… (extracto)