Cuaresma: sin oscuridad no hay crecimiento

otra cuaresmaEn silencio, con frío, poca luz y putrefacción, así trabaja el oscuro y largo invierno….. Así se prepara el sustrato que dará vida a los colores: en la fermentación que luego se convierte en levadura o en medicina para curarnos, en la hojarasca y los desechos que se descomponen bajo la nieve, en los excrementos acumulados en el establo…

Hay veces que el mundo parece feo, lleno de podredumbre, irritante e histérico. Todo mancha, todo hiere. No podemos escapar de lo sucio porque está aquí, es nuestro, somos nosotros mismos quienes lo producimos.

A veces las cosas salen mal, a veces perdemos algo para siempre. Pero sin adversidad, no podríamos conocer el verdadero significado de nuestros logros, ni aprender más de nosotros mismos. Sin descubrir nuestros defectos nunca aprenderíamos a perdonar los de los otros.

Al final del invierno llega la cuaresma. Aún con días más despejados y largos, la tierra no ha dado aún ningún fruto. Pero como el abono para las plantas, nuestras “manchas” alimentan nuestra energía. Hay hambre. Es la espera.

Quiero llenarme de los frutos del invierno.
Aprender a cultivar flores en lo que huele, repele y mancha.

(Imagen; Joan Amades. Representaciones de la cuaresma. Costumari Catalá. 1952. Ed. Salvat. Barcelona)

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Agua turbia o desenredar pensamientos

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El remolino gira sobre sí mismo, retiene hojas y ramas, escarba y levanta el lodo. Su energía no sirve para avanzar solo sirve para dar vueltas sobre lo mismo, remover y enturbiar el agua. Muchas veces, atrapados en un torbellino no pensamos más que en una cosa y seguimos dándole vueltas a lo mismo.

Los remolinos se forman en los ríos cuando en el fondo hay algo que hace de sumidero. Algo en lo más hondo absorbe el agua y activa esa energía que se concentra inútilmente sobre sí misma.

Pero los remolinos no atrapan el agua de forma infinita. En un momento dado, se deshacen naturalmente cuando, dejando fluir al río, aquello que había en el fondo se desliza suavemente.

El agua fluye entonces, ……clara, cristalina.

“En derredor del sol gira la tierra,
haciéndose, al girar, sombra a sí misma,
y en redor de mis propios sentimientos,
hallando sombra y luz, mi mente gira.”
Concepción de Estevarena, Luchas

(Imagen: Detalle. Libro de Job, Incipit, f. 304. (Winchester, s XVI))

Dust in the wind. Miércoles de ceniza

“Llora con cenizas sobre el pelo” como hacían griegos, egipcios y judíos en señal de duelo y en un día como hoy, nos recuerdan que no somos más que polvo. Entonces nos señalan en la frente con la ceniza de aquello que fue alegría, lo que ha quedado después de quemar las palmas y las ramas de olivo del muy lejano Domingo de Ramos.

Sin embargo, Jesús dijo ““Cuando oréis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vean los hombres. En verdad os digo que ya han recibido su recompensa. Tú, en cambio, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo recompensará.
Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas que desfiguran sus rostros para hacer ver a los hombres que ayunan. En verdad os digo que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara….” Mateo (6, 16-18)

Rezar y ayunar son solo para ti, para mirar más dentro sin las ataduras del cuerpo….

 

 

El frío del invierno

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Hay dos maneras de bajar al infierno: cuando la vida te envía una ola muy fuerte  o cuando bajas por ti mismo.

Del primer infierno se sale como del invierno: con flores. De la podredumbre de las hojas, del frío, la lluvia y la oscuridad, vuelve a brotar la vida, con más fuerza, más olor y más colores. Del segundo infierno es más difícil salir, porque es preciso descubrir primero por qué queríamos bajar y quemarnos por dentro. No es fácil indagar porque no quisimos afrontar el frío de nuestro invierno: las dificultades, las crisis, los abandonos y sobre todo, los miedos.

Pero lo que no sabíamos es que dentro del infierno, en lugar de fuego, descubriríamos hielo como en la Divina comedia de Dante. No hay calor, ni verdaderos sentimientos. No se puede llorar: no hay perdón posible. Quedan petrificadas las heridas, no se sienten los brazos, los pies, el cuerpo.

Solamente fría e imparable gobierna la mente …… y no necesita calor para funcionar.

El perfume del incienso

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Los Reyes Magos trajeron tres regalos: oro, incienso y mirra.

El oro es la abundancia: que uno brille sin más luz que la de dentro.

La mirra es para cuidar el cuerpo al que esta vida nos une. La mirra limpia y protege del tiempo.

¿y el incienso?

humo, perfume,… que todas las civilizaciones han utilizado para elevar el espíritu y acompañar oraciones y celebraciones. El incienso es una extraña mezcla de resinas y maderas que sube por el aire y se mezcla con el viento: es el regalo de la sabiduría.

(Imagen: Detalle de la Adoración de los Reyes Magos. Códice de Roda, siglos X-XI, Real Academia de la Historia, Madrid)

Seguir una estrella

Orion-beltDicen los antiguos sabios que aquellos que siguen el camino de la ignorancia se adentran en la oscuridad, pero también nos recuerdan que aquellos que se absorben en el conocimiento se adentran en una oscuridad aún mayor. Eso les ocurrió a los tres reyes magos: después de mucho estudio, de experimentos y fórmulas estaban a oscuras. Un día lo dejaron todo y salieron tras una luz.

Nosotros tenemos la suerte de ser Reyes Magos cada año, no para comprar regalos, sino para seguir su ejemplo.

Los reyes magos, los magos de verdad, vienen del desierto porque no hay un solo camino sino infinitas posibilidades, porque el horizonte es amplio y el futuro, libre y abierto. No llevan mucha carga porque saben que el peso lastra y que aquél que absorbe lo mejor de cada día, sin el peso del pasado y sin el miedo del futuro imaginado, conoce el gusto de la libertad.

Se dejaron guiar por el firmamento y emprendieron un camino a ese otro extraño sitio que no se ve, a la conciencia del corazón, al ser que es uno mismo.

Solo hay que mirar la luz y seguirla.

(imagen: cinturón de Orion)

Estábamos callados
esperábamos algo.
Llegaron las estaciones, una tras otra,
con frutos en los cestos y nieve en los ropajes.
Llegaron los árboles, los libros, los hijos.
También llegó la muerte,
con la boca llena de clavos,
y seguimos como siempre
ya que nunca aprendimos
a vivir sin milagros.
Isilik geunden
zer edo zer itxaroten.
Etorri ziren urtaroak, bata bestearen ondotik,
saskietan mertxikak eta soinekoetan elur-malutak.
Etorri ziren arbolak, liburuak, seme-alabak.
Etorri zen heriotza ere,
ahoa iltzez beterik,
eta artean legez iraun genuen
ez genuelako ikasi ahal izan
miraririk gabe bizitzen.

Miren Agur Meabe

Nos limpiamos entrelazándonos

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Enlazados y desnudos buscamos juntos el calor en el frío invierno.
No calienta….. porque el fuego no está fuera.

El concepto de individuo aislado e independiente es una abstracción poco realista. Nada somos sin otros. Nos enlazamos para calentarnos. Nos reunimos a la salida del trabajo o nos conectamos a las redes sociales para lamernos las heridas mutuamente. Necesitamos mostrar nuestras cicatrices, curar las del amigo, dejarnos mecer un rato en otros brazos. Por mucho que el sistema ensalce al individuo es con otras personas con quienes mejor reímos, cantamos o bailamos.
Pero una comunidad puede ahogar la iniciativa del individuo. Podemos fundirnos y entrar en círculos donde, uniformados, dejamos de ser nosotros para ser solo grupo.

“iamo mortali mortalmente spaventati
tremiamo come volpi e cani
diventando la muta di noi stessi.
Basta un sogno sbagliato
e la luce rode dove non c’e’ riparo.
Sbandiamo tra gli oggetti sperando siano veri.
Stringiamo gli occhi provando a dormire in pieno giorno
dicendo: qui, e pensando là
offrendo sacrifici mentre spostiamo mobili
e tronchiamo con le forbici i gerani.
La sera allunghiamo i tavoli per gli ospiti
e dal legno cominciamo ad appassire.
Posiamo con cura i tovaglioli e dal lino si sollevano demoni.
Voltando la testa qui, pensiamo: là
come succede davvero a ogni inseguito.
Spalanchiamo finestre con la scusa del fumo. Il vento sa d’immondizia
ma è una tregua. Lo stesso vento nella bellezza è una rovina.
La saggezza ci confonde come cera.
Stentiamo a respirare.
Restiamo immobili
il sangue scatta tra la nuca e la schiena
torniamo serpi
ci puliamo intrecciandoci.”
Antonella Anedda

(Imagen: Manuscritos de San Miguel de Escalante. 945. Pierpont Morgan Library. N.Y. EE.UU.)