Lo tóxico en grandes cantidades

goya capri

Solo lo que es demostrado es verdadero. Como en otros tiempos lo fue la religión, ahora es la ciencia. Podríamos llegar a creer que la característica fundamental del hombre es que razona y que es el único animal capaz de construir abstracciones e ingenios. Pero el hombre es mucho más que eso….

Cuando vamos a una exposición sobre el paleolítico y miramos los objetos de nuestros más lejanos antepasados, además de lanzas y puntas de flecha, además de cuencos de barro nos preguntamos ¿por qué razón dibujaron y grabaron ese bonito ciervo en el mango? ¿Qué razón tendrían para pintar de colores el borde de las vasijas? ¿Para qué servían esas pequeñas figuras de barro de mujeres de formas redondeadas adornadas de collares?

Por la dictadura de la razón, abandonamos hace tiempo aquello que nos iluminaba por dentro, la energía de vida, la fuerza de crear con pasión. Dejamos de lado los animales, los colores y las figuras de barro y nos dedicamos solo a pensar, medir y calcular. Dejamos de estar enteros.

Entonces, cuando ya solo quedan cosas y máquinas, la razón y la ciencia, aparece el miedo.

The tree of knowledge was the tree of reason.
That’s why the taste of it
drove us from Eden. That fruit
was meant to be dried and milled to a fine powder
for use a pinch at a time, a condiment.
God had probably planned to tell us later
about this new pleasure.
We stuffed our mouths full of it,
gorged on but and if and how and again
but, knowing no better.
It’s toxic in large quantities; fumes
swirled in our heads and around us
to form a dense cloud that hardened to steel,
a wall between us and God, Who was Paradise.
Not that God is unreasonable – but reason
in such excess was tyranny
and locked us into its own limits, a polished cell
reflecting our own faces. God lives
on the other side of that mirror,
but through the slit where the barrier doesn’t
quite touch ground, manages still
to squeeze in – as filtered light,
splinters of fire, a strain of music heard
then lost, then heard again.
Denise Levertov

(Imagen: Francisco de Goya. Grabado de la Serie “Caprichos” nº 43. 1799. Biblioteca Nacional de España)

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