El frío del invierno

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Hay dos maneras de bajar al infierno: cuando la vida te envía una ola muy fuerte  o cuando bajas por ti mismo.

Del primer infierno se sale como del invierno: con flores. De la podredumbre de las hojas, del frío, la lluvia y la oscuridad, vuelve a brotar la vida, con más fuerza, más olor y más colores. Del segundo infierno es más difícil salir, porque es preciso descubrir primero por qué queríamos bajar y quemarnos por dentro. No es fácil indagar porque no quisimos afrontar el frío de nuestro invierno: las dificultades, las crisis, los abandonos y sobre todo, los miedos.

Pero lo que no sabíamos es que dentro del infierno, en lugar de fuego, descubriríamos hielo como en la Divina comedia de Dante. No hay calor, ni verdaderos sentimientos. No se puede llorar: no hay perdón posible. Quedan petrificadas las heridas, no se sienten los brazos, los pies, el cuerpo.

Solamente fría e imparable gobierna la mente …… y no necesita calor para funcionar.

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El perfume del incienso

reyes magos

Los Reyes Magos trajeron tres regalos: oro, incienso y mirra.

El oro es la abundancia: que uno brille sin más luz que la de dentro.

La mirra es para cuidar el cuerpo al que esta vida nos une. La mirra limpia y protege del tiempo.

¿y el incienso?

humo, perfume,… que todas las civilizaciones han utilizado para elevar el espíritu y acompañar oraciones y celebraciones. El incienso es una extraña mezcla de resinas y maderas que sube por el aire y se mezcla con el viento: es el regalo de la sabiduría.

(Imagen: Detalle de la Adoración de los Reyes Magos. Códice de Roda, siglos X-XI, Real Academia de la Historia, Madrid)

Seguir una estrella

Orion-beltDicen los antiguos sabios que aquellos que siguen el camino de la ignorancia se adentran en la oscuridad, pero también nos recuerdan que aquellos que se absorben en el conocimiento se adentran en una oscuridad aún mayor. Eso les ocurrió a los tres reyes magos: después de mucho estudio, de experimentos y fórmulas estaban a oscuras. Un día lo dejaron todo y salieron tras una luz.

Nosotros tenemos la suerte de ser Reyes Magos cada año, no para comprar regalos, sino para seguir su ejemplo.

Los reyes magos, los magos de verdad, vienen del desierto porque no hay un solo camino sino infinitas posibilidades, porque el horizonte es amplio y el futuro, libre y abierto. No llevan mucha carga porque saben que el peso lastra y que aquél que absorbe lo mejor de cada día, sin el peso del pasado y sin el miedo del futuro imaginado, conoce el gusto de la libertad.

Se dejaron guiar por el firmamento y emprendieron un camino a ese otro extraño sitio que no se ve, a la conciencia del corazón, al ser que es uno mismo.

Solo hay que mirar la luz y seguirla.

(imagen: cinturón de Orion)

Estábamos callados
esperábamos algo.
Llegaron las estaciones, una tras otra,
con frutos en los cestos y nieve en los ropajes.
Llegaron los árboles, los libros, los hijos.
También llegó la muerte,
con la boca llena de clavos,
y seguimos como siempre
ya que nunca aprendimos
a vivir sin milagros.
Isilik geunden
zer edo zer itxaroten.
Etorri ziren urtaroak, bata bestearen ondotik,
saskietan mertxikak eta soinekoetan elur-malutak.
Etorri ziren arbolak, liburuak, seme-alabak.
Etorri zen heriotza ere,
ahoa iltzez beterik,
eta artean legez iraun genuen
ez genuelako ikasi ahal izan
miraririk gabe bizitzen.

Miren Agur Meabe

Nos limpiamos entrelazándonos

escalante

Enlazados y desnudos buscamos juntos el calor en el frío invierno.
No calienta….. porque el fuego no está fuera.

El concepto de individuo aislado e independiente es una abstracción poco realista. Nada somos sin otros. Nos enlazamos para calentarnos. Nos reunimos a la salida del trabajo o nos conectamos a las redes sociales para lamernos las heridas mutuamente. Necesitamos mostrar nuestras cicatrices, curar las del amigo, dejarnos mecer un rato en otros brazos. Por mucho que el sistema ensalce al individuo es con otras personas con quienes mejor reímos, cantamos o bailamos.
Pero una comunidad puede ahogar la iniciativa del individuo. Podemos fundirnos y entrar en círculos donde, uniformados, dejamos de ser nosotros para ser solo grupo.

“iamo mortali mortalmente spaventati
tremiamo come volpi e cani
diventando la muta di noi stessi.
Basta un sogno sbagliato
e la luce rode dove non c’e’ riparo.
Sbandiamo tra gli oggetti sperando siano veri.
Stringiamo gli occhi provando a dormire in pieno giorno
dicendo: qui, e pensando là
offrendo sacrifici mentre spostiamo mobili
e tronchiamo con le forbici i gerani.
La sera allunghiamo i tavoli per gli ospiti
e dal legno cominciamo ad appassire.
Posiamo con cura i tovaglioli e dal lino si sollevano demoni.
Voltando la testa qui, pensiamo: là
come succede davvero a ogni inseguito.
Spalanchiamo finestre con la scusa del fumo. Il vento sa d’immondizia
ma è una tregua. Lo stesso vento nella bellezza è una rovina.
La saggezza ci confonde come cera.
Stentiamo a respirare.
Restiamo immobili
il sangue scatta tra la nuca e la schiena
torniamo serpi
ci puliamo intrecciandoci.”
Antonella Anedda

(Imagen: Manuscritos de San Miguel de Escalante. 945. Pierpont Morgan Library. N.Y. EE.UU.)

NONA. LA TARDE: El amor en el centro

amor

En la antigua Roma, nona era la hora que marcaba el cierre de las actividades del día y el momento de acudir a los baños. Amalario de Metz, que escribió en el siglo IX un libro sobre la liturgia de las horas, decía que según el sol se hunde en el horizonte a la hora de nona, el espíritu del hombre tiende a bajar también, está más abierto a la tentación, y es el momento en que el diablo escoge para probarlo.
La tarde es un puente entre las emociones y la actividad del día y el silencio y la quietud de la noche, entre nuestras necesidades físicas y materiales, y aquellas más espirituales. Y como entre la mente y cuerpo están los sentimientos, Amalario se preocupaba por los monjes y propugnaba recogimiento y oración. …

¿Por qué le tenemos tanto miedo al corazón?

Las meditaciones de la tarde se centran en el amor, único verdadero sentimiento junto a su contrario, el no-amor. Porque al amor le ocurre como al número nueve de esta hora, que todo lo resume. Avicena dijo que “”todo número, sea cual fuere, no es sino el número nueve o su múltiplo más un excedente, pues los signos de los números no tienen más que nueve caracteres.” Por eso, al igual que con los números, en nosotros todo se construye sobre el amor, que es la energía y el motor de los latidos.

Tarde, como adverbio, significa hora avanzada o fuera de tiempo.
Es difícil aprender a amar.
Pero, nunca es tarde.

Como el ave fénix

ave fenix

No podré abrir los ojos mientras el miedo, la ansiedad y la rabia me cieguen.
Pero sé que con tiempo y desde lo más hondo, podré renacer como un ave fénix, con colores aún más bellos, de las cenizas de mi cuerpo.

Los desastres naturales  destruyen y arruinan todo a su paso con una violencia arrasadora que no siempre podemos prever. Después de su paso, las cosas no suelen volver a ser exactamente iguales: quedó un curso vacío, surgió una nueva isla, la ciudad se trasladó a otro lado. No vale resistirse ni siquiera preguntarse por qué

¿Para qué mirar al pasado, si tanto trabajo hay por reconstruir?
¿Para qué agarrarse a lo que quedó arrasado, si ya no me puede sostener?

Lo que nos dicen los místicos y los sabios es que la noche oscura, la que llega tras el desastre, debe servirnos para crecer para no volver a caer y hacer que las situaciones dolorosas no se repitan. Si no buceamos en la oscuridad no podremos aprender a renunciar , no podremos aprender a no necesitar nuestra arrogancia, nuestro orgullo y perdonarnos a nosotros mismos por ser como somos. En la noche oscura podemos, ante todo, identificar aquello que nos da más miedo, aquello que, en el fondo, fue lo que estaba preparándose en silencio y nos envió a lo más hondo: el origen del desastre.

(Imagen: ave fénix. Miniatura del Bestiario de Oxford (siglo XIII, Universidad de Oxford).

La noche oscura del alma

dore purgatorio

Hay veces que la vida te envía una ola grande. La vemos llegar tan alta, tan inmensa, tan imprevisible que nos paraliza y no somos capaces de reaccionar. No podríamos detenerla tampoco, irrumpe así porque en el fondo sabemos que estaba llegando. Ha ido creciendo sin que fuéramos conscientes. Algo en nosotros sabía que el mar por debajo no estaba en calma, que algo bullía en el fondo. La ola es un despido, una enfermedad, una separación….
Entonces, la noche nos envuelve y nos traga.

La noche oscura del alma es el abismo, el desierto en el que solos, con sed y desnudos, nos dejan los golpes de la vida.

Hay golpes en la vida, tan fuertes… Yo no sé.
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma… Yo no sé.
Son pocos; pero son… Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros atilas,
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.
Son las caídas hondas de los Cristos del alma,
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.
Y el hombre… Pobre… ¡pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como un charco de culpa, en la mirada.
Hay golpes en la vida, tan fuertes … Yo no sé!
César Vallejo.

(Imagen: Gustave Doré. Ilustraciones de la Divina Comedia de Dante (Purgatorio, detalle). 1861)