El cielo de la memoria

patinir

En la divina comedia de Dante, antes de llegar al Paraíso, las almas deben cruzar los dos ríos que fluyen en el Edén y que manan desde lo alto de la montaña del purgatorio. Las aguas del Leteo hacen olvidar los males cometidos, y las del Eunoe ayudan a recordar los bienes realizados.

Las palabras, como tampoco las personas ni los hechos pasados, no desaparecen del cerebro. No almacenamos recuerdos. No tenemos cajitas para ir guardando. En realidad, nuestro cerebro es casi infinito porque no llenamos células con información sino que las interrelacionamos.

Antes de entrar en el Paraíso el alma bebe de los dos ríos.

Al final, descubrimos que todo estaba interconectado.

Le temps efface tout comme effacent les vagues
Les travaux des enfants sur le sable aplani
Nous oublierons ces mots si précis et si vagues
Derrière qui chacun nous sentions l’infini.
Le temps efface tout il n’éteint pas les yeux
Qu’ils soient d’opale ou d’étoile ou d’eau claire
Beaux comme dans le ciel ou chez un lapidaire
Ils brûleront pour nous d’un feu triste ou joyeux.
(…)
L’oubli comme une brume efface les visages
Les gestes adorés au divin autrefois,
Par qui nous fûmes fous, par qui nous fûmes sages
Charmes d’égarement et symboles de foi.
Arthur Rimbaud « Je contemple souvent le ciel de ma mémoire » (fragmento)

(Imagen: Patinir. Paso de la laguna Estigia, 1519-1524. Museo del Prado, Madrid.)

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La traición y el corazón congelado

dante

En la Divina Comedia de Dante, en el noveno infierno, cerca ya del centro de la Tierra, curiosamente, no hay fuego sino un inmenso lago de hielo. Es un lugar extraño y gélido con muchos silencios.

En el último círculo están los traidores: y lo son porque tenían el corazón frío. No lloran porque el entumecimiento no les deja, andan boca abajo, amoratados. En sus rostros no hay expresión: la perdieron cuando dejaron de tener sentimientos. No se sabe exactamente bien a quien traicionaron, a sus hijos, a sus hermanos, a sus reyes,…… o a sí mismos.

Es el último de los infiernos, el más profundo.

“Dicen que soy un ángel
y, peldaño a peldaño,
para alcanzar la luz
tengo que usar las piernas.
Cansado de subir, a veces ruedo
(tal vez serán los pliegues de mi túnica),
pero un ángel rodando no es un ángel
si no tiene el honor de llegar al abismo.
Y lo que yo encontré en mi mayor caída
era blando, brillante;
recuerdo su perfume,
su malsano deleite.
Desperté y ahora quiero
encontrar la escalera,
para subir sin alas
poco a poco a mi muerte.”
Manuel Altolaguirre. Para alcanzar la luz

(Imagen: Ilustración para la divina comedia. Dante. Bri1477-1482 Roma. Biblioteca Apostólica Vaticana)