Lo que importa no es lo que dices

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: “Hijo, ve hoy a trabajar en la viña”. Él le contestó: “No quiero”. Pero después se arrepintió y fue. Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: “Voy, señor”. Pero no fue. ¿Quién de los dos cumplió la voluntad de su padre?». Contestaron: «El primero».
Jesús les dijo: «En verdad os digo que los publicanos y las prostitutas van por delante de vosotros en el reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no os arrepentisteis ni le creísteis».

Mateo fue un publicano. Era un judío rico cuya profesión era recaudar el peaje para los Romanos a los que venían a sacar agua en Cafarnaúm. De María de Magdalá se dice que fue una prostituta que llevaba dentro siete demonios. Los dos siguieron a Jesus.

En un mundo de youtubers que hablan sin parar, de tertulianos, .. donde todo el mundo está expuesto al comentario de otro. Criticar es fácil, juzgar la conducta de otros también:  ¿quién no ha tenido que cobrar un peaje o qué mirar por sus ingresos sin mirar al de al lado?,  ¿cuántas mujeres no habrán sido señaladas como prostitutas?, ¿no tenemos acaso cada uno una parte oscura (demonios) que generalmente proyectamos?

 

Luz en sí mismo

luisxiv

No por decir “soy el jefe / el padre / el maestro” tienes autoridad. Muchos piensan que ser una figura de autoridad es suficiente para conseguir el respeto de los demás y el liderazgo sobre un grupo o comunidad. Para estar más seguros, la autoridad puede venir reforzada con signos (cetros, coronas, uniformes,…) o un lenguaje que demuestre que la persona está por encima. El “elegido” tendrá entonces la capacidad de mando es decir de reprimir o de ejercer la violencia legítimamente.

La  autoridad de un maestro le viene de sí mismo, de su experiencia, de su confianza en sí mismo y de su capacidad para, justamente, sentirse uno más, un igual, un hermano. Es la autoridad del que no impone, del que comparte…. y para llegar ahí hay que tener un corazón fuerte y generoso. Pero precisamente por eso mismo,  todos podemos ser “maestros” .

El cielo tiene luz en sí mismo y sin embargo no brilla.
También el sol tiene luz en sí mismo, y con todo brilla.
Las estrellas también tienen luz, aún cuando afluye a ellas.
No hay noche que no tenga luz, pero está oculta.

Maestro Eckart

Imagen: Louis XIV. Hyacinthe Rigaud. 1701. Museo del Louvre

¿hemos aprendido a bailar y a llorar?

pintura fenicia baile

En aquel tiempo, dijo Jesús al gentío: «¿A quién compararé esta generación?. Se asemeja a unos niños sentados en la plaza, que gritan diciendo: “Hemos tocado la flauta, y no habéis bailado; hemos entonado lamentaciones, y no habéis llorado”. Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: “Tiene un demonio”. Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: “Ahí tenéis a un comilón y borracho, amigo de publicanos y pecadores”. Pero la sabiduría se ha acreditado por sus obras». Mateo (11,16-19) 

Algunas personas creen tener el monopolio de lo “correcto”, lo “justo” o lo “bueno” y cuando vieron a Juan le criticaron porque llevaba una vida de asceta, decían que tenía dentro un demonio, y cuando vieron a Jesús también le criticaron por lo contrario, por beber y comer y tener amigos fuera de su círculo. No eran conscientes de las contradicciones de su juicio.

Les habían juzgado sin escucharlos. No habían sido capaces de despojarse de sus convicciones, heredadas quizás, pero en todo caso asumidas como propias. Como Juan y Jesús no decían lo que todo el mundo criticaban sus acciones y decían que su comportamiento era incorrecto. Juan y Jesus entonaban nuevos cantos. Pero pocos, quizás solo los más inocentes, los de corazón como niños, les habían escuchado sin juzgar. Y al escucharles se  habían conmovido y habían sido capaces de  mirar de otro modo, más allá de lo que se esperaba de ellos. Había sido capaces de sentir desde dentro. Ahora que el año va terminando y que se acerca la navidad cabe preguntarse si nosotros, este año, hemos sido capaces de bailar y de llorar.

Imagen: pintura fenicia

Recuperar las plazas

ciudadmejico

En el centro de la ciudad hay una plaza.Unos días hay mercado, otros fiesta. Los domingos paseamos bajo los soportales y tomamos el aperitivo en las terrazas.

En el nuevo barrio la plaza es un gran pasillo con tiendas a los lados. No tiene ventanas pero tiene techo: es igual en invierno que en verano. Tampoco está en el centro. No sirve para hacer fiestas. Por la noche está cerrada. Nunca recibe luz de las estrellas. La plaza ya no es de todos. Es un espacio privado.

Hemos dejado pocas piedras. Tenemos bonitas playas, pero sustituimos rápido las huellas del pasado. En algunas ciudades quedan pocas casas con historia y pocos espacios usados .¿será porque cada primavera nos gusta quemar lo viejo? ¿o es que queríamos luz y más ventanas en nuestras casas?

Lo mismo que con las ciudades y pueblos, quizás, nos ocurre con otras cosas. Nos cuesta mirar atrás y recuperar la memoria de las cosas pasadas para mirar de otra forma no como siempre hemos creído o como nos han contado.

Las viejas piedras suelen estar tierra adentro. Hay que alejarse de las bonitas playas recreadas para nuestro deseo en anuncios de cervezas y coches. Eran tierras estériles: páramos, dunas y salinas. Al caminar hacia el interior, hacia lo más profundo de uno, encontraremos viejas plazas llenas de gente, callejuelas llenas de actividad y templos donde recogerse. Cuanto más humano, más lugares con huellas.

En lo más escondido de nosotros, allá en el interior, está lo más sólido. Allí están las piedras para construirnos como templos. Allí están también los espacios para encontrarnos y celebrar juntos que, en el centro, están las verdaderas piedras. 

De todos los objetos,
De todos los objetos, los que más amo son los usados. Las vasijas de cobre con abolladuras y bordes aplastados, los cuchillos y tenedores cuyos mangos de madera han sido cogidos por muchas manos. Éstas son las formas que me parecen más nobles. Esas losas en torno a viejas casas, desgastadas de haber sido pisadas tantas veces, esas losas entre las que crece la hierba, me parecen objetos felices.
Impregnados del uso de muchos, a menudo transformados, han ido perfeccionando sus formas y se han hecho preciosos porque han sido apreciados muchas veces.
Me gustan incluso los fragmentos de esculturas con los brazos cortados. Vivieron también para mí. Cayeron porque fueron trasladadas; si las derribaron, fue porque no estaban muy altas.
Las construcciones casi en ruinas parecen todavía proyectos sin acabar, grandiosos; sus bellas medidas pueden ya imaginarse, pero aún necesitan de nuestra comprensión. Y, además, ya sirvieron, ya fueron superadas incluso. Todas estas cosas me hacen feliz.
Bertolt Brecht
Imagen: Mapa Tecochtitlan- México. 1524. Anexo a la 2ª carta de relación de Hernán Cortés a Carlos V.  Biblioteca del Congreso EE.UU. Washington