Cuaresma: sin oscuridad no hay crecimiento

otra cuaresmaEn silencio, con frío, poca luz y putrefacción, así trabaja el oscuro y largo invierno….. Así se prepara el sustrato que dará vida a los colores: en la fermentación que luego se convierte en levadura o en medicina para curarnos, en la hojarasca y los desechos que se descomponen bajo la nieve, en los excrementos acumulados en el establo…

Hay veces que el mundo parece feo, lleno de podredumbre, irritante e histérico. Todo mancha, todo hiere. No podemos escapar de lo sucio porque está aquí, es nuestro, somos nosotros mismos quienes lo producimos.

A veces las cosas salen mal, a veces perdemos algo para siempre. Pero sin adversidad, no podríamos conocer el verdadero significado de nuestros logros, ni aprender más de nosotros mismos. Sin descubrir nuestros defectos nunca aprenderíamos a perdonar los de los otros.

Al final del invierno llega la cuaresma. Aún con días más despejados y largos, la tierra no ha dado aún ningún fruto. Pero como el abono para las plantas, nuestras “manchas” alimentan nuestra energía. Hay hambre. Es la espera.

Quiero llenarme de los frutos del invierno.
Aprender a cultivar flores en lo que huele, repele y mancha.

(Imagen; Joan Amades. Representaciones de la cuaresma. Costumari Catalá. 1952. Ed. Salvat. Barcelona)

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La máscara que me oculta

mascara

“Me conocieron en seguida como quien no era” dice Pessoa. Muchas veces no nos damos cuenta de que vamos disfrazados, (de simpático, de serio y responsable, de distraído, …). Nos hemos fundido con nuestro disfraz.

Daniel Pennac explica esta situación muy bien cuando habla del último de la clase en el Instituto. A fuerza de decirse a sí mismo “soy un negado para estudiar, no sé nada ni podré aprender nunca” termina por enorgullecerse de ello y se cierra a toda posibilidad de descubrir algo que le pudiera interesar, algo que despierte su curiosidad.

La máscara, aunque la construimos para nuestra integración en el grupo, en la familia o los con otros en general, lo que hace en realidad es distanciarnos. Impide el intercambio de verdad: quien no es uno mismo no puede relacionarse con los otros. Al vivir en función de la mirada del otro, no es posible que nos amen, porque aman a quien ven, es decir, solo a una parte de nosotros.

He hecho de mí lo que no sabía,
Y lo que podía hacer de mí no lo he hecho.
El disfraz que me puse estaba equivocado.
Me conocieron enseguida como quien no era y no lo desmentí, y me perdí.
Cuando quise quitarme la máscara,
La tenía pegada a la cara.
Cuando me la quité y me miré en el espejo,
Ya había envejecido.
Alvaro de Campos (Fernando Pessoa) Tabaquería (extracto)

(Imagen: Casco corintio. Siglo VI A.C.)

Soy yo en persona

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En francés la palabra “personne” tiene un doble significado: quiere decir “persona”, por tanto ser humano, pero también “nadie”, es decir ninguna persona.

Ser persona es pensar, con mi razón sin duda alguna, en que soy lo que ven los otros y lo que yo me pienso que soy. Por eso para ser persona, tengo que utilizar tan solo mi pensamiento.

El mundo está lleno de personas que se piensan sin mirar, sin escuchar, que hacen y tienen cosas, que están solas o en grupo. Cuando abrimos la puerta no encontramos a nadie. Sin la mirada del otro, yo tampoco me veo.

Sin ese que yo creo que soy y sin tener lo que tengo ¿quién soy?: … nada. Soy nadie en persona y por tanto soy ignorancia, inconsciencia, egocentrismo, insatisfacción y, sobre todo, miedo.

“Il n’avait peur de personne
Il n’avait peur de rien
Mais un matin un beau matin
Il croit voir quelque chose
Mais il dit Ce n’est rien
Et il avait raison
Avec sa raison sans nul doute
Ce n’ était rien
Mais le matin ce même matin
Il croit entendre quelqu’un
Et il ouvrit la porte
Et il la referma en disant Personne
Et il avait raison
Avec sa raison sans nul doute
Il n’y avait personne
Mais soudain il eut peur
Et il comprit qu’Il était seul
Mais qu’Il n’était pas tout seul
Et c’est alors qu’il vit
Rien en personne devant lui”

Jacques Prévert (Histoires, un beau matin)

(Imagen : Salterio de Gorleston, Inglaterra (Suffolk), 1310-1324, British Library. U.K)

Mariposas del alma

imagesCAWUSQLH“Las neuronas son células de formas delicadas y elegantes, las misteriosas mariposas del alma, cuyo batir de alas quién sabe si esclarecerá algún día el secreto de la vida mental (….) Es preciso sacudir enérgicamente el bosque de las neuronas cerebrales adormecidas; es menester hacerlas vibrar con la emoción de lo nuevo e infundirles nobles y elevadas inquietudes”.

Santiago Ramón y Cajal no es un poeta, tampoco un pintor, es el premio Nobel de medicina de 1906. En su época, para ilustrar las observaciones microscópicas no tenía más remedio que dibujar. Cuando observamos las ilustraciones que hizo de la corteza cerebral, del hipotálamo o del cerebelo, nos quedamos impresionados al descubrir los extraños y oníricos paisajes que llevamos todos los seres dentro.

Cajal también afirmó que: “Todo ser humano, si se lo propone, puede ser escultor de su propio cerebro”. Decía que, según cómo pensamos moldeamos nuestras emociones y cambian nuestras percepciones. ¡Podemos hasta cambiar las neuronas!! Esta afirmación, que entonces muchos creyeron metafórica, ahora la comunidad científica dice que es cierta.

“The Brain -is wider than the Sky-
For -put them side by side-
The one the other will contain
With ease -and you- beside-
The Brain is deeper than the sea-
For -hold them- Blue to Blue-
The one the other will absorb-
As Sponges -Buckets- do-
The Brain is just the weight of God-
For -Helft them- Pound the Pound-
And they will differ -if they do
As Syllable from Sound”
Emily Dickinson

 

La luz del presente

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Dice Thomas Merton que en épocas de cambios y de incertidumbre se pierde el contacto con el presente. Ante un mundo incierto, “No se necesita saber exactamente qué pasa, ni adónde va todo. Lo que se necesita es reconocer las posibilidades y desafíos que ofrece el momento presente, y abrazarlos con valentía. ” Para vivir el presente hay que dejarse llevar, sin que el pasado nos arrastre. No es el más inteligente ni el más fuerte el que sobrevive, sino el que mejor se adapta a los ritmos de la corriente.

No sé odiar, ni amar tampoco.
Y en mi vida inconsecuente,
amo, a veces, como un loco
u odio de un modo insolente.
Pero siempre dura poco
Lo que quiero y lo que no…
¡Qué sé yo!
Ni me importa…
Alegre es la vida y corta,
Pasajera.
Y es absurdo,
Y es antipático y zurdo
complicarla
con un ansia de verdad
duradera
y expectante.
¿Luego?… ¡Ya!
La verdad será cualquiera.
Lo precioso es el instante
que se va.
Manuel Machado. La canción del presente

(Imagen: Robert Fludd. Utriusque Cosmi. Tomo I. 1617. Oppenheim. Getty Research Institute)

El imperio del pasado

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La forma de explicar nuestra vida, lo que somos y lo que hemos hecho, no es sino el relato de recuerdos, de sucesos tristes o alegres que nos han ido ocurriendo. El pasado es el que manda. Buscamos causas y explicaciones. Emitimos juicios y reinterpretaciones. A menudo estos pensamientos no son más que un embrollo de vivencias y recuerdos, proyecciones y deseos. Solo queremos que las cosas sean como fueron, o en todo caso como siempre quisimos que fueran. Para el ego el momento del presente apenas existe. Necesita recrear el pasado para explicarse pero ese pasado es engañoso, remodelado y reconstruido a fuerza de fantasía, manipulación o simplemente olvido de aquello de lo que no queremos acordarnos.

Hay algo de inexacto en los recuerdos:
una línea difusa que es de sombra,
de error favorecido.
Y si la vida
en algo está cifrada,
es en esos recuerdos
precisamente desvaídos,
quizás remodelados por el tiempo
con un arte que implica ficción, pues verdadera
no puede ser la vida recordada.
Y sin embargo
a ese engaño debemos lo que al fin
será la vida cierta, y a ese engaño
debemos ya lo mismo que a la vida.
Felipe Benítez Reyes, Valor del pasado

(Imagen: « Épître d’Othéa ». Christine de Pisan, 1400. Fundación Bodmer)