El día del padre

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En Roma el paso a la adolescencia se celebraba el 17 de marzo, durante las fiestas de Liber Pater. Liber personificaba el poder masculino procreador y se realizaban ritos para asegurar el crecimiento de las semillas en el principio de la primavera.

Ese día, los jóvenes varones de entre catorce y dieciséis años acudían con su padre al Capitolio vistiendo por primera vez la llamada toga virilis que indicaba que el joven ya tenía capacidad para engendrar. Se les daba los tres nombres (praenomen o nombre de pila, nomen o apellido de la gens o linaje, y cognomen o nombre de la familia concreta dentro de la gens) y quedaban inscritos como ciudadanos romanos. Una vez en el foro, el joven efectuaba un sacrificio en honor de Liber.

De ahí viene el origen del día del padre.

( Imagen: sillar. Restos romanos de Segóbriga, Cuenca)

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Con un nudo en la garganta

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Hubo un tiempo, en el que los héroes y guerreros vertían con frecuencia abundantes lágrimas. Lloraban sin reparo alguno y se lamentaban a grandes gritos después de las batallas. También en la Edad Media se imploraba el “don de lágrimas” en los conventos .

Se decía que eran una de las más puras afecciones del alma. San Pedro Damián exhortaba a los monjes a “buscar el refugio del espíritu con todas sus fuerzas, y aspirar a las lágrimas, … pedid por que se os concedan lágrimas….”.

Pero perdimos la capacidad de llorar y nos quedamos mudos durante siglos, luchando por retener la emoción, …..  simplemente, con un nudo en la garganta.

“Tú no las puedes ver;
yo, sí.
Claras, redondas, tibias.
Despacio
se van a su destino;
despacio, por marcharse
más tarde de tu carne.
Se van a nada; son
eso no más, su curso.
y una huella, a lo largo,
que se borra en seguida.
¿Astros?

no las puedes besar.
Las beso yo por ti.
Saben; tienen sabor
a los zumos del mundo.
¡Qué gusto negro y denso
a tierra, a sol, a mar!
Se quedan un momento
en el beso, indecisas
entre tu carne fría
y mis labios; por fin
las arranco. Y no sé
si es que eran para mí.
Porque yo no sé nada.
¿Son estrellas, son signos,
son condenas o auroras?
Ni en mirar ni en besar
aprendí lo que eran.
Lo que quieren se queda
allá atrás, todo incógnito.
Y su nombre también.
(Si las llamara lágrimas,
nadie me entendería.)”
Pedro Salinas

(Imagen : Pablo Picasso, La femme qui pleure, 1937, Riehen/Basel, Fondation Beyeler, Alemania)

Ni sabe partir, ni llegar osa

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No existe una pareja si no hay dos. La identidad de cada miembro, aparte de la suya propia, está definida en función del otro. Somos un uno formado con otro. Por eso con frecuencia, y sobre todo al iniciar una relación, tenemos miedo a acercarnos demasiado y quemarnos.

Pero, como una mariposa de noche con una lámpara, tampoco podemos alejarnos y nos cuesta mucho salir de una relación que sabemos que ha terminado. Seguimos dando vueltas, sin separarnos, porque en el fondo creemos que la luz viene del otro.

En la pareja volvemos a vivir la tensión primera, la que nos acompaña desde el nacimiento: soy un ser independiente y a la vez no puedo vivir sin otros. El hilo es fino. A veces, se rompe de tanto estirarlo o de tensarlo solo de un lado. Otras, ni siquiera somos conscientes de tenerlo delante, ni nosotros, ni tampoco padres, hijos, parejas,… aquellos a los que amamos.

“Como la simplecilla mariposa
a torno de la luz de una candela
de pura enamorada se desvela,
ni se sabe partir, ni llegar osa;
vase, vuelve, anda, torna y no reposa,
y de amor y temor junto arde y hiela,
tanto que al fin las alas con que vuela
se abrasan con la vida trabajosa.
Así, mísero yo, de enamorado,
a torno de la luz de vuestros ojos
vengo, voy, torno y vuelvo y no me alejo;
mas es tan diferente mi cuidado
que en medio del dolor de mis enojos
ni me acaba el ardor, ni de arder dejo”.
Gutiérrez de Cetina

(Imagen: Auguste Rodin. El Beso. 1898. Museo Rodin. Paris.)

Cuaresma: sin oscuridad no hay crecimiento

otra cuaresmaEn silencio, con frío, poca luz y putrefacción, así trabaja el oscuro y largo invierno….. Así se prepara el sustrato que dará vida a los colores: en la fermentación que luego se convierte en levadura o en medicina para curarnos, en la hojarasca y los desechos que se descomponen bajo la nieve, en los excrementos acumulados en el establo…

Hay veces que el mundo parece feo, lleno de podredumbre, irritante e histérico. Todo mancha, todo hiere. No podemos escapar de lo sucio porque está aquí, es nuestro, somos nosotros mismos quienes lo producimos.

A veces las cosas salen mal, a veces perdemos algo para siempre. Pero sin adversidad, no podríamos conocer el verdadero significado de nuestros logros, ni aprender más de nosotros mismos. Sin descubrir nuestros defectos nunca aprenderíamos a perdonar los de los otros.

Al final del invierno llega la cuaresma. Aún con días más despejados y largos, la tierra no ha dado aún ningún fruto. Pero como el abono para las plantas, nuestras “manchas” alimentan nuestra energía. Hay hambre. Es la espera.

Quiero llenarme de los frutos del invierno.
Aprender a cultivar flores en lo que huele, repele y mancha.

(Imagen; Joan Amades. Representaciones de la cuaresma. Costumari Catalá. 1952. Ed. Salvat. Barcelona)

Agua turbia o desenredar pensamientos

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El remolino gira sobre sí mismo, retiene hojas y ramas, escarba y levanta el lodo. Su energía no sirve para avanzar solo sirve para dar vueltas sobre lo mismo, remover y enturbiar el agua. Muchas veces, atrapados en un torbellino no pensamos más que en una cosa y seguimos dándole vueltas a lo mismo.

Los remolinos se forman en los ríos cuando en el fondo hay algo que hace de sumidero. Algo en lo más hondo absorbe el agua y activa esa energía que se concentra inútilmente sobre sí misma.

Pero los remolinos no atrapan el agua de forma infinita. En un momento dado, se deshacen naturalmente cuando, dejando fluir al río, aquello que había en el fondo se desliza suavemente.

El agua fluye entonces, ……clara, cristalina.

“En derredor del sol gira la tierra,
haciéndose, al girar, sombra a sí misma,
y en redor de mis propios sentimientos,
hallando sombra y luz, mi mente gira.”
Concepción de Estevarena, Luchas

(Imagen: Detalle. Libro de Job, Incipit, f. 304. (Winchester, s XVI))

Dust in the wind. Miércoles de ceniza

“Llora con cenizas sobre el pelo” como hacían griegos, egipcios y judíos en señal de duelo y en un día como hoy, nos recuerdan que no somos más que polvo. Entonces nos señalan en la frente con la ceniza de aquello que fue alegría, lo que ha quedado después de quemar las palmas y las ramas de olivo del muy lejano Domingo de Ramos.

Sin embargo, Jesús dijo ““Cuando oréis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vean los hombres. En verdad os digo que ya han recibido su recompensa. Tú, en cambio, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo recompensará.
Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas que desfiguran sus rostros para hacer ver a los hombres que ayunan. En verdad os digo que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara….” Mateo (6, 16-18)

Rezar y ayunar son solo para ti, para mirar más dentro sin las ataduras del cuerpo….

 

 

La máscara que me oculta

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“Me conocieron en seguida como quien no era” dice Pessoa. Muchas veces no nos damos cuenta de que vamos disfrazados, (de simpático, de serio y responsable, de distraído, …). Nos hemos fundido con nuestro disfraz.

Daniel Pennac explica esta situación muy bien cuando habla del último de la clase en el Instituto. A fuerza de decirse a sí mismo “soy un negado para estudiar, no sé nada ni podré aprender nunca” termina por enorgullecerse de ello y se cierra a toda posibilidad de descubrir algo que le pudiera interesar, algo que despierte su curiosidad.

La máscara, aunque la construimos para nuestra integración en el grupo, en la familia o los con otros en general, lo que hace en realidad es distanciarnos. Impide el intercambio de verdad: quien no es uno mismo no puede relacionarse con los otros. Al vivir en función de la mirada del otro, no es posible que nos amen, porque aman a quien ven, es decir, solo a una parte de nosotros.

He hecho de mí lo que no sabía,
Y lo que podía hacer de mí no lo he hecho.
El disfraz que me puse estaba equivocado.
Me conocieron enseguida como quien no era y no lo desmentí, y me perdí.
Cuando quise quitarme la máscara,
La tenía pegada a la cara.
Cuando me la quité y me miré en el espejo,
Ya había envejecido.
Alvaro de Campos (Fernando Pessoa) Tabaquería (extracto)

(Imagen: Casco corintio. Siglo VI A.C.)