Un instante solo mío

soledad

Los primeros monjes vivieron en Egipto en el siglo IV. Eran cristianos que se marchaban a lugares despoblados para vivir lejos de una Iglesia que, en aquél momento, se estaba fundiendo con el Imperio Romano. Por eso la palabra “monje”, que viene del griego “monachós”, quiere decir “solitario”.

Más tarde, hacia el siglo XIII, cuando de nuevo se terminaba una época, algunos volvieron a buscar nuevos desiertos: proliferaron los eremitas y los llamados penitentes por toda Europa, entre ellos San Francisco. Eran personas, muchos de ellos laicos, que renunciaban a su pasado buscando nuevos valores lejos de los bienes materiales de la vida.

Para estar bien en el mundo, ¿cómo hay que estar solo?

“Voy a bordar de tibias lentejuelas
este instante que es mío,
a tapizar de fresas y esperanzas
su borde inmaculado.
Mientras mañana, o todos los momentos
que velan tras el muro de las horas
permanezcan ocultos,
voy a tomar alegre de la mano
el sol que ya comienza a besar mi butaca,
el vaivén de las hojas
que sobrepasan libres los últimos balcones,
el perro que dormita confiado.
Voy a beber la copa del silencio
que siembra paz y amor en el ambiente
para elevar un brindis de ternura
por el dulce recuerdo
de todos mis amigos.
Ahora, cuando el pájaro del sueño
revolotea lejos de mis cuatro paredes,
voy a gustar el vino sorbo a sorbo
de este instante de luz que me acompaña.”
Teresa Berenguer. Brindis por un instante

(Imagen: Christine de Pisan. L´Epître d´Othéa à Hector. 1460. Fondation Bodmer. Colonia. Alemania)

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El temor a lo tremendo

perrone

En una pequeña sala del Convento de la Encarnación de Madrid hay una imagen de un Cristo yacente esculpida por Perrone. Está tendido sobre sucios lienzos. Su rostro está pálido, medio verdoso y tiene numerosas heridas por todo el cuerpo. Parece muy real, como si estuviéramos ante la mesa de trabajo de un forense. Cuesta mirarlo. Hiere.

Federico García Lorca escribió sobre el culto a estas imágenes en España “Sintieron a Jesús en la Cruz al verlo con la cabeza sublime partida, con el pecho anhelante, con el corazón en el suelo, con espumas sangrientas en la boca,…, pero el pueblo nunca al pensar en el Jesús crucificado se acordó del Jesús del Huerto de los Olivos, con la amargura del temor a lo tremendo, ni se asombró ante el Jesús con amor de hombre de la última cena…” .

El miedo anuló el amor.

“Cristo en la cruz. Los pies tocan la tierra.
Los tres maderos son de igual altura.
Cristo no está en el medio. Es el tercero.
La negra barba pende sobre el pecho.
El rostro no es el rostro de las láminas,
es áspero y judío. No lo veo
y seguiré buscándolo hasta el día
último de mis pasos por la tierra.
El hombre quebrantado sufre y calla.
La corona de espinas lo lastima.
No lo alcanza la befa de la plebe
que ha visto su agonía tantas veces.
La suya o la del otro. Da lo mismo.
Cristo en la cruz. Desordenadamente
piensa en el reino que tal vez lo espera,
piensa en una mujer que no fue suya.
No le está dado ver la teología,
la indescifrable Trinidad, los gnósticos,
las catedrales, la navaja de Occam,
la púrpura, la mitra, la liturgia,
la conversión de Guthrum por la espada,
la Inquisición, la sangre de los mártires,
las atroces Cruzadas, Juana de Arco,
el Vaticano que bendice ejércitos.
Sabe que no es un dios y que es un hombre
que muere con el día. No le importa.
Le importa el duro hierro de los clavos.
No es un romano. No es un griego. Gime.
Nos ha dejado espléndidas metáforas
y una doctrina del perdón que puede
anular el pasado. (Esa sentencia
la escribió un irlandés en una cárcel.)
El alma busca el fin, apresurada.
Ha oscurecido un poco. Ya se ha muerto.
Anda una mosca por la carne quieta.
¿De qué puede servirme que aquel hombre
haya sufrido, si yo sufro ahora?”
Jorge Luis Borges. Cristo en la cruz

(Imagen: Cristo yacente. M. Perrone. 1690. Monasterio de la Encarnación. Madrid)

Estar en vigilia

paloma

La palabra vigilia significa estar despierto, vigilante y se aplicaba a las rondas nocturnas de los soldados romanos. En las vigilias se combinan salmos, lecturas y momentos de silencio pero no se duerme. Es como tener una vela encendida

No nos hemos quedado dormidos; esperamos atentos. Hay que estar preparado para acoger lo que la vida quiera traernos. El secreto es no tener ataduras y tener los ojos bien abiertos. Si confiamos en nuestras fuerzas y estamos atentos actuaremos sin vacilar, sin darle miles de vueltas a todo, sin miedo… y lo que llegue será nuestro. No hace falta desearlo ni pedírselo a nadie, simplemente hay que dejar que ocurra.

“No cultivo mi jardín a fondo
Intento extenuar la apariencia
Por eso planto pasos
Si desnudas la espera de toda expectativa ¿qué queda?
Una presencia duradera.
Claro que para estar presente de continuo
Conviene aprender a ausentarse.
Yo elegí un vestido blanco.
Algunos otros se inventaron
diferentes trucos para esfumarse:
Un mono de apicultor, digamos.
Otros, empero, se instalaron en el marco de la ventana
Y se quedaron quietos.
Parece estático pero no lo es.
Culpa es de la duración que lo cristaliza.
El mecanismo es:
Temblor
Renuncia
Confianza
Exterminio
Alegría
No en ese orden
Y sin el sentimiento”

Katerina Iliopoulou, “Aquí Allí Dondequiera Siempre “

Confianza. Saber que sabemos volar.
Renuncia. Con las alas atadas o con pesos, no despegamos.
Exterminio. Me abalanzo en la vida sin miedo para tomar lo que es mío.
Temblor. Vibro con mi cuerpo y mi alma.
Alegría….. el aire y el sol en la cara.

(Imagen : Colombe. Jean Ecole Française. Cabinet de dessins et miniatures.
Museo del Louvre. Paris)

El frío del invierno

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Hay dos maneras de bajar al infierno: cuando la vida te envía una ola muy fuerte  o cuando bajas por ti mismo.

Del primer infierno se sale como del invierno: con flores. De la podredumbre de las hojas, del frío, la lluvia y la oscuridad, vuelve a brotar la vida, con más fuerza, más olor y más colores. Del segundo infierno es más difícil salir, porque es preciso descubrir primero por qué queríamos bajar y quemarnos por dentro. No es fácil indagar porque no quisimos afrontar el frío de nuestro invierno: las dificultades, las crisis, los abandonos y sobre todo, los miedos.

Pero lo que no sabíamos es que dentro del infierno, en lugar de fuego, descubriríamos hielo como en la Divina comedia de Dante. No hay calor, ni verdaderos sentimientos. No se puede llorar: no hay perdón posible. Quedan petrificadas las heridas, no se sienten los brazos, los pies, el cuerpo.

Solamente fría e imparable gobierna la mente …… y no necesita calor para funcionar.

El perfume del incienso

reyes magos

Los Reyes Magos trajeron tres regalos: oro, incienso y mirra.

El oro es la abundancia: que uno brille sin más luz que la de dentro.

La mirra es para cuidar el cuerpo al que esta vida nos une. La mirra limpia y protege del tiempo.

¿y el incienso?

humo, perfume,… que todas las civilizaciones han utilizado para elevar el espíritu y acompañar oraciones y celebraciones. El incienso es una extraña mezcla de resinas y maderas que sube por el aire y se mezcla con el viento: es el regalo de la sabiduría.

(Imagen: Detalle de la Adoración de los Reyes Magos. Códice de Roda, siglos X-XI, Real Academia de la Historia, Madrid)

Seguir una estrella

Orion-beltDicen los antiguos sabios que aquellos que siguen el camino de la ignorancia se adentran en la oscuridad, pero también nos recuerdan que aquellos que se absorben en el conocimiento se adentran en una oscuridad aún mayor. Eso les ocurrió a los tres reyes magos: después de mucho estudio, de experimentos y fórmulas estaban a oscuras. Un día lo dejaron todo y salieron tras una luz.

Nosotros tenemos la suerte de ser Reyes Magos cada año, no para comprar regalos, sino para seguir su ejemplo.

Los reyes magos, los magos de verdad, vienen del desierto porque no hay un solo camino sino infinitas posibilidades, porque el horizonte es amplio y el futuro, libre y abierto. No llevan mucha carga porque saben que el peso lastra y que aquél que absorbe lo mejor de cada día, sin el peso del pasado y sin el miedo del futuro imaginado, conoce el gusto de la libertad.

Se dejaron guiar por el firmamento y emprendieron un camino a ese otro extraño sitio que no se ve, a la conciencia del corazón, al ser que es uno mismo.

Solo hay que mirar la luz y seguirla.

(imagen: cinturón de Orion)

Estábamos callados
esperábamos algo.
Llegaron las estaciones, una tras otra,
con frutos en los cestos y nieve en los ropajes.
Llegaron los árboles, los libros, los hijos.
También llegó la muerte,
con la boca llena de clavos,
y seguimos como siempre
ya que nunca aprendimos
a vivir sin milagros.
Isilik geunden
zer edo zer itxaroten.
Etorri ziren urtaroak, bata bestearen ondotik,
saskietan mertxikak eta soinekoetan elur-malutak.
Etorri ziren arbolak, liburuak, seme-alabak.
Etorri zen heriotza ere,
ahoa iltzez beterik,
eta artean legez iraun genuen
ez genuelako ikasi ahal izan
miraririk gabe bizitzen.

Miren Agur Meabe

Una estrella brilla dentro

ojo book of hour
Para ser grande, sé entero: nada
tuyo exageres o excluyas.
Sé todo en cada cosa. Pon cuanto eres
en lo mínimo que hagas.
Por eso la luna brilla toda
en cada lago, porque alta vive.
De heterónimo Ricardo Reis, Fernando Pessoa. Oda

Dice Jesús en los evangelios que “quien sea conocedor de todo, pero falle en el conocimiento de sí mismo, falla en todo”. El individuo que no está seguro de sí mismo buscará en las relaciones una solución a su vacío. Pero éstas, construidas desde esa búsqueda de completitud, nos dejaran siempre insatisfechos.

Por eso, el segundo mandamiento “amarás a tu prójimo como a ti mismo” precisa que uno se quiera porque si no es así, amar a los demás no es posible.

(Imagen: Detalle. Book of Hours Flanders, probably Bruges c. 1510-1520, MS 1058-1975 Fitzwilliam Museum)