Lo tóxico en grandes cantidades

goya capri

Solo lo que es demostrado es verdadero. Como en otros tiempos lo fue la religión, ahora es la ciencia. Podríamos llegar a creer que la característica fundamental del hombre es que razona y que es el único animal capaz de construir abstracciones e ingenios. Pero el hombre es mucho más que eso….

Cuando vamos a una exposición sobre el paleolítico y miramos los objetos de nuestros más lejanos antepasados, además de lanzas y puntas de flecha, además de cuencos de barro nos preguntamos ¿por qué razón dibujaron y grabaron ese bonito ciervo en el mango? ¿Qué razón tendrían para pintar de colores el borde de las vasijas? ¿Para qué servían esas pequeñas figuras de barro de mujeres de formas redondeadas adornadas de collares?

Por la dictadura de la razón, abandonamos hace tiempo aquello que nos iluminaba por dentro, la energía de vida, la fuerza de crear con pasión. Dejamos de lado los animales, los colores y las figuras de barro y nos dedicamos solo a pensar, medir y calcular. Dejamos de estar enteros.

Entonces, cuando ya solo quedan cosas y máquinas, la razón y la ciencia, aparece el miedo.

The tree of knowledge was the tree of reason.
That’s why the taste of it
drove us from Eden. That fruit
was meant to be dried and milled to a fine powder
for use a pinch at a time, a condiment.
God had probably planned to tell us later
about this new pleasure.
We stuffed our mouths full of it,
gorged on but and if and how and again
but, knowing no better.
It’s toxic in large quantities; fumes
swirled in our heads and around us
to form a dense cloud that hardened to steel,
a wall between us and God, Who was Paradise.
Not that God is unreasonable – but reason
in such excess was tyranny
and locked us into its own limits, a polished cell
reflecting our own faces. God lives
on the other side of that mirror,
but through the slit where the barrier doesn’t
quite touch ground, manages still
to squeeze in – as filtered light,
splinters of fire, a strain of music heard
then lost, then heard again.
Denise Levertov

(Imagen: Francisco de Goya. Grabado de la Serie “Caprichos” nº 43. 1799. Biblioteca Nacional de España)

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No irse por las ramas

arbol de la ciencia_Ramon_Llull,_1505

En 1633, Galileo fue condenado por defender que la tierra y los planetas giraban alrededor del sol. Descartes acababa de terminar de escribir su “Tratado del mundo y de la luz” donde apoyaba las tesis de Galileo y decidió no publicarlo. Tenía miedo:” ¿cómo avanzar en el conocimiento y no ser perseguido?”. Escribió entonces unas meditaciones filosóficas para fijar un método ordenado de pensamiento que diera solidez a sus razonamientos.

Empieza el libro diciendo que, para avanzar en el conocimiento, es preciso desprenderse de todas las ideas recibidas y reconstruir, de nuevo y desde los cimientos, todo el pensamiento.

Y es que hay veces que lo que necesitamos, es empezar de cero……

Lo que está en reposo es fácil de retener. Lo que no ha sucedido es fácil de resolver. Lo que es frágil es fácil de romper. Lo que es menudo es fácil de dispersar. Prevenir antes de que suceda,
y ordenar antes de la confusión. El árbol que casi no puede rodearse con los brazos, brotó de un germen minúsculo. La torre de nueve pisos, comenzó por un montón de tierra. El viaje de mil kilómetros, empezó con un paso.
Lao Tse, Tao Te King

(Imagen: Ramon Llul. El árbol de la ciencia (Roma, 1296). Edición 1505. Houghton Library, Harvard University )

El deseo es pregunta cuya respuesta nadie sabe

deseo san antonio

La cicatriz de la dependencia es profunda. El recuerdo de una piel puede hacer daño. El olor de otro cuerpo en las sábanas permanece. Parece que no pudiera irse ni abriendo las ventanas. Las caricias encadenan. Pero lo que provoca el dolor ¿es la piel o es el recuerdo? ¿o es simplemente que nos volvemos a quedar solos con nuestro propio cuerpo?

“No decía palabras,
acercaba tan sólo un cuerpo interrogante,
porque ignoraba que el deseo es una pregunta
cuya respuesta no existe,
una hoja cuya rama no existe,
un mundo cuyo cielo no existe.”
Luis Cernuda

No puedo parar las olas. Dejo que me mezan tal y como llegan. Si supiera nadar, disfrutaría y me dejaría arrastrar sin prisas por la corriente ….. sin atarme a ninguna tabla.

(Imagen: Martin Schongauer, 1470–75, La tentación de San Antonio. Museo Metropolitano de Arte, Nueva York)

Cuando cuesta digerir

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Los evangelios dicen: “el mal lo erradicamos cuando lo reconocemos, pero si no nos damos cuenta de él echa raíces en nosotros y produce sus frutos en nuestro corazón; se enseñorea de nosotros y nos hacemos sus esclavos; nos tiene cogidos en su garra para que hagamos aquello que no queremos y omitamos aquello que queremos; es poderoso porque no lo hemos reconocido y mientras está allí sigue actuando.”

La enfermedad nos avisa. Carl Jung dice que la enfermedad es el esfuerzo que hace la naturaleza para curar al hombre. Es el mal de dentro que sale hacia fuera.

“entonces del vientre mismo, como un remoto estremecerse de la tierra, que difícilmente podía considerarse señal de terremoto, del útero, del corazón contraído, vino el temblor gigantesco de un fuerte dolor conmovido, del cuerpo, todo el estremecimiento -y con sutiles máscaras de rostro y de cuerpo finalmente con la dificultad de un chorro de petróleo rasgando la tierra- vino finalmente el gran llanto seco, llanto mudo sin sonido alguno hasta para ella misma, (…).”
Clarice Lispector

(Imagen: Johannes de Ketham, Fasciculus Medicinae, 1492. Venecia. Italia)

Tomé la vida por un vaso

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En una novela de Haruki Murakami , un ama de casa, con una vida absolutamente monótona pero segura, de pronto pierde el sueño y deja de dormir durante diecisiete días. Se pasa las noches bebiendo coñac, comiendo chocolate y devorando, fascinada, las novelas de Tolstoi y Dostoievski.
¿Cómo vivir en una sociedad que sin cesar excita los sentidos con promesas de placer? La sociedad de consumo ofrece satisfacciones pero al mismo tiempo nos frustra porque está asociada a lo efímero. Sabemos que por mucho que bebamos de sus ofrendas nunca estaremos saciados. Nos llenan, nos embriagan, pero luego desaparecen. El sistema actual necesita de la insatisfacción y de la obsolescencia y por tanto que sigamos siempre deseando.
Sin embargo, el principio del placer, del que tanto escribió Freud, es también búsqueda de felicidad, y por tanto elemento esencial para movilizar la energía de vida. Nos gusta perdernos en una novela, escuchar una melodía o volar con un beso; nos llena de vida, de fuerza. Todas estas sensaciones nos ayudan a vivir,….pero no deberían ser las que nos llenen porque, como la rosa más bella, poco duran.

“Alguien trajo una rosa
hace ya algunos días, y con ella
trajo también algo de luz,
yo la puse en un vaso y poco a poco
se ha apagado la luz y se apagó la rosa.
(…)
Y he buscado en la sombra de esta tarde
esa luz de aquel día, y en el polvo
que es ahora la flor, su antiguo aroma,
y en la sombra y el polvo ya no estaba
la sombra de la mano que la trajo.
Y ahora veo que la dicha, y que la luz,
y todas esas cosas que quisiéramos
conservar en el vaso,
son igual que las rosas: han sabido los días
traerme algunas, pero
¿qué quedó de esas rosas en mi vida
o en el fondo del vaso?”
Vicente Gallego- Variación sobre una metáfora barroca. Los ojos del extraño

(Imagen: Li Livres dou Santé. Aldobrandino de Siena. siglo XIII. British Library. U.K.)

Traspasar lo gris

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Al principio no había rutinas, solamente ermitaños. Pero un día, Benito de Nursia se refugió con algunos seguidores en Monte Cassino, en la comarca italiana de Campania y escribió la Regula Sancti Benedicti. Organizó la vida monástica y estableció un horario para que los monjes rezaran y trabajaran de manera equilibrada. Carlomagno mandó hacer una copia de la regla y ordenó que fuera obligatoria en todos los monasterios del Imperio.

Las rutinas dan seguridad, pero empobrecen el alma. La rutina diaria, que tanto criticamos, calma nuestras ansiedades profesionales, domesticas, familiares… Con la rutina no podemos sacar nuestros más escondidos talentos ni descubrir las pequeñas cosas que son distintas cada día: la forma de una nube reflejada en el edifico de oficinas, la brisa al bajar la ventanilla del coche, una sonrisa…

Rutinas, normas o procedimientos, ……….. no vaya a ser que alguien quiera subir una montaña y retirarse a meditar solo como hacía Jesús.

“Monstruo gris, gris profundo,
profundamente oculta sus amores, sus odios,
gris en su casa,
gris en su juego,
en su trabajo, gris,
hombre gris, de gris alma.
Yo quiero, necesito,
mirarle allá a la hondura de los ojos, conocerle,
arrancarle su careta de cemento,
buscarle por detrás de sus tristes rutinas.
(..)
Dime, Dios mío, que tu amor refulge
detrás de la ceniza.
Dame ojos que penetren tras lo gris
la verdad de las almas,
la hermosa desnudez de tu imagen:
el hombre.”
Dámaso Alonso, Ah, yo quiero vivir… (extracto)

 

Desenredar pensamientos

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El remolino gira sobre sí mismo, retiene hojas y ramas, escarba y levanta el lodo. Su energía no sirve para avanzar solo sirve para dar vueltas sobre lo mismo, remover y enturbiar el agua. Muchas veces, atrapados en un torbellino no pensamos más que en una cosa y seguimos dándole vueltas a lo mismo.

Los remolinos se forman en los ríos cuando en el fondo hay algo que hace de sumidero. Algo en lo más hondo absorbe el agua y activa esa energía que se concentra inútilmente sobre sí misma.

Pero los remolinos no atrapan el agua de forma infinita. En un momento dado, se deshacen naturalmente cuando, dejando fluir al río, aquello que había en el fondo se desliza suavemente.

El agua fluye entonces, ……clara, cristalina.

“En derredor del sol gira la tierra,
haciéndose, al girar, sombra a sí misma,
y en redor de mis propios sentimientos,
hallando sombra y luz, mi mente gira.”
Concepción de Estevarena, Luchas

(Imagen: Detalle. Libro de Job, Incipit, f. 304. (Winchester, s XVI))