El perfume del incienso

reyes magos

Los Reyes Magos trajeron tres regalos: oro, incienso y mirra.

El oro es la abundancia: que uno brille sin más luz que la de dentro.

La mirra es para cuidar el cuerpo al que esta vida nos une. La mirra limpia y protege del tiempo.

¿y el incienso?

humo, perfume,… que todas las civilizaciones han utilizado para elevar el espíritu y acompañar oraciones y celebraciones. El incienso es una extraña mezcla de resinas y maderas que sube por el aire y se mezcla con el viento: es el regalo de la sabiduría.

(Imagen: Detalle de la Adoración de los Reyes Magos. Códice de Roda, siglos X-XI, Real Academia de la Historia, Madrid)

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NOCHE DE DICIEMBRE

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Tefillah /ruego
Por los que, de tanto creer en la materia y las leyes de la ciencia, dejaron de maravillarse;
para que consigan bajar la guardia y se dejen sorprender por la magia.
Para que descubran que está siempre presente, en el arte, en el cuerpo, en el cielo…. En el fuego

Salmo
«Pa’ Llegar A Tu Lado» . Enrique Bundury.
Autor: Lhasa de Sela.
Albúm Licenciado Cantinas. OCESA ,2011

Himno
¿Cómo podremos comprender la gran excelencia de los ángeles, nosotros que ni siquiera somos capaces de conocer la naturaleza de nuestra alma? Para nosotros en esta cuestión todo es misterio. ¿Qué es esa alma que puede animar una carne mortal, pero que es impotente para limitarse solamente a los pensamientos santos, esa alma que es a la vez tan fuerte y tan débil, tan grande y tan pequeña; esa alma que penetra en las verdades más ocultas, contempla las cosas celestes e inventa innumerables artes, tan maravillosas como útiles para la vida? ¿Qué es, pues, esa alma cuyo conocimiento se extiende a tantas cosas, y que, sin embargo, no sabe cómo ha sido hecha ella misma? (..)
Que mi alma se aparte de estas cosas, trascienda todo lo creado, corra y se eleve, vuele y atraviese el espacio (…) Que el espíritu se aleje de todo lo visible por los ojos, y de todo lo representable por la imaginación, y se eleve puro y simple, y en rápido vuelo, hasta el Creador de los ángeles, de las almas y de todo el universo. (..)
Esta luz que alumbra la tierra, y que está cerrada en el espacio, esta luz que termina con el tiempo y que la noche cubre de tinieblas, esta luz que es común a los hombres, a las bestias y a los más humildes gusanos, ¿qué es más que una verdadera noche en comparación con la luz suprema de Dios?
(San Agustín (Tagaste – Souk Ahras (Argelia), 354 –430) Soliloquios)

La luz del presente

fludd

Dice Thomas Merton que en épocas de cambios y de incertidumbre se pierde el contacto con el presente. Ante un mundo incierto, “No se necesita saber exactamente qué pasa, ni adónde va todo. Lo que se necesita es reconocer las posibilidades y desafíos que ofrece el momento presente, y abrazarlos con valentía. ” Para vivir el presente hay que dejarse llevar, sin que el pasado nos arrastre. No es el más inteligente ni el más fuerte el que sobrevive, sino el que mejor se adapta a los ritmos de la corriente.

No sé odiar, ni amar tampoco.
Y en mi vida inconsecuente,
amo, a veces, como un loco
u odio de un modo insolente.
Pero siempre dura poco
Lo que quiero y lo que no…
¡Qué sé yo!
Ni me importa…
Alegre es la vida y corta,
Pasajera.
Y es absurdo,
Y es antipático y zurdo
complicarla
con un ansia de verdad
duradera
y expectante.
¿Luego?… ¡Ya!
La verdad será cualquiera.
Lo precioso es el instante
que se va.
Manuel Machado. La canción del presente

(Imagen: Robert Fludd. Utriusque Cosmi. Tomo I. 1617. Oppenheim. Getty Research Institute)

No irse por las ramas

arbol de la ciencia_Ramon_Llull,_1505

En 1633, Galileo fue condenado por defender que la tierra y los planetas giraban alrededor del sol. Descartes acababa de terminar de escribir su “Tratado del mundo y de la luz” donde apoyaba las tesis de Galileo y decidió no publicarlo. Tenía miedo:” ¿cómo avanzar en el conocimiento y no ser perseguido?”. Escribió entonces unas meditaciones filosóficas para fijar un método ordenado de pensamiento que diera solidez a sus razonamientos.

Empieza el libro diciendo que, para avanzar en el conocimiento, es preciso desprenderse de todas las ideas recibidas y reconstruir, de nuevo y desde los cimientos, todo el pensamiento.

Y es que hay veces que lo que necesitamos, es empezar de cero……

Lo que está en reposo es fácil de retener. Lo que no ha sucedido es fácil de resolver. Lo que es frágil es fácil de romper. Lo que es menudo es fácil de dispersar. Prevenir antes de que suceda,
y ordenar antes de la confusión. El árbol que casi no puede rodearse con los brazos, brotó de un germen minúsculo. La torre de nueve pisos, comenzó por un montón de tierra. El viaje de mil kilómetros, empezó con un paso.
Lao Tse, Tao Te King

(Imagen: Ramon Llul. El árbol de la ciencia (Roma, 1296). Edición 1505. Houghton Library, Harvard University )

Solo quedo yo

plañideras

Ese día de noviembre hay mucho ruido en el cementerio. Pasamos entre las sepulturas mirando fotos, inscripciones y lápidas. Limpiamos y barremos días y meses de olvido. Les recordamos. Rezamos.
La muerte golpea al que queda. Es una sensación extraña, honda y fuerte. Se fue para no volver nunca y nos dejó pasado, es decir recuerdos. Nunca volverá a ser presente ni alimentará un nuevo pasado. Pero al que se fue lo recordamos siempre. Al mirar una foto, al pasar por algún sitio, al escuchar una palabra, …. aparece de pronto. Al que se fue lo llevamos dentro. ¡qué triste si solo estuviera en el cementerio, ese lugar tan frío, y no cerca de nosotros!
Sin embargo, cada noviembre, vamos al cementerio con flores. No son para los muertos: son para los que quedamos. Las flores son frágiles, bellas y perecederas como la vida. Las dejamos sobre la tumba todos los años, y cada año vuelven a marchitarse.
En un mundo en el que escondemos a los enfermos y ocultamos la muerte, en el que compramos flores de plástico ¿no servirá esta tarde de otoño para pensar que todos, poco a poco, nos marchitamos?

Es cierto que una vez, allá, en la infancia,
oí el silencio como un grito de arena.
Se callaron las almas, los ríos y mis sienes,
se me calló la sangre, como si de improviso,
sin entender por qué, me hubiesen apagado.
Y el mundo ya no estaba, sólo quedaba yo:
un asombro tan triste como la triste muerte,
una extrañeza rara, húmeda, pegajosa. Pero no volvió nunca.
Sólo quedan sus cuadros,
sus paisajes, sus barcas,
la luz mediterránea que había en sus pinceles
y una niña que espera en un muelle lejano
y una mujer que sabe que los muertos no mueren.
Francisca Aguirre

(Imagen: Plañideras. Pinturas de San Andrés de Mahamud (Burgos). 1295-1318. Museo Nacional de Arte de Cataluña. Barcelona.)

La savia universal o por qué aprender a abrazar árboles

durero pino

Ero de Armenteira salió a pasear una mañana por los bosques cerca del monasterio donde vivía. Quedó tan fascinado con el canto de un pajarillo que permaneció escuchándolo más de doscientos años. Al volver al convento nadie le recordaba, tan solo las leyendas contaban que un día, un monje, distraído, había desaparecido en el bosque.

Cuando le preguntaron en una entrevista a uno de los monjes carmelitas del Desierto de las Batuecas qué es lo que más le gustaba hacer en ese lugar tan solitario e inhóspito contestó: “abrazar árboles”. Explicaba emocionado que, en esos instantes, pegado al tronco, podía sentir la savia que fluye por dentro, cuando parece todo muerto y las hojas caídas tapizan el suelo.

« Être dans la nature ainsi qu’un arbre humain,
Étendre ses désirs comme un profond feuillage,
Et sentir, par la nuit paisible et par l’orage,
La sève universelle affluer dans ses mains ! »
Anna de Noailles, La vie profonde

(Imagen: Pino. Alberto Durero, 1514. Acuarela. British Museum)