SEXTA. La hora de almorzar: no soy yo sin los otros

camara 008En la hora sexta comemos. En los conventos hay costumbre de guardar silencio pero también de estar todos juntos, de escuchar en comunidad alguna lectura. Nosotros, a mediodía, quedamos con la familia, los amigos o los compañeros (del latín cum panis, “aquél con el que comparto el pan”). No hay celebración que no tenga una comida en común. No hay cultura o religión que no se haya preocupado por comidas y alimentos: manzanas o carnes, ayunos y panes.

Comer, para los seres humanos no es solo alimentarse. Es un acto de interacción social que refuerza el sentimiento de pertenencia a un grupo.

Por eso comer solo nos incomoda. San Antonio Abad indicó que en el convento el hermano culpable de una falta grave debía ser excluido de la mesa y tomar a solas su alimento: “Nadie lo bendiga al pasar, ni se bendiga el alimento que se le da». Comer solo es despojar a la comida de su aspecto humano, y dejarlo simplemente en algo biológico. Por eso, el que come solo muchas veces se busca una “lectura” de otro ser humano. En España por ejemplo en muchos restaurantes está puesta la televisión a la hora de la comida.

La hora sexta es el momento para reflexionar sobre las relaciones con los demás, los grupos a los que pertenezco, la sociedad.

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En modo masa

View of Olympic Stadium and Spectators

En un instituto de Palo Alto, California, un carismático profesor puso en marcha un experimento para explicar el nazismo a sus alumnos y cómo los ciudadanos alemanes permitieron que el partido nazi exterminara a millones de judíos y otros llamados “indeseables”. Durante cinco días intentó recrear el ambiente que habían vivido jóvenes como ellos en la Alemania de principios de los años treinta. No les soltó ningún discurso pero les explicó que la clase iría mejor si funcionaban como grupo: la fuerza les vendría de la disciplina y la unión. Utilizó acción y símbolos: prácticas, ejercicios y saludos.

El movimiento, que denominó “la tercera ola” fue generando un poderoso sentimiento de pertenencia. El grupo se fue cerrando y haciéndose más agresivo; creció el rechazo y el enfrentamiento con los que se quedaban fuera y no querían participar.
Mientras, el profesor iba experimentando, él también, una creciente y gratificante sensación del poder.

“(..) En esa cerradura de los miedos
de pronto hay una llave que no entra.
Me convenzo, me afirmo con vosotros.
Pero duele también la mala suerte
de nunca estar ahí,
de no llegar a tiempo para verlo.
Resisto como un niño sin familia
esperando en la casa del extraño
que me dejen volar una cometa.”
Luis García Montero. La Cometa. A puerta Cerrada

La metáfora del vampiro

vampiroA mediados del siglo XVIII, el monje benedictino Augustin Calmet, publicó por primera vez un tratado sobre vampiros. Conforme iba avanzando el racionalismo en Europa, más se multiplicaban los escritos sobre vampiros como fenómeno antropológico. Hasta que, en plena revolución industrial, apareció Drácula, … el primer personaje de ficción que, sin ser un dios, nunca muere.

Los vampiros tienen grandes poderes: pueden hacer que cambie el tiempo, se mantienen siempre jóvenes, logran obediencia de animales y humanos tan solo con su mente y pueden convertirse en niebla. Los vampiros seducen. Son atractivos, interesantes y muy atentos. No hay quien se resista, sin batalla, a un vampiro.

Sin embargo, me surgen preguntas sobre los vampiros que me parecen metáforas……

¿Por qué no se reflejan en los espejos?

¿Por qué no tienen sombra?

¿Por qué se debilitan tanto con la luz?

(Imagen: The Black Hours. 1475. Pierpont Morgan Library. NY)

 

La traición y el corazón congelado

dante

En la Divina Comedia de Dante, en el noveno infierno, cerca ya del centro de la Tierra, curiosamente, no hay fuego sino un inmenso lago de hielo. Es un lugar extraño y gélido con muchos silencios.

En el último círculo están los traidores: y lo son porque tenían el corazón frío. No lloran porque el entumecimiento no les deja, andan boca abajo, amoratados. En sus rostros no hay expresión: la perdieron cuando dejaron de tener sentimientos. No se sabe exactamente bien a quien traicionaron, a sus hijos, a sus hermanos, a sus reyes,…… o a sí mismos.

Es el último de los infiernos, el más profundo.

“Dicen que soy un ángel
y, peldaño a peldaño,
para alcanzar la luz
tengo que usar las piernas.
Cansado de subir, a veces ruedo
(tal vez serán los pliegues de mi túnica),
pero un ángel rodando no es un ángel
si no tiene el honor de llegar al abismo.
Y lo que yo encontré en mi mayor caída
era blando, brillante;
recuerdo su perfume,
su malsano deleite.
Desperté y ahora quiero
encontrar la escalera,
para subir sin alas
poco a poco a mi muerte.”
Manuel Altolaguirre. Para alcanzar la luz

(Imagen: Ilustración para la divina comedia. Dante. Bri1477-1482 Roma. Biblioteca Apostólica Vaticana)

Nos limpiamos entrelazándonos

escalante

Enlazados y desnudos buscamos juntos el calor en el frío invierno.
No calienta….. porque el fuego no está fuera.

El concepto de individuo aislado e independiente es una abstracción poco realista. Nada somos sin otros. Nos enlazamos para calentarnos. Nos reunimos a la salida del trabajo o nos conectamos a las redes sociales para lamernos las heridas mutuamente. Necesitamos mostrar nuestras cicatrices, curar las del amigo, dejarnos mecer un rato en otros brazos. Por mucho que el sistema ensalce al individuo es con otras personas con quienes mejor reímos, cantamos o bailamos.
Pero una comunidad puede ahogar la iniciativa del individuo. Podemos fundirnos y entrar en círculos donde, uniformados, dejamos de ser nosotros para ser solo grupo.

“iamo mortali mortalmente spaventati
tremiamo come volpi e cani
diventando la muta di noi stessi.
Basta un sogno sbagliato
e la luce rode dove non c’e’ riparo.
Sbandiamo tra gli oggetti sperando siano veri.
Stringiamo gli occhi provando a dormire in pieno giorno
dicendo: qui, e pensando là
offrendo sacrifici mentre spostiamo mobili
e tronchiamo con le forbici i gerani.
La sera allunghiamo i tavoli per gli ospiti
e dal legno cominciamo ad appassire.
Posiamo con cura i tovaglioli e dal lino si sollevano demoni.
Voltando la testa qui, pensiamo: là
come succede davvero a ogni inseguito.
Spalanchiamo finestre con la scusa del fumo. Il vento sa d’immondizia
ma è una tregua. Lo stesso vento nella bellezza è una rovina.
La saggezza ci confonde come cera.
Stentiamo a respirare.
Restiamo immobili
il sangue scatta tra la nuca e la schiena
torniamo serpi
ci puliamo intrecciandoci.”
Antonella Anedda

(Imagen: Manuscritos de San Miguel de Escalante. 945. Pierpont Morgan Library. N.Y. EE.UU.)

Espejos o cómo aprender de las discusiones

espejoHay veces que de pronto descubrimos que el otro no es el otro, que solamente tenemos delante nuestro propio reflejo.

Hay veces que descubrimos que, en el espejo, solo se refleja la sombra

Nada mejor que una discusión con alguien por quien sentimos un afecto grande para mirarse de frente. Esa discusión tan fuerte de una pareja que se ama, entre un padre y un hijo, entre dos hermanas…. es un instante violento. Es un espejo perfecto: todo lo que me dijiste y que se me quedó grabado, los agravios pasados y que llevo apuntados, todo lo que creo que estás pensando y sintiendo, todo lo que pienso que no has querido escuchar o reconocer, todo lo que pienso que deberías hacer…. todo eso, soy yo. La cuestión es si nuestro ego nos permite asomarnos al espejo.

“Todas las noches, antes de acostarse, Mercedes se ponía los bigudís delante del espejo del lavabo. Aunque estuviera muy cansada, nunca se acostaba sin ponerse los bigudís. Lo hacía casi sin mirar, partiendo el pelo en zonas que envolvía muy deprisa en cada hierrito, como si estuviera liando pitillos. Sobre el espejo estaba la bombilla encendida. Muchas noches, al terminar su tarea, Mercedes se encerraba con pestillo en aquel cuarto y se contemplaba el rostro atentamente, con los codos apoyados en el lavabo. Un rostro ancho, pasmado, de ojos enrojecidos que no expresaban ninguna cosa, un rostro que parecía recortado en cartón. Lo miraba como si lo viese cada noche por vez primera, y necesitaba concentrarse trabajosamente para sentir de verdad que le pertenecía. Durante mucho rato se miraban los ojos de fuera y los del espejo se buscaban hasta acercarse y fundirse. Y los de dentro, pronto tenían a flor el hilo del llanto. Al menor temblor de pestañas, la primera lágrima caía, dejando una huella seca y ardiente en la piel de la mejilla, un cauce tirante de sed que pedía más lágrimas. Era algo necesario y natural, como la lluvia. Lloraban largamente los ojos de Mercedes, sintiendo la compañía de aquellos otros del espejo, que por fin la habían reconocido.”
Carmen Martín Gaite

(Imagen: Libro de horas de Dionora de Urbino, Italia. 1480, British Library, U.K )

Sin amor vivía

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” Buscando el amigo a su Amado, encontró a un hombre que moría sin amor; y dijo: ” ¡Ah qué daño tan grande es que los hombres, de cualquiera suerte que mueran, mueran sin amor!”  Por esto dijo el amigo al moribundo: “Dime, hombre, ¿por qué mueres sin amor?”

Respondió: “Porque sin amor vivía.”

Raimon Llull, El libro del amigo y del Amado

(Imagen: Nuit de Valpurgis. P. Klee. Tate Modern. UK)