Alargar la palabra final

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San Juan de la Cruz nos dice que para escuchar el silencio hay que “cerrar los sentidos con uso e inclinación de soledad y olvido de toda criatura y de todos los acaecimientos, aunque se hunda el mundo”. Nada entra, solo el aire silencioso del universo.
Solo sentimos el aire que entra en los pulmones y, si colocamos la mano en nuestro pecho, el latido del corazón.

En algunas religiones, para llegar al silencio interior se repiten sonidos. Se cantan mantras o letanías para concentrar todo sonido en una nota. Después con la última vibración y los labios cerrados disfrutaremos de la música callada, de la soledad sonora.

Nadie nos enseñó a buscar el sonido de dentro. Quizás en los conventos, en mitad de la noche alguien algún día vibró cantando repetidamente una misma y lenta letanía, o al alargar la palabra final de un rezo,….“Amen” convirtiéndose en su murmullo en el sonido om.

“…la causa final de la generación del hombre es la aproximación de su alma al mundo más elevado para que cada cual retorne a lo que le es semejante.” (..)(Salomón Ibn Gabirol (Málaga, 1021-1058) Fons Vitae)

“El canto quiere ser luz.
En lo oscuro el canto tiene
hilos de fósforo y luna.
La luz no sabe qué quiere.
En sus límites de ópalo,
se encuentra ella misma,
y vuelve.”
Federico García Lorca. Canciones

(Imagen: Códice Docile. Massimo Pisani)

Lo que esconden las nanas

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Las nanas son las primeras canciones del mundo anónimo de las mujeres. Para que el niño duerma lo acunamos en los brazos y cantamos suavemente. El ritmo es el del corazón y la voz susurra para envolver al niño de sueños tranquilos. Sin embargo hay veces que las nanas tienen letras terribles. Son las dudas y reflexiones de las madres. Son las primeras amenazas: todo lo que puede ocurrir si no te abandonas al sueño, si no dejas que las cosas sean.

«Nana, niño, nana
del caballo grande
que no quiso el agua.
El agua era negra
dentro de las ramas.
Cuando llega el puente
se detiene y canta.
¿Quién dirá, mi niño,
lo que tiene el agua
con su larga cola
por su verde sala?
Duérmete, clavel,
que el caballo no quiere beber.
Duérmete, rosal,
que el caballo se pone a llorar.
Las patas heridas,
las crines heladas,
dentro de los ojos
un puñal de plata.
Bajaban al río.
¡Ay, cómo bajaban!
La sangre corría
más fuerte que el agua.
Duérmete, clavel,
que el caballo no quiere beber.»
Federico García Lorca. Nana del caballo grande

(Imagen : Codex Chantilly. Rondó « Belle, Bonne, Sage ». 1340-1400. Musée Condé Chantilly. Francia)

Un coro, siempre en directo

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Un coro es una voz única formada por voces y tonos distintos, ritmos y colores. La voz de un coro es variedad y potencia. Su fuerza reside en la unión de las voces, en las respiraciones acompasadas, en sentir internamente un mismo y compartido compás. Es encontrarse latiendo todos juntos desde el corazón de la armonía.

La música nos acompaña toda la vida. Al final, cuando ya no podamos escuchar, sabemos que quienes nos quieren nos despedirán con ella, todos juntos.

«Purifica mi pena,
Lluvia que lloras,
Nubes arrastradas
Sobre países donde
se ignora
De qué corazón corren las lágrimas del mundo.
Purificad
Mi pena, rayos radiantes
De la luz del sol que se aleja para siempre
De aquí y ahora, donde yazgo.
Purifica
La pena del corazón en el polvo, en la tumba
Y el surco donde se siembra el trigo
Fin y principio.
Purificadora yo clamo
Con el soplo de los vivos,
Tan alto como la desesperación, o bajo
Como un suspiro, voz
Del aire, de los vientos
Que para siempre suena
En la euritmia de los astros.»

Kathleen Jessie Raine

(Imagen. Libro de coro. Canto gregoriano. 1670. Piezas del propio de la misa para el ordinario del tiempo después de Pentecostés. Biblioteca Nacional de España)

Soul, trémula emoción

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Cuando el canto hace brotar una emoción muy profunda utilizamos palabras del mundo mágico: duende, alma (soul)…

El sonido es una puerta al llamado éxtasis que surge cuando llega el silencio. No es un abandono de la realidad, sino un internarse y adentrarse en ella, gustando de la realidad más recóndita de las cosas.

Cuando la última nota se ha ido queda una «ignorancia infinita» y a la vez la pureza absoluta del entendimiento, que se convierte en luz.

“¡Ay, Harlem! ¡Ay, Harlem! ¡Ay, Harlem!
¡No hay angustia comparable a tus ojos oprimidos,
a tu sangre estremecida dentro del eclipse oscuro,
a tu violencia granate sordomuda en la penumbra,
a tu gran rey prisionero con un traje de conserje!”
Federico García Lorca. Poeta en Nueva York

(Imagen: Muse with Violin Screen (detail), 1930. Paul Fehér. Museum of Cleveland, 1904),

NOCHE DE DICIEMBRE

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Tefillah /ruego
Por los que, de tanto creer en la materia y las leyes de la ciencia, dejaron de maravillarse;
para que consigan bajar la guardia y se dejen sorprender por la magia.
Para que descubran que está siempre presente, en el arte, en el cuerpo, en el cielo…. En el fuego

Salmo
«Pa’ Llegar A Tu Lado» . Enrique Bundury.
Autor: Lhasa de Sela.
Albúm Licenciado Cantinas. OCESA ,2011

Himno
¿Cómo podremos comprender la gran excelencia de los ángeles, nosotros que ni siquiera somos capaces de conocer la naturaleza de nuestra alma? Para nosotros en esta cuestión todo es misterio. ¿Qué es esa alma que puede animar una carne mortal, pero que es impotente para limitarse solamente a los pensamientos santos, esa alma que es a la vez tan fuerte y tan débil, tan grande y tan pequeña; esa alma que penetra en las verdades más ocultas, contempla las cosas celestes e inventa innumerables artes, tan maravillosas como útiles para la vida? ¿Qué es, pues, esa alma cuyo conocimiento se extiende a tantas cosas, y que, sin embargo, no sabe cómo ha sido hecha ella misma? (..)
Que mi alma se aparte de estas cosas, trascienda todo lo creado, corra y se eleve, vuele y atraviese el espacio (…) Que el espíritu se aleje de todo lo visible por los ojos, y de todo lo representable por la imaginación, y se eleve puro y simple, y en rápido vuelo, hasta el Creador de los ángeles, de las almas y de todo el universo. (..)
Esta luz que alumbra la tierra, y que está cerrada en el espacio, esta luz que termina con el tiempo y que la noche cubre de tinieblas, esta luz que es común a los hombres, a las bestias y a los más humildes gusanos, ¿qué es más que una verdadera noche en comparación con la luz suprema de Dios?
(San Agustín (Tagaste – Souk Ahras (Argelia), 354 –430) Soliloquios)

Letanías al atardecer

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En algunas religiones, para llegar al silencio interior se repiten sonidos. Se cantan mantras o letanías para concentrar todo sonido en una nota, en un tempo. Después con la última vibración y los labios cerrados disfrutaremos de la música callada, de la soledad sonora. Pero el verdadero silencio solo empieza con el sonido del latir del corazón y del aire que entra en los pulmones.

San Juan de la Cruz nos dice que para escuchar el silencio hay que “cerrar los sentidos con uso e inclinación de soledad y olvido de toda criatura y de todos los acaecimientos, aunque se hunda el mundo ”. Nada entra, solo el aire silencioso del universo…..

Salvo quizás, el canto de los grillos.

Que respirar en paz la música no oída
sea mi último deseo, pues sabed
que, para quien respira
en paz, ya todo el mundo
está dentro de él y en él respira.
Antonio Colinas, letanías del ciego que ve

(Imagen: Codex Musical de Las Huelgas (Burgos, Monasterio de Las Huelgas, Codex IX)

Cómo entrar en lo más hondo

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En el barranco de Víznar, la noche del 18 de agosto, los vecinos del Sacromonte de Granada despiertan el alma del flamenco junto a la fosa donde tiraron a García Lorca. Cada año a la luz de las velas y bajo las estrellas, brotan quejidos que vienen de lo más hondo.

Cuando el canto hace brotar una emoción muy profunda utilizamos palabras del mundo mágico: duende, alma (soul)… Lorca explicaba el duende como «un poder misterioso que todos sienten y que ningún filósofo explica» y lo relacionaba con los místicos. Decía que  el cante jondo, para quemarnos la sangre,  necesita de la noche oscura.

No hay alma que pueda resistirse sin conmoverse al sonido de una granaína flamenca en mitad de la noche.

«Tú eres el agua oscura
que mana por adentro de la roca:
tu eres el agua oscura y entrañable
que va corriendo debajo de la tierra
ignorada del sol,
de la sed de los que rastrean la
tierra de los que ruedan por la tierra.
Tu eres el agua virgen sin destino
Y sin nombre geográfico;
Tú eres la frescura intocada,
El trémulo secreto de frescura,
El júbilo secreto de esta
Frescura mía que tú eres,
De esta agua honda que tú has sido siempre,
Sin alcanzar a ser más nada que eso:
Agua negra, sin nombre…
¡y apretada, apretada contra mi!»

Dulce María Loynaz – Agua escondida

(Image: «Bayad toca el oud para las damas», Manuscrito árabe del siglo XII del cuento Qissat Bayad wa Reyad)