Piedras o por qué nos castigamos

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Por orden del rey Felipe II Ambrosio de Morales realizó un viaje por el norte de España para inventariar reliquias de santos, sepulcros reales, y libros manuscritos en catedrales, iglesias y monasterios. En el Monasterio de Matallana cerca de Valladolid encontró una madeja de hilo y seda cruda, que dicen fue hilada y torcida por la Virgen y en una bolsita, entre otras reliquias pequeñas, dos huesos, uno de San Saturnino, otro de Santa Ágata. También había una piedra. Era una de las que se utilizaron para apedrear a San Esteban. …… Esa piedra estaba expuesta en el monasterio para el recogimiento de los fieles. …

Tiramos piedras contra nuestro propio tejado.

“La piedra no se mueve.
En su lugar exacto permanece.
Su fealdad está allí, en medio del camino,
donde todos tropiecen
y es, como el corazón que no se entrega,
volumen de la muerte.
Sólo el que ve se goza con el orden
que la piedra sostiene.
Sólo en el ojo puro del que ve
su ser se justifica y resplandece.
Sólo la boca del que ve la alaba.
Ella no entiende nada. Y obedece.”
Rosario Castellanos. Piedra

(Imagen: El Bosco. Extracción de la piedra de la locura. 1475-1480. Museo del Prado. Madrid)

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Hundirse en espirales de sonidos o la búsqueda del sonido interior

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No es el mar el que está dentro de la caracola. Pero sí es un sonido interior, una vibración que no percibimos de otra forma y que, porque fluctúa, parece el suave murmullo de las olas en la playa.
El sonido del mar deja espacios en blanco.
Dicen que la luna, reina de las mareas, también puede vibrar.

“Cierra los ojos y a oscuras piérdete
Bajo el follaje rojo de tus párpados.
Húndete en esas espirales
Del sonido que zumba y cae
Y suena allí, remoto,
Hacia el sitio del tímpano,
Como una catarata ensordecida.”
Octavio Paz, Olvido

Letanías al atardecer

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En algunas religiones, para llegar al silencio interior se repiten sonidos. Se cantan mantras o letanías para concentrar todo sonido en una nota, en un tempo. Después con la última vibración y los labios cerrados disfrutaremos de la música callada, de la soledad sonora. Pero el verdadero silencio solo empieza con el sonido del latir del corazón y del aire que entra en los pulmones.

San Juan de la Cruz nos dice que para escuchar el silencio hay que “cerrar los sentidos con uso e inclinación de soledad y olvido de toda criatura y de todos los acaecimientos, aunque se hunda el mundo ”. Nada entra, solo el aire silencioso del universo…..

Salvo quizás, el canto de los grillos.

Que respirar en paz la música no oída
sea mi último deseo, pues sabed
que, para quien respira
en paz, ya todo el mundo
está dentro de él y en él respira.
Antonio Colinas, letanías del ciego que ve

(Imagen: Codex Musical de Las Huelgas (Burgos, Monasterio de Las Huelgas, Codex IX)

La lengua ignota o por qué a veces cuesta encontrar palabras

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En el siglo XII, Hildegarda de Bingen escribió al Papa Anastasio explicándole que Dios le había entregado la Ignota Lingua. Explicaba que era una lengua única, que, al hablarla, hace que todo lo oscuro se ilumine y, al cantarla, solo transmite paz y armonía. De la Ignota Lingua no conocemos la gramática, ni los verbos, ni siquiera cómo se pronunciaba. Solo sabemos que era una lengua clara y limpia. Ella la utilizó en una partitura y eso es lo que nos ha quedado

Nuestras lenguas admiten tergiversaciones, dobles sentidos y engaños. Nos ocultamos detrás de palabras. Hay palabras que retumban mucho, resuenan durante un tiempo en nuestra cabeza: aquellas que nos dijeron para mentirnos, cuando nos engañaron o cuando nos despidieron. En ocasiones nos cuesta encontrar palabras: cuando se tiene miedo, cuando se va a dejar a alguien, cuando no nos sabemos la lección, cuando nos morimos de vergüenza,…. Y a veces, al intentar hablar, se nos saltan las lágrimas.
Pero las palabras nos permiten también imaginar el mundo, contar historias y transmitir secretos, recetas y fórmulas. Los poetas llevan la emoción a las palabras…..
Hablamos porque es con palabras cómo se rompen los hielos, se abren puertas, se da y se recibe perdón y consuelo.

“Quisiera que tú me entendieras a mí sin palabras.
Sin palabras hablarte, lo mismo que se habla mi gente.
(..)
Si ahora yo te dijera que había que andar por ciudades perdidas
y llorar en sus calles oscuras sintiéndose débil,
y cantar bajo un árbol de estío tus sueños oscuros,
y sentirte hecho de aire y de nube y de hierba muy verde…
Si ahora yo te dijera
que es tu vida esa roca en que rompe la ola,
la flor misma que vibra y se llena de azul bajo el claro nordeste,
aquel hombre que va por el campo nocturno llevando una antorcha,
aquel niño que azota la mar con su mano inocente…
Si yo te dijera estas cosas, amigo,
¿qué fuego pondría en mi boca, qué hierro candente,
qué olores, colores, sabores, contactos, sonidos?
Y ¿cómo saber si me entiendes?
¿Cómo entrar en tu alma rompiendo sus hielos?
¿Cómo hacerte sentir para siempre vencida la muerte?
¿Cómo ahondar en tu invierno, llevar a tu noche la luna,
poner en tu oscura tristeza la lumbre celeste?
Sin palabras, amigo; tenía que ser sin palabras como tú me entendieses.”
José Hierro Alegría, Respuesta

Imagen: Alfabeto de la lengua Ignota. (Riesencodex) Hildegarda de Binden. 1098- 1179

Cómo entrar en lo más hondo

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En el barranco de Víznar, la noche del 18 de agosto, los vecinos del Sacromonte de Granada despiertan el alma del flamenco junto a la fosa donde tiraron a García Lorca. Cada año a la luz de las velas y bajo las estrellas, brotan quejidos que vienen de lo más hondo.

Cuando el canto hace brotar una emoción muy profunda utilizamos palabras del mundo mágico: duende, alma (soul)… Lorca explicaba el duende como “un poder misterioso que todos sienten y que ningún filósofo explica” y lo relacionaba con los místicos. Decía que  el cante jondo, para quemarnos la sangre,  necesita de la noche oscura.

No hay alma que pueda resistirse sin conmoverse al sonido de una granaína flamenca en mitad de la noche.

“Tú eres el agua oscura
que mana por adentro de la roca:
tu eres el agua oscura y entrañable
que va corriendo debajo de la tierra
ignorada del sol,
de la sed de los que rastrean la
tierra de los que ruedan por la tierra.
Tu eres el agua virgen sin destino
Y sin nombre geográfico;
Tú eres la frescura intocada,
El trémulo secreto de frescura,
El júbilo secreto de esta
Frescura mía que tú eres,
De esta agua honda que tú has sido siempre,
Sin alcanzar a ser más nada que eso:
Agua negra, sin nombre…
¡y apretada, apretada contra mi!”

Dulce María Loynaz – Agua escondida

(Image: “Bayad toca el oud para las damas”, Manuscrito árabe del siglo XII del cuento Qissat Bayad wa Reyad)

¿Cómo escuchar el verdadero silencio?

rosicrucianmuseum,SanJose,May-2005,124

Aprender a meditar es difícil porque, cuando ya estoy preparada pasan los coches, suena la nevera, se escuchan pasos en el piso de arriba,…

Los antiguos maestros hindúes dicen que el meditador debe adentrarse más allá de los siete ruidos: el de un río, una campana, una vasija de bronce, las ruedas de un carruaje, el croar de las ranas, la lluvia y el sonido de un hombre al hablar en una caverna. Más allá de todos, y habiéndose asentado en la insonora no-palabra, los sonidos, los de dentro y los de fuera, ya no se distinguen. Quedan disueltos igual que las distintas flores se pierden en el sabor único de la miel.

(Imagen: Estatua egipcia. Rosicrucium Museum San José (California) EE.UU)