Caminar pisando charcos….

2017-11-04 11.25.45
“Dios ha creado las noches que se arman
de sueños y las formas del espejo
para que el hombre sienta que es reflejo
y vanidad. Por eso nos alarman.”
J.L. Borges

 

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La luz del presente

fludd

Dice Thomas Merton que en épocas de cambios y de incertidumbre se pierde el contacto con el presente. Ante un mundo incierto, “No se necesita saber exactamente qué pasa, ni adónde va todo. Lo que se necesita es reconocer las posibilidades y desafíos que ofrece el momento presente, y abrazarlos con valentía. ” Para vivir el presente hay que dejarse llevar, sin que el pasado nos arrastre. No es el más inteligente ni el más fuerte el que sobrevive, sino el que mejor se adapta a los ritmos de la corriente.

No sé odiar, ni amar tampoco.
Y en mi vida inconsecuente,
amo, a veces, como un loco
u odio de un modo insolente.
Pero siempre dura poco
Lo que quiero y lo que no…
¡Qué sé yo!
Ni me importa…
Alegre es la vida y corta,
Pasajera.
Y es absurdo,
Y es antipático y zurdo
complicarla
con un ansia de verdad
duradera
y expectante.
¿Luego?… ¡Ya!
La verdad será cualquiera.
Lo precioso es el instante
que se va.
Manuel Machado. La canción del presente

(Imagen: Robert Fludd. Utriusque Cosmi. Tomo I. 1617. Oppenheim. Getty Research Institute)

El imperio del pasado

epitre d othea 1

La forma de explicar nuestra vida, lo que somos y lo que hemos hecho, no es sino el relato de recuerdos, de sucesos tristes o alegres que nos han ido ocurriendo. El pasado es el que manda. Buscamos causas y explicaciones. Emitimos juicios y reinterpretaciones. A menudo estos pensamientos no son más que un embrollo de vivencias y recuerdos, proyecciones y deseos. Solo queremos que las cosas sean como fueron, o en todo caso como siempre quisimos que fueran. Para el ego el momento del presente apenas existe. Necesita recrear el pasado para explicarse pero ese pasado es engañoso, remodelado y reconstruido a fuerza de fantasía, manipulación o simplemente olvido de aquello de lo que no queremos acordarnos.

Hay algo de inexacto en los recuerdos:
una línea difusa que es de sombra,
de error favorecido.
Y si la vida
en algo está cifrada,
es en esos recuerdos
precisamente desvaídos,
quizás remodelados por el tiempo
con un arte que implica ficción, pues verdadera
no puede ser la vida recordada.
Y sin embargo
a ese engaño debemos lo que al fin
será la vida cierta, y a ese engaño
debemos ya lo mismo que a la vida.
Felipe Benítez Reyes, Valor del pasado

(Imagen: « Épître d’Othéa ». Christine de Pisan, 1400. Fundación Bodmer)

Empezar el telar desde el principio

pies

Cada mañana repetimos aquello que caracteriza al ser humano: nos ponemos de pie y caminamos. Este es nuestro despertar: dos pies que se apoyan en el suelo y que nos recuerdan que hemos nacido aquí, con este cuerpo y no con otro y que nos parecemos a alguien que vino antes que nosotros. Son nuestras raíces, lo que nos une a la tierra.
Pero no nos quedamos de pie junto a la cama. Nuestra energía no solo nos empuja a levantarnos, sino también a caminar y a ocupar nuestro espacio, el que nos es propio a cada uno.

Al despertar cada mañana se desencadenan dos fuerzas complementarias y contrapuestas: por un lado, la identidad que nos llega de nuestras raíces y de nuestras pautas culturales, sociales y familiares y por otro, el caminar, ese afán de autonomía, de separación, de protesta y de autoafirmación que lleva dentro todo ser humano.
Estas dos fuerzas se unen en un solo hilo fuerte que sirve de soporte básico para vivir la vida. Es la urdimbre, como la definió Rof Carballo , sobre la cual vamos tejiendo cada uno colores, formas y texturas diferentes. También dice Rof, que para que la malla sea fuerte y los dos hilos estén bien unidos, solo funciona una cosa que, desgraciadamente, muchas veces escasea: la ternura.

“Son a suma total
daquel que foi medindo
a pegada aquela que non digo,
pegada que soia se puxo o seu nome.
Son resta da esperanza -diferencia quedou-
Multiplicada xa nacín,
pra qué dividirme agora? (…)”
María Mariño

(Imagen: Representación de las huellas del pie de Visnu. Jaipur, Rajasthan, mediados del siglo XIX. Museo Nacional, New Delhi)

Futuro terror o la mortalidad nos da alas

muerte prado

En el cuadro las Edades y la Muerte hay tres figuras principales cuyos rasgos se asemejan: una joven, una anciana y la figura de una mujer muerta, un esqueleto con piel del que los gusanos asoman del vientre. Es la Muerte, y sujeta en su mano un reloj de arena.

Cada año el tiempo se acorta y parece como si fuera más rápido.
Si no envejeciésemos, no llegaríamos a la madurez, esa edad en la que empezamos a descubrir las respuestas verdaderas a todo lo vivido. Cuando el cuerpo declina de pronto descubrimos que hemos vivido sin apenas darnos cuenta, dominados por acontecimientos y hábitos, con el piloto automático conectado. Hemos vivido sin ser conscientes de que el tiempo pasa y de que ni cremas, implantes, cirugías o tratamientos hacen la vida más bella. Solamente a medida que maduramos, podemos ver mejor nuestro camino.

La amenaza de la muerte nos espolea. Nos obliga a buscar soluciones mientras estamos vivos. Nos hace valorar las decisiones que tomamos y los riesgos que corremos. Sin la muerte no tendríamos que esforzarnos por hacer el mundo mejor, ni cuidaríamos de nada ni tampoco a nadie.

“Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura porque ésa ya no siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.
Ser, y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
y el temor de haber sido y un futuro terror…
¡Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
y sufrir por la vida y por la sombra y por
lo que no conocemos y apenas sospechamos,
y la carne que tienta con sus frescos racimos,
y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos
y no saber adónde vamos,
ni de dónde venimos!…”
Rubén Darío, Lo fatal

(Imagen: Hans Baldung Grien. Las edades y la muerte. 1539. Museo del Prado. Madrid)

Nubes: hay veces que no sabemos qué nos ocurre

torre-hercules

No todos los días son fáciles. Hay veces que todo duele y que actuamos sin pensar bajo una nube gris que todo lo aplana y pesa sobre los hombros. Quizás ni siquiera sabemos la causa. La nube es oscura para la mente. Todo se pierde en ella. Se difuminan los puntos de referencia. Fue acaso porque nos despertamos en mitad de la noche a causa de algún sueño, o simplemente, nos desveló el aire tibio de la futura mañana. Solo sé que, la cuesta del mundo se hizo más larga y las piernas más pesadas. Ni siquiera sé con certeza, si llegó el alba.

La idea de lo que somos también se diluye a veces como la niebla. Hay días que flotamos en una sociedad de apariencia donde nada es lo que parece. Somos conscientes de ese vacío, duele. Queremos llegar a tener aquello que más deseamos pero estamos atados, sin brazos para alcanzarlo, sin piernas para ir tras ello. Quisiéramos ser diferentes. Somos mortales mortalmente insatisfechos. Nada nos llena. Solo nos queda la nube.

“Je meurs de seuf auprés de la fontaine,
(…)
Je riz en pleurs et attens sans espoir,
Confort reprens en triste desespoir,
Je m’esjoys et n’ay plasir aucun,
Puissant je suis sans force et sans pouoir,
Bien recueully, debouté de chascun.
Riens ne m’est seur que la chose incertaine,
Obsucur fors ce qui est tout evident,
Doubte ne fais fors en chose certaine,
Scïence tiens a soudain accident,
Je gaigne tout et demeure perdent”
François Villon , Ballade du concours de Blois (extracto)

(imagen: Torre de Hércules. A Coruña)

Tengo una casa

costa malaga

Nuestra casa podría haber tenido un jardín más grande. Pero el alcalde y el promotor inmobiliario pensaron que viviendo en un adosado en medio del llano ya teníamos cerca el campo. De todos modos sabían que terminaríamos enlosando ese pequeño trozo de aire libre o poniéndole césped de plástico.

Nuestra casa tiene vistas al mar como las de todos nuestros vecinos. El alcalde y el promotor inmobiliario pensaron que, aunque la calle tuviera muchas cuestas, nunca pasearíamos por ella. De todos modos sabían que todos terminamos, más pronto o más temprano, descansando inmóviles en soleados nichos blancos.