El frío del invierno

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Hay dos maneras de bajar al infierno: cuando la vida te envía una ola muy fuerte  o cuando bajas por ti mismo.

Del primer infierno se sale como del invierno: con flores. De la podredumbre de las hojas, del frío, la lluvia y la oscuridad, vuelve a brotar la vida, con más fuerza, más olor y más colores. Del segundo infierno es más difícil salir, porque es preciso descubrir primero por qué queríamos bajar y quemarnos por dentro. No es fácil indagar porque no quisimos afrontar el frío de nuestro invierno: las dificultades, las crisis, los abandonos y sobre todo, los miedos.

Pero lo que no sabíamos es que dentro del infierno, en lugar de fuego, descubriríamos hielo como en la Divina comedia de Dante. No hay calor, ni verdaderos sentimientos. No se puede llorar: no hay perdón posible. Quedan petrificadas las heridas, no se sienten los brazos, los pies, el cuerpo.

Solamente fría e imparable gobierna la mente …… y no necesita calor para funcionar.

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NOCHE DE DICIEMBRE

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Tefillah /ruego
Por los que, de tanto creer en la materia y las leyes de la ciencia, dejaron de maravillarse;
para que consigan bajar la guardia y se dejen sorprender por la magia.
Para que descubran que está siempre presente, en el arte, en el cuerpo, en el cielo…. En el fuego

Salmo
«Pa’ Llegar A Tu Lado» . Enrique Bundury.
Autor: Lhasa de Sela.
Albúm Licenciado Cantinas. OCESA ,2011

Himno
¿Cómo podremos comprender la gran excelencia de los ángeles, nosotros que ni siquiera somos capaces de conocer la naturaleza de nuestra alma? Para nosotros en esta cuestión todo es misterio. ¿Qué es esa alma que puede animar una carne mortal, pero que es impotente para limitarse solamente a los pensamientos santos, esa alma que es a la vez tan fuerte y tan débil, tan grande y tan pequeña; esa alma que penetra en las verdades más ocultas, contempla las cosas celestes e inventa innumerables artes, tan maravillosas como útiles para la vida? ¿Qué es, pues, esa alma cuyo conocimiento se extiende a tantas cosas, y que, sin embargo, no sabe cómo ha sido hecha ella misma? (..)
Que mi alma se aparte de estas cosas, trascienda todo lo creado, corra y se eleve, vuele y atraviese el espacio (…) Que el espíritu se aleje de todo lo visible por los ojos, y de todo lo representable por la imaginación, y se eleve puro y simple, y en rápido vuelo, hasta el Creador de los ángeles, de las almas y de todo el universo. (..)
Esta luz que alumbra la tierra, y que está cerrada en el espacio, esta luz que termina con el tiempo y que la noche cubre de tinieblas, esta luz que es común a los hombres, a las bestias y a los más humildes gusanos, ¿qué es más que una verdadera noche en comparación con la luz suprema de Dios?
(San Agustín (Tagaste – Souk Ahras (Argelia), 354 –430) Soliloquios)

Nos limpiamos entrelazándonos

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Enlazados y desnudos buscamos juntos el calor en el frío invierno.
No calienta….. porque el fuego no está fuera.

El concepto de individuo aislado e independiente es una abstracción poco realista. Nada somos sin otros. Nos enlazamos para calentarnos. Nos reunimos a la salida del trabajo o nos conectamos a las redes sociales para lamernos las heridas mutuamente. Necesitamos mostrar nuestras cicatrices, curar las del amigo, dejarnos mecer un rato en otros brazos. Por mucho que el sistema ensalce al individuo es con otras personas con quienes mejor reímos, cantamos o bailamos.
Pero una comunidad puede ahogar la iniciativa del individuo. Podemos fundirnos y entrar en círculos donde, uniformados, dejamos de ser nosotros para ser solo grupo.

“iamo mortali mortalmente spaventati
tremiamo come volpi e cani
diventando la muta di noi stessi.
Basta un sogno sbagliato
e la luce rode dove non c’e’ riparo.
Sbandiamo tra gli oggetti sperando siano veri.
Stringiamo gli occhi provando a dormire in pieno giorno
dicendo: qui, e pensando là
offrendo sacrifici mentre spostiamo mobili
e tronchiamo con le forbici i gerani.
La sera allunghiamo i tavoli per gli ospiti
e dal legno cominciamo ad appassire.
Posiamo con cura i tovaglioli e dal lino si sollevano demoni.
Voltando la testa qui, pensiamo: là
come succede davvero a ogni inseguito.
Spalanchiamo finestre con la scusa del fumo. Il vento sa d’immondizia
ma è una tregua. Lo stesso vento nella bellezza è una rovina.
La saggezza ci confonde come cera.
Stentiamo a respirare.
Restiamo immobili
il sangue scatta tra la nuca e la schiena
torniamo serpi
ci puliamo intrecciandoci.”
Antonella Anedda

(Imagen: Manuscritos de San Miguel de Escalante. 945. Pierpont Morgan Library. N.Y. EE.UU.)

La luz del presente

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Dice Thomas Merton que en épocas de cambios y de incertidumbre se pierde el contacto con el presente. Ante un mundo incierto, “No se necesita saber exactamente qué pasa, ni adónde va todo. Lo que se necesita es reconocer las posibilidades y desafíos que ofrece el momento presente, y abrazarlos con valentía. ” Para vivir el presente hay que dejarse llevar, sin que el pasado nos arrastre. No es el más inteligente ni el más fuerte el que sobrevive, sino el que mejor se adapta a los ritmos de la corriente.

No sé odiar, ni amar tampoco.
Y en mi vida inconsecuente,
amo, a veces, como un loco
u odio de un modo insolente.
Pero siempre dura poco
Lo que quiero y lo que no…
¡Qué sé yo!
Ni me importa…
Alegre es la vida y corta,
Pasajera.
Y es absurdo,
Y es antipático y zurdo
complicarla
con un ansia de verdad
duradera
y expectante.
¿Luego?… ¡Ya!
La verdad será cualquiera.
Lo precioso es el instante
que se va.
Manuel Machado. La canción del presente

(Imagen: Robert Fludd. Utriusque Cosmi. Tomo I. 1617. Oppenheim. Getty Research Institute)

El imperio del pasado

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La forma de explicar nuestra vida, lo que somos y lo que hemos hecho, no es sino el relato de recuerdos, de sucesos tristes o alegres que nos han ido ocurriendo. El pasado es el que manda. Buscamos causas y explicaciones. Emitimos juicios y reinterpretaciones. A menudo estos pensamientos no son más que un embrollo de vivencias y recuerdos, proyecciones y deseos. Solo queremos que las cosas sean como fueron, o en todo caso como siempre quisimos que fueran. Para el ego el momento del presente apenas existe. Necesita recrear el pasado para explicarse pero ese pasado es engañoso, remodelado y reconstruido a fuerza de fantasía, manipulación o simplemente olvido de aquello de lo que no queremos acordarnos.

Hay algo de inexacto en los recuerdos:
una línea difusa que es de sombra,
de error favorecido.
Y si la vida
en algo está cifrada,
es en esos recuerdos
precisamente desvaídos,
quizás remodelados por el tiempo
con un arte que implica ficción, pues verdadera
no puede ser la vida recordada.
Y sin embargo
a ese engaño debemos lo que al fin
será la vida cierta, y a ese engaño
debemos ya lo mismo que a la vida.
Felipe Benítez Reyes, Valor del pasado

(Imagen: « Épître d’Othéa ». Christine de Pisan, 1400. Fundación Bodmer)

No irse por las ramas

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En 1633, Galileo fue condenado por defender que la tierra y los planetas giraban alrededor del sol. Descartes acababa de terminar de escribir su “Tratado del mundo y de la luz” donde apoyaba las tesis de Galileo y decidió no publicarlo. Tenía miedo:” ¿cómo avanzar en el conocimiento y no ser perseguido?”. Escribió entonces unas meditaciones filosóficas para fijar un método ordenado de pensamiento que diera solidez a sus razonamientos.

Empieza el libro diciendo que, para avanzar en el conocimiento, es preciso desprenderse de todas las ideas recibidas y reconstruir, de nuevo y desde los cimientos, todo el pensamiento.

Y es que hay veces que lo que necesitamos, es empezar de cero……

Lo que está en reposo es fácil de retener. Lo que no ha sucedido es fácil de resolver. Lo que es frágil es fácil de romper. Lo que es menudo es fácil de dispersar. Prevenir antes de que suceda,
y ordenar antes de la confusión. El árbol que casi no puede rodearse con los brazos, brotó de un germen minúsculo. La torre de nueve pisos, comenzó por un montón de tierra. El viaje de mil kilómetros, empezó con un paso.
Lao Tse, Tao Te King

(Imagen: Ramon Llul. El árbol de la ciencia (Roma, 1296). Edición 1505. Houghton Library, Harvard University )

Como el ave fénix

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No podré abrir los ojos mientras el miedo, la ansiedad y la rabia me cieguen.
Pero sé que con tiempo y desde lo más hondo, podré renacer como un ave fénix, con colores aún más bellos, de las cenizas de mi cuerpo.

Los desastres naturales  destruyen y arruinan todo a su paso con una violencia arrasadora que no siempre podemos prever. Después de su paso, las cosas no suelen volver a ser exactamente iguales: quedó un curso vacío, surgió una nueva isla, la ciudad se trasladó a otro lado. No vale resistirse ni siquiera preguntarse por qué

¿Para qué mirar al pasado, si tanto trabajo hay por reconstruir?
¿Para qué agarrarse a lo que quedó arrasado, si ya no me puede sostener?

Lo que nos dicen los místicos y los sabios es que la noche oscura, la que llega tras el desastre, debe servirnos para crecer para no volver a caer y hacer que las situaciones dolorosas no se repitan. Si no buceamos en la oscuridad no podremos aprender a renunciar , no podremos aprender a no necesitar nuestra arrogancia, nuestro orgullo y perdonarnos a nosotros mismos por ser como somos. En la noche oscura podemos, ante todo, identificar aquello que nos da más miedo, aquello que, en el fondo, fue lo que estaba preparándose en silencio y nos envió a lo más hondo: el origen del desastre.

(Imagen: ave fénix. Miniatura del Bestiario de Oxford (siglo XIII, Universidad de Oxford).