El no saber

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En el siglo XIV tuvo amplia difusión por Europa un libro titulado “La Nube del No Saber” escrito por un místico (o mística) inglés sin nombre. Su idea era que es necesario aprender a vivir en la nada. Dice que en nosotros hay dos personas: el hombre exterior, ese que llamamos el ego, que está sujeto a los caprichos y evasiones de la mente y del cuerpo, y el hombre interior, el verdadero ser.

“Permanece ciego durante este tiempo desechando todo deseo de conocer, ya que el conocimiento es aquí un obstáculo. Conténtate con sentir cómo despierta suavemente lo hondo de tu espíritu”. …

Adéntrate más allá de las nubes: encontraras estrellas.

(Imagen: Paysage. Joan Miró. 1976. Museo Reina Sofia. Madrid)

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Lo tóxico en grandes cantidades

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Solo lo que es demostrado es verdadero. Como en otros tiempos lo fue la religión, ahora es la ciencia. Podríamos llegar a creer que la característica fundamental del hombre es que razona y que es el único animal capaz de construir abstracciones e ingenios. Pero el hombre es mucho más que eso….

Cuando vamos a una exposición sobre el paleolítico y miramos los objetos de nuestros más lejanos antepasados, además de lanzas y puntas de flecha, además de cuencos de barro nos preguntamos ¿por qué razón dibujaron y grabaron ese bonito ciervo en el mango? ¿Qué razón tendrían para pintar de colores el borde de las vasijas? ¿Para qué servían esas pequeñas figuras de barro de mujeres de formas redondeadas adornadas de collares?

Por la dictadura de la razón, abandonamos hace tiempo aquello que nos iluminaba por dentro, la energía de vida, la fuerza de crear con pasión. Dejamos de lado los animales, los colores y las figuras de barro y nos dedicamos solo a pensar, medir y calcular. Dejamos de estar enteros.

Entonces, cuando ya solo quedan cosas y máquinas, la razón y la ciencia, aparece el miedo.

The tree of knowledge was the tree of reason.
That’s why the taste of it
drove us from Eden. That fruit
was meant to be dried and milled to a fine powder
for use a pinch at a time, a condiment.
God had probably planned to tell us later
about this new pleasure.
We stuffed our mouths full of it,
gorged on but and if and how and again
but, knowing no better.
It’s toxic in large quantities; fumes
swirled in our heads and around us
to form a dense cloud that hardened to steel,
a wall between us and God, Who was Paradise.
Not that God is unreasonable – but reason
in such excess was tyranny
and locked us into its own limits, a polished cell
reflecting our own faces. God lives
on the other side of that mirror,
but through the slit where the barrier doesn’t
quite touch ground, manages still
to squeeze in – as filtered light,
splinters of fire, a strain of music heard
then lost, then heard again.
Denise Levertov

(Imagen: Francisco de Goya. Grabado de la Serie “Caprichos” nº 43. 1799. Biblioteca Nacional de España)

NOCHE DE DICIEMBRE

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Por los que, de tanto creer en la materia y las leyes de la ciencia, dejaron de maravillarse;
para que consigan bajar la guardia y se dejen sorprender por la magia.
Para que descubran que está siempre presente, en el arte, en el cuerpo, en el cielo…. En el fuego

Salmo
«Pa’ Llegar A Tu Lado» . Enrique Bundury.
Autor: Lhasa de Sela.
Albúm Licenciado Cantinas. OCESA ,2011

Himno
¿Cómo podremos comprender la gran excelencia de los ángeles, nosotros que ni siquiera somos capaces de conocer la naturaleza de nuestra alma? Para nosotros en esta cuestión todo es misterio. ¿Qué es esa alma que puede animar una carne mortal, pero que es impotente para limitarse solamente a los pensamientos santos, esa alma que es a la vez tan fuerte y tan débil, tan grande y tan pequeña; esa alma que penetra en las verdades más ocultas, contempla las cosas celestes e inventa innumerables artes, tan maravillosas como útiles para la vida? ¿Qué es, pues, esa alma cuyo conocimiento se extiende a tantas cosas, y que, sin embargo, no sabe cómo ha sido hecha ella misma? (..)
Que mi alma se aparte de estas cosas, trascienda todo lo creado, corra y se eleve, vuele y atraviese el espacio (…) Que el espíritu se aleje de todo lo visible por los ojos, y de todo lo representable por la imaginación, y se eleve puro y simple, y en rápido vuelo, hasta el Creador de los ángeles, de las almas y de todo el universo. (..)
Esta luz que alumbra la tierra, y que está cerrada en el espacio, esta luz que termina con el tiempo y que la noche cubre de tinieblas, esta luz que es común a los hombres, a las bestias y a los más humildes gusanos, ¿qué es más que una verdadera noche en comparación con la luz suprema de Dios?
(San Agustín (Tagaste – Souk Ahras (Argelia), 354 –430) Soliloquios)

El imperio del pasado

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La forma de explicar nuestra vida, lo que somos y lo que hemos hecho, no es sino el relato de recuerdos, de sucesos tristes o alegres que nos han ido ocurriendo. El pasado es el que manda. Buscamos causas y explicaciones. Emitimos juicios y reinterpretaciones. A menudo estos pensamientos no son más que un embrollo de vivencias y recuerdos, proyecciones y deseos. Solo queremos que las cosas sean como fueron, o en todo caso como siempre quisimos que fueran. Para el ego el momento del presente apenas existe. Necesita recrear el pasado para explicarse pero ese pasado es engañoso, remodelado y reconstruido a fuerza de fantasía, manipulación o simplemente olvido de aquello de lo que no queremos acordarnos.

Hay algo de inexacto en los recuerdos:
una línea difusa que es de sombra,
de error favorecido.
Y si la vida
en algo está cifrada,
es en esos recuerdos
precisamente desvaídos,
quizás remodelados por el tiempo
con un arte que implica ficción, pues verdadera
no puede ser la vida recordada.
Y sin embargo
a ese engaño debemos lo que al fin
será la vida cierta, y a ese engaño
debemos ya lo mismo que a la vida.
Felipe Benítez Reyes, Valor del pasado

(Imagen: « Épître d’Othéa ». Christine de Pisan, 1400. Fundación Bodmer)

Tiempo de manzanas (2)

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Puede que al principio de todo esté el cuerpo. Los neurólogos dicen que el amor es un simple proceso químico que se desencadena cuando dos cuerpos se encuentran, una atracción inexplicable. Es un calor tan intenso que no puedes dejar de pensar en la otra persona. Pero también dicen los neurólogos, que este fenómeno solo dura entre 7 y 8 meses, y que, si no conseguimos que prendan otras llamas de amor, esa relación no irá a ninguna parte.

Decía Rûmî: “Sólo se puede amar lo que se conoce”. El amor solo es posible si, por encima de que exista atracción entre nosotros, o de que superemos conflictos o compartamos alegrías o aficiones, queremos conocer al otro y ser conocidos por él.

Solo nos pueden conocer si nos mostramos desnudos, más allá de nuestro ego, es decir más allá de quien creemos que somos, de quien queremos ser. Difícil. Pero también debemos abrir bien los ojos, es decir el corazón, para conocer al otro, para mirarle, sin los ropajes que le pongo, como realmente es.

“Si yo fuera Dios
y tuviese el secreto,
haría
un ser exacto a ti;
lo probaría
(a la manera de los panaderos
cuando prueban el pan, es decir:
con la boca),
y si ese sabor fuese
igual al tuyo, o sea
tu mismo olor, y tu manera
de sonreír,
y de guardar silencio,
y de estrechar mi mano estrictamente,
y de besarnos sin hacernos daño
-de esto sí estoy seguro: pongo
tanta atención cuando te beso;
entonces,
si yo fuese Dios,
podría repetirte y repetirte,
siempre la misma y siempre diferente,
sin cansarme jamás del juego idéntico,
sin desdeñar tampoco la que fuiste
por la que ibas a ser dentro de nada;
ya no sé si me explico, pero quiero
aclarar que si yo fuese
Dios, haría
lo posible por ser Ángel González
para quererte tal como te quiero,
para aguardar con calma
a que te crees tú misma cada día,
a que sorprendas todas las mañanas
la luz recién nacida con tu propia
luz, y corras
la cortina impalpable que separa
el sueño de la vida,
resucitándome con tu palabra,
Lázaro alegre,
yo,
mojado todavía
de sombras y pereza,
sorprendido y absorto
en la contemplación de todo aquello
que, en unión de mí mismo,
recuperas y salvas, mueves, dejas
abandonado cuando -luego- callas…
(Escucho tu silencio).
Oigo
constelaciones: existes.
Creo en ti.
Eres.
Me basta”
Ángel González, Me basta así

(Imagen: Codex Manesse. entre 1305 y 1340. Heidelberg, Biblioteca de la Universidad)

Tiempo de manzanas

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Sobre un fondo oscuro, dos figuras desnudas se entrelazan como en un extraño baile en un cuadro de Guido Reni. Atalanta corre desnuda, como los hombres. Es una mujer libre. Fue la única mujer que acompañó a los argonautas en la búsqueda del vellocino de oro, Ha ganado todas las carreras y su padre ha ejecutado a todos su anteriores contrincantes como ella había pedido. Solo se casará con quien pueda superarla.

Hipomenes se mide con ella. Sabe que ella es más rápida que él y que ganará la carrera. Sin embargo y sin querer reconocerlo, Atalanta tiene dudas por primera vez. Desea algo más que correr, algo más que dejarse vencer por la fuerza de un hombre, por un cuerpo.

Atalanta sabe, como Eva, que solo las manzanas doradas del árbol del conocimiento pueden aminorar su marcha. Hipómenes también lo sabe y por eso ha utilizado el mayor de los hechizos:  su inteligencia.

Ahora, inclinada para recoger las manzanas de oro, Atalanta sabe que obtendrá el premio ………. si no gana.

(Imagen: Guido Reni. Atalanta e Hipómenes, 1618 -1619 Museo del Prado. Madrid)

Piedras o por qué nos castigamos

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Por orden del rey Felipe II Ambrosio de Morales realizó un viaje por el norte de España para inventariar reliquias de santos, sepulcros reales, y libros manuscritos en catedrales, iglesias y monasterios. En el Monasterio de Matallana cerca de Valladolid encontró una madeja de hilo y seda cruda, que dicen fue hilada y torcida por la Virgen y en una bolsita, entre otras reliquias pequeñas, dos huesos, uno de San Saturnino, otro de Santa Ágata. También había una piedra. Era una de las que se utilizaron para apedrear a San Esteban. …… Esa piedra estaba expuesta en el monasterio para el recogimiento de los fieles. …

Tiramos piedras contra nuestro propio tejado.

“La piedra no se mueve.
En su lugar exacto permanece.
Su fealdad está allí, en medio del camino,
donde todos tropiecen
y es, como el corazón que no se entrega,
volumen de la muerte.
Sólo el que ve se goza con el orden
que la piedra sostiene.
Sólo en el ojo puro del que ve
su ser se justifica y resplandece.
Sólo la boca del que ve la alaba.
Ella no entiende nada. Y obedece.”
Rosario Castellanos. Piedra

(Imagen: El Bosco. Extracción de la piedra de la locura. 1475-1480. Museo del Prado. Madrid)