Hay veces que nos inunda la culpa

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Hay personas que consiguen que te sientas culpable. Lo consiguieron fácilmente, con un comentario de pasada, con una respuesta corta o con una mirada. Pero la culpa brotó desde el fondo, con fuerza, y desbordó la mente. Resurgen situaciones no resueltas y sentimientos antiguos y profundos de no “estar a la altura”, de no “saber amar” o “ser un egoísta”. Ya no es posible pensar en nada más. La culpa lo inunda todo.

La culpa inunda muchas relaciones, sobre todo entre padres e hijos. Todos hemos intentado alguna vez conseguir que quien más amamos hiciera lo que deseamos. Desde muy pequeños aprendemos a manipular llorando, para que mamá no se vaya al salón tan pronto y se quede al pie de nuestra cama por ejemplo. Porque manipular a través de la culpa sirve sobre todo para retener ,… pero la culpa ahoga el amor. Aquél que consigue ese beso robado, esa compañía “obligada” no llena el vacío porque el que se quedó por sentimiento de culpa, quisiera estar en otro lado.

Pero ¿por qué sentimos culpa? Quizás porque no conseguimos reconocer que hay veces, que a esa persona que amamos nos molesta, nos oprime y por eso la odiamos…. Pero el mismo Jesús dijo: «El que no aborreció a su padre y a su madre como yo, no podrá ser mío; y quien no amó a su padre y a su madre como yo, no podrá ser mío”.

Entonces, perdono: me reconozco en tus ojos cuando me manipulas para no estar solo.

“de pena en pena cruza sus islas el amor
y establece raíces que luego riega el llanto,
y nadie puede, nadie puede evadir los pasos
del corazón que corre callado y carnicero.
Así tú y yo buscamos un hueco, otro planeta
en donde no tocara la sal tu cabellera,
en donde no crecieran dolores por mi culpa,
en donde viva el pan sin agonía.
Un planeta enredado por distancia y follajes,
un páramo, una piedra cruel y deshabitada,
con nuestras propias manos hacer un nido duro,
queríamos, sin daño ni herida ni palabra,
y no fue así el amor, sino una ciudad loca
donde la gente palidece en los balcones.”
Pablo Neruda

( Imagen: Atlas Farnesio, Museo Arqueológico Nacional de Nápoles)

Des – vivirse

rueda

En una competición ciclista muchos de los componentes del equipo tienen que “tirar” en un momento dado para que el más destacado pueda “ir a rueda”. El choque con el aire lo afronta el que va delante y el que va detrás se aprovecha de su estela. Algunos estudios dicen que supone un 25% menos de esfuerzo para el que va a rueda, dependiendo lógicamente de la velocidad, de la intensidad del viento y de la habilidad de los corredores.
Muchas veces en la vida tenemos la sensación de que cuantos nos rodean van “a rueda” y que siempre estamos tirando.

Hay personas que parecen estar siempre pendientes de los demás, y están siempre disponibles. Parecen personas generosas, que se “desviven” por los otros. Generalmente cuando se les pregunta el porqué de su conducta nos contestan que es su forma de ser, su “deber” o que tienen una “obligación moral”. Al ser tan solícitos, esperan que los demás les tengan en estima, les vean indispensables, y, en definitiva, no sepan vivir (trabajar, divertirse, estudiar, desahogarse,…) sin ellos.

Pero ocurre que a veces los demás no responden igual de solícitos o entregados. Entonces aparece el dolor o la rabia. Los solícitos se desbordan. Dejan escapar sus sentimientos. Entonces su discurso es diferente y escuchamos términos aparentemente contradictorios: cariño, culpa, envidia, …. Luego, terminan con la frase sobre la que gira su entrega: “es que si no estuviera yo….”.

Un día sentimos que no podemos seguir pedaleando.

“Todo lo aprendí de quien nunca fue amado: la nieve y el silencio y el grito de los bosques cuando muere el verano.
O aquella canción celta que Kerstin me cantaba:
¿Quién puede navegar sin velas? ¿Quién puede remar sin remos?
¿Quién puede despedirse de su amor sin llorar?
Pero ahora ya la nieve sustenta mi memoria. Y el silencio se espesa tras los bosques doloridos y profundos del invierno.
Por eso puedo navegar sin velas. Por eso puedo remar sin remos.
Por eso puedo despedirme de mi amor sin llorar.”
Julio Llamazares De Memoria de la nieve.

(Imagen : De Consolatione Philosophiae. Boetius. 1501. Strasbourg. Francia)