Las últimas flores del año

plañideras

Cada año, en noviembre, vamos al cementerio con las últimas flores del año. Las flores son frágiles y bellas ……. también perecederas, como la vida.

La muerte golpea al que queda. Es una sensación extraña, honda y fuerte. Se fue para no volver nunca y se quedó para siempre en nuestro pasado.   Al que se fue lo llevamos dentro.  En ocasiones, al mirar una foto, al pasar por algún sitio, al escuchar una palabra, …. aparece de pronto. ¡qué triste sería si solo estuviera en el cementerio, ese lugar tan frío, y no dentro de nosotros!

Sin embargo, este año hemos decidido comprar flores de plástico: ¿no será porque no queremos pensar que  todos, poco a poco, también nos marchitamos?

Es cierto que una vez, allá, en la infancia,
oí el silencio como un grito de arena.
Se callaron las almas, los ríos y mis sienes,
se me calló la sangre, como si de improviso,
sin entender por qué, me hubiesen apagado.
Y el mundo ya no estaba, sólo quedaba yo:
un asombro tan triste como la triste muerte,
una extrañeza rara, húmeda, pegajosa. Pero no volvió nunca.
Sólo quedan sus cuadros,
sus paisajes, sus barcas,
la luz mediterránea que había en sus pinceles
y una niña que espera en un muelle lejano
y una mujer que sabe que los muertos no mueren.
Francisca Aguirre

(Imagen: Plañideras. Pinturas de San Andrés de Mahamud (Burgos). 1295-1318. Museo Nacional de Arte de Cataluña. Barcelona.)

Alargar la palabra final

Codice-docile-perfetto-298x300

San Juan de la Cruz nos dice que para escuchar el silencio hay que “cerrar los sentidos con uso e inclinación de soledad y olvido de toda criatura y de todos los acaecimientos, aunque se hunda el mundo”. Nada entra, solo el aire silencioso del universo.
Solo sentimos el aire que entra en los pulmones y, si colocamos la mano en nuestro pecho, el latido del corazón.

En algunas religiones, para llegar al silencio interior se repiten sonidos. Se cantan mantras o letanías para concentrar todo sonido en una nota. Después con la última vibración y los labios cerrados disfrutaremos de la música callada, de la soledad sonora.

Nadie nos enseñó a buscar el sonido de dentro. Quizás en los conventos, en mitad de la noche alguien algún día vibró cantando repetidamente una misma y lenta letanía, o al alargar la palabra final de un rezo,….“Amen” convirtiéndose en su murmullo en el sonido om.

“…la causa final de la generación del hombre es la aproximación de su alma al mundo más elevado para que cada cual retorne a lo que le es semejante.” (..)(Salomón Ibn Gabirol (Málaga, 1021-1058) Fons Vitae)

“El canto quiere ser luz.
En lo oscuro el canto tiene
hilos de fósforo y luna.
La luz no sabe qué quiere.
En sus límites de ópalo,
se encuentra ella misma,
y vuelve.”
Federico García Lorca. Canciones

(Imagen: Códice Docile. Massimo Pisani)

Aquellas “manos muertas”

Hildegard_of_Bingen_ww1

Hasta que llegó la revolución francesa el mundo exterior se introducía en los conventos. Las monjas leían, escribían y recibían visitas de amigos y familiares. Pero con la revolución burguesa las órdenes contemplativas, las que se dedicaban a estudiar y rezar, empezaron a ser vistas como congregaciones inútiles, de “manos muertas”.

Las órdenes hospitalarias sin embargo tuvieron un nuevo impulso. Las monjas abrieron hospicios, hospitales y colegios para niñas. Pasaron a llamarse madres y dejaron de ser simplemente mujeres. La abadesa, dejó de ser una más y se convirtió en la Madre Superiora porque ya no se encargaron de la organización del convento. Los arzobispados, formados por hombres, pasaron a fiscalizar su funcionamiento aduciendo razones jurídicas y económicas.

“Nada te turbe;
nada te espante;
Todo se pasa;
Dios no se muda;
la paciencia
todo lo alcanza.
Quien a Dios tiene,
nada le falta.
Sólo Dios basta.”
Teresa de Jesús. Oración

(Imagen: Hildegarda de Bingen, Riesencodex, Biblioteca de la Hochschule de Rhein-Main)

Vivir con culpa: el viaje de Caín

camara-019

Caín camina sin rumbo y con una culpa grande. Quiso ser el favorito, el preferido, el más querido y ahora tiene miedo de ser el más odiado. Odio y amor van siempre juntos. El odio es un arma de doble filo, porque herimos al otro y nos herimos a nosotros mismos. Cuanto más grave es la herida que le inflingimos, más huella deja en nosotros, más se hunde en nuestra mente, más incontrolable se vuelve.

Ahora Caín vive en la culpa. Todos sus esfuerzos serán vanos porque nada de lo que intente le va a salir bien; la Tierra le maldice. Ha matado a su hermano, que es como matarse a sí mismo.

“Caín contestó al Señor: «Mi culpa es demasiado grande para soportarla. Puesto que me expulsas hoy de este suelo, tendré que ocultarme de ti, andar errante y perdido por la tierra, y cualquiera que me encuentre me matará».
El Señor le dijo: «El que mate a Caín lo pagará siete veces». Y el Señor puso una señal a Caín para que, si alguien lo encontraba, no lo matase.”

Libro del Génesis (4,1-15.25)

“el hombre mata lo que ama… El valiente con una daga, el cobarde con un beso”
Oscar Wilde, La balada de la cárcel de Reading.

 

Mil llamas

amantes

Quizás es que no sabemos bien qué queremos con ello. ¿El placer por el placer? ¿Pasar un buen rato?… Lo que pongamos en la sexualidad será lo que obtengamos de ella: por ello, entonces, puede dejarnos insatisfechos, tristes, sucios, culpabilizados, incompletos …

La sexualidad es energía de vida. No es un pensamiento. Es una fuerza que une a dos seres y permite crear nueva vida. Cuando hacemos el amor estamos abiertos, estamos desnudos. No somos dos sino uno solo donde se unen energías masculinas y femeninas.

Después de la danza, allá arriba, todo es quietud. Hemos llegado al centro de nosotros, al ojo de la tormenta, más allá del pensamiento, allí donde hay calma. Es luz concentrada, es profunda existencia. Entonces todo es brillante, energía condensada, fuerte y poderosa.

Sabemos.

“Es igual que reír dentro de una campana:
sin el aire, ni oírte, ni saber a qué hueles.
Con gesto vas gastando la noche de tu cuerpo
y yo te transparento: soy tú para la vida.
No se acaban tus ojos; son los otros los ciegos.
No te juntan a mí, nadie sabe que es tuya
esta mortal ausencia que se duerme en mi boca,
cuando clama la voz en desiertos de llanto.
Brotan tiernos laureles en las frentes ajenas,
y el amor se consuela prodigando su alma.
Todo es luz y desmayo donde nacen los hijos,
y la tierra es de flor y en la flor hay un cielo.
Solamente tú y yo (una mujer al fondo
de ese cristal sin brillo que es campana caliente),
vamos considerando que la vida…, la vida
puede ser el amor, cuando el amor embriaga;
es sin duda sufrir, cuando se está dichosa;
es, segura, la luz, porque tenemos ojos.
Pero ¿reír, cantar, estremecernos libres
de desear y ser mucho más que la vida…?
No. Ya lo sé. Todo es algo que supe
y por ello, por ti, permanezco en el Mundo.”
Carmen Conde Abellán. Amante

(Imagen: Theatrum sanitatis. (detalle) Italia, 1400. Biblioteca Casanatense de Roma)

Decían que eran brujas

Susana_y_los_viejos,_por_Tintoretto

En 1660, Barbara Buvée, madre superiora del convento de ursulinas de Auxonne fue acusada de brujería. Ocho monjas pretendían haber sido desfloradas por los espíritus. Los médicos llamados a declarar en el parlamento de Borgoña descubrieron en casi todas las monjas los síntomas de una enfermedad conocida como “furor uterino”: un ansia irrefrenable de goce sexual y una incapacidad para pensar o hablar de algo que no tuviera relación con el sexo. En el proceso, el doctor Bachet redactó un informe oficial, en el que decía lo siguiente: “las religiosas no han dado ninguna muestra convincente o legitima de verdadera posesión demoníaca en ninguno de sus actos, pues ni comprendían lenguas extranjeras, ni conocían secretos ocultos, ni sus cuerpos levitaban en el aire, ni se movían de un lugar a otro, ni realizaban contorsiones extraordinarias ni fuera de lo normal”.

Considerada culpable, Barbara Buvée fue trasladada a otro convento. Al final, se descubrió que uno de los dos confesores del convento, el padre Nouvelet, abusaba sexualmente de las ocho monjas.

“Usted nunca ha parido
no conoce
el filo de los machetes
no ha sentido
las culebras de río
nunca ha bailado
en un charco de sangre querida
doctor
no meta la mano tan adentro
que ahí tengo los machetes
que tengo una niña dormida
y usted nunca ha pasado
una noche en la culebra
usted no conoce el río.”
María Auxiliadora Álvarez.

(Imagen: Susana y los viejos. Tintoretto. Museo del Prado)

Los huesos del hombre triste se tornan áridos

mecancolia.png

Evagrio el Monje decía que el demonio de la tristeza era el más destructivo de todos: “todos los demonios enseñan al alma el amor por el placer y el recuerdo de los sentidos: sólo el demonio de la tristeza se abstiene de ello. Por el contrario, destruye todos los pensamientos insinuados por los otros demonios, impidiendo al alma sentir cualquier placer, insensibilizándola ”…..

El “humor de melancolía” era, en la medicina medieval, mezcla de bilis negra y otros infundios. El mal que te hace ver todo negro y además paraliza.

La tristeza deja la razón oscurecida.

“A veces viene
desde la tierra misma la tristeza,
viene desde el amor,
desde la ausencia del amor,
desde la piedra o el vegetal al hombre.
A veces está ahí oscura o despedida
por un pecho inocente.
A veces viene la tristeza de un lugar o del aire,
de la amistad caída o de un nombre vacío.
del sueño o de la infancia,
de una palabra que no pronunciamos,
de lo que creímos y ya no creemos,
de la esperanza y la desesperanza,
de la dura corteza del amor.
A veces viene la tristeza.
A veces hay en la tristeza odio,
ausencia y odio,
ceniza y rostros olvidados,
viejas fotografías y silencio
y una larga desposesión.
A veces viene, irrumpe
como un don invertido,
como un don que se da y no se recibe,
como lo nunca dado a la esperanza
o lo que, en fin, se acepta y da, pero no puede vivir.
A veces viene. Viene o está.
A veces hay en la tristeza odio
y arrepentimiento y amor.”

Jose Angel Valente. A veces viene la tristeza

(Imagen: Alberto Durero. Melancolia (detalle). 1514. Galeria Nacional de Arte de Karlsruche. Alemania)