Con un nudo en la garganta

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Hubo un tiempo, en el que los héroes y guerreros vertían con frecuencia abundantes lágrimas. Lloraban sin reparo alguno y se lamentaban a grandes gritos después de las batallas. También en la Edad Media se imploraba el “don de lágrimas” en los conventos .

Se decía que eran una de las más puras afecciones del alma. San Pedro Damián exhortaba a los monjes a “buscar el refugio del espíritu con todas sus fuerzas, y aspirar a las lágrimas, … pedid por que se os concedan lágrimas….”.

Pero perdimos la capacidad de llorar y nos quedamos mudos durante siglos, luchando por retener la emoción, …..  simplemente, con un nudo en la garganta.

“Tú no las puedes ver;
yo, sí.
Claras, redondas, tibias.
Despacio
se van a su destino;
despacio, por marcharse
más tarde de tu carne.
Se van a nada; son
eso no más, su curso.
y una huella, a lo largo,
que se borra en seguida.
¿Astros?

no las puedes besar.
Las beso yo por ti.
Saben; tienen sabor
a los zumos del mundo.
¡Qué gusto negro y denso
a tierra, a sol, a mar!
Se quedan un momento
en el beso, indecisas
entre tu carne fría
y mis labios; por fin
las arranco. Y no sé
si es que eran para mí.
Porque yo no sé nada.
¿Son estrellas, son signos,
son condenas o auroras?
Ni en mirar ni en besar
aprendí lo que eran.
Lo que quieren se queda
allá atrás, todo incógnito.
Y su nombre también.
(Si las llamara lágrimas,
nadie me entendería.)”
Pedro Salinas

(Imagen : Pablo Picasso, La femme qui pleure, 1937, Riehen/Basel, Fondation Beyeler, Alemania)

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Ni sabe partir, ni llegar osa

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No existe una pareja si no hay dos. La identidad de cada miembro, aparte de la suya propia, está definida en función del otro. Somos un uno formado con otro. Por eso con frecuencia, y sobre todo al iniciar una relación, tenemos miedo a acercarnos demasiado y quemarnos.

Pero, como una mariposa de noche con una lámpara, tampoco podemos alejarnos y nos cuesta mucho salir de una relación que sabemos que ha terminado. Seguimos dando vueltas, sin separarnos, porque en el fondo creemos que la luz viene del otro.

En la pareja volvemos a vivir la tensión primera, la que nos acompaña desde el nacimiento: soy un ser independiente y a la vez no puedo vivir sin otros. El hilo es fino. A veces, se rompe de tanto estirarlo o de tensarlo solo de un lado. Otras, ni siquiera somos conscientes de tenerlo delante, ni nosotros, ni tampoco padres, hijos, parejas,… aquellos a los que amamos.

“Como la simplecilla mariposa
a torno de la luz de una candela
de pura enamorada se desvela,
ni se sabe partir, ni llegar osa;
vase, vuelve, anda, torna y no reposa,
y de amor y temor junto arde y hiela,
tanto que al fin las alas con que vuela
se abrasan con la vida trabajosa.
Así, mísero yo, de enamorado,
a torno de la luz de vuestros ojos
vengo, voy, torno y vuelvo y no me alejo;
mas es tan diferente mi cuidado
que en medio del dolor de mis enojos
ni me acaba el ardor, ni de arder dejo”.
Gutiérrez de Cetina

(Imagen: Auguste Rodin. El Beso. 1898. Museo Rodin. Paris.)

Cuaresma: sin oscuridad no hay crecimiento

otra cuaresmaEn silencio, con frío, poca luz y putrefacción, así trabaja el oscuro y largo invierno….. Así se prepara el sustrato que dará vida a los colores: en la fermentación que luego se convierte en levadura o en medicina para curarnos, en la hojarasca y los desechos que se descomponen bajo la nieve, en los excrementos acumulados en el establo…

Hay veces que el mundo parece feo, lleno de podredumbre, irritante e histérico. Todo mancha, todo hiere. No podemos escapar de lo sucio porque está aquí, es nuestro, somos nosotros mismos quienes lo producimos.

A veces las cosas salen mal, a veces perdemos algo para siempre. Pero sin adversidad, no podríamos conocer el verdadero significado de nuestros logros, ni aprender más de nosotros mismos. Sin descubrir nuestros defectos nunca aprenderíamos a perdonar los de los otros.

Al final del invierno llega la cuaresma. Aún con días más despejados y largos, la tierra no ha dado aún ningún fruto. Pero como el abono para las plantas, nuestras “manchas” alimentan nuestra energía. Hay hambre. Es la espera.

Quiero llenarme de los frutos del invierno.
Aprender a cultivar flores en lo que huele, repele y mancha.

(Imagen; Joan Amades. Representaciones de la cuaresma. Costumari Catalá. 1952. Ed. Salvat. Barcelona)

Agua turbia o desenredar pensamientos

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El remolino gira sobre sí mismo, retiene hojas y ramas, escarba y levanta el lodo. Su energía no sirve para avanzar solo sirve para dar vueltas sobre lo mismo, remover y enturbiar el agua. Muchas veces, atrapados en un torbellino no pensamos más que en una cosa y seguimos dándole vueltas a lo mismo.

Los remolinos se forman en los ríos cuando en el fondo hay algo que hace de sumidero. Algo en lo más hondo absorbe el agua y activa esa energía que se concentra inútilmente sobre sí misma.

Pero los remolinos no atrapan el agua de forma infinita. En un momento dado, se deshacen naturalmente cuando, dejando fluir al río, aquello que había en el fondo se desliza suavemente.

El agua fluye entonces, ……clara, cristalina.

“En derredor del sol gira la tierra,
haciéndose, al girar, sombra a sí misma,
y en redor de mis propios sentimientos,
hallando sombra y luz, mi mente gira.”
Concepción de Estevarena, Luchas

(Imagen: Detalle. Libro de Job, Incipit, f. 304. (Winchester, s XVI))

La máscara que me oculta

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“Me conocieron en seguida como quien no era” dice Pessoa. Muchas veces no nos damos cuenta de que vamos disfrazados, (de simpático, de serio y responsable, de distraído, …). Nos hemos fundido con nuestro disfraz.

Daniel Pennac explica esta situación muy bien cuando habla del último de la clase en el Instituto. A fuerza de decirse a sí mismo “soy un negado para estudiar, no sé nada ni podré aprender nunca” termina por enorgullecerse de ello y se cierra a toda posibilidad de descubrir algo que le pudiera interesar, algo que despierte su curiosidad.

La máscara, aunque la construimos para nuestra integración en el grupo, en la familia o los con otros en general, lo que hace en realidad es distanciarnos. Impide el intercambio de verdad: quien no es uno mismo no puede relacionarse con los otros. Al vivir en función de la mirada del otro, no es posible que nos amen, porque aman a quien ven, es decir, solo a una parte de nosotros.

He hecho de mí lo que no sabía,
Y lo que podía hacer de mí no lo he hecho.
El disfraz que me puse estaba equivocado.
Me conocieron enseguida como quien no era y no lo desmentí, y me perdí.
Cuando quise quitarme la máscara,
La tenía pegada a la cara.
Cuando me la quité y me miré en el espejo,
Ya había envejecido.
Alvaro de Campos (Fernando Pessoa) Tabaquería (extracto)

(Imagen: Casco corintio. Siglo VI A.C.)

En modo masa

View of Olympic Stadium and Spectators

En un instituto de Palo Alto, California, un carismático profesor puso en marcha un experimento para explicar el nazismo a sus alumnos y cómo los ciudadanos alemanes permitieron que el partido nazi exterminara a millones de judíos y otros llamados “indeseables”. Durante cinco días intentó recrear el ambiente que habían vivido jóvenes como ellos en la Alemania de principios de los años treinta. No les soltó ningún discurso pero les explicó que la clase iría mejor si funcionaban como grupo: la fuerza les vendría de la disciplina y la unión. Utilizó acción y símbolos: prácticas, ejercicios y saludos.

El movimiento, que denominó “la tercera ola” fue generando un poderoso sentimiento de pertenencia. El grupo se fue cerrando y haciéndose más agresivo; creció el rechazo y el enfrentamiento con los que se quedaban fuera y no querían participar.
Mientras, el profesor iba experimentando, él también, una creciente y gratificante sensación del poder.

“(..) En esa cerradura de los miedos
de pronto hay una llave que no entra.
Me convenzo, me afirmo con vosotros.
Pero duele también la mala suerte
de nunca estar ahí,
de no llegar a tiempo para verlo.
Resisto como un niño sin familia
esperando en la casa del extraño
que me dejen volar una cometa.”
Luis García Montero. La Cometa. A puerta Cerrada

Beber veneno o cuándo son bellas las ilusiones

alquimia-sol-luna-pareja1Hay amores llenos de venenos de colores. Sabemos que el arco iris es solo una ilusión de la mente, fruto del juego de la luz y el agua. Sabemos que los colores que vemos no son reales. La luz es solo una pero la descomponemos, dispersándola en rojo, anaranjado, amarillo, verde, azul, añil y violeta. Nunca llegaremos a saber sobre qué y donde se asienta el arco, desde qué punto es lanzado. Pero, ¿cómo cerrar los ojos para no mirarlo?

Los sabios nos recuerdan que los deseos nos encadenan, que hay que elevarse y mirar más alto. Nos dicen que la felicidad está en el interior y que no se debe depender de los otros. Nos dicen que lo que sentimos es apego y no amor, que el amor es otra cosa. Nos advierten contra el amor romántico, contra la pasión y ese deseo terrible de que te estrechen otros brazos. Son ilusiones, nos recuerdan, sucedáneos, de algo más puro, más pleno, como la luz blanca del sol en el cielo. Pero, ¡Es tan difícil ser humano! ¿Cómo quedarnos insensibles cuando nos enamoramos?

Al igual que el arco iris, mi amor es bello, de mil colores.
Pero sé que si cambiara la luz, el agua o
llegara un gran viento, desaparecería.
Solo quedará, cada vez más lejos,
un dulce sabor a veneno.

“Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso:
No hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso:
Huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor suave
olvidar el provecho, amar el daño:
Creer que el cielo en un infierno cabe;
dar la vida y el alma a un desengaño,
¡esto es amor! quien lo probó lo sabe.”
Lope de Vega