El frío del invierno

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Hay dos maneras de bajar al infierno: cuando la vida te envía una ola muy fuerte  o cuando bajas por ti mismo.

Del primer infierno se sale como del invierno: con flores. De la podredumbre de las hojas, del frío, la lluvia y la oscuridad, vuelve a brotar la vida, con más fuerza, más olor y más colores. Del segundo infierno es más difícil salir, porque es preciso descubrir primero por qué queríamos bajar y quemarnos por dentro. No es fácil indagar porque no quisimos afrontar el frío de nuestro invierno: las dificultades, las crisis, los abandonos y sobre todo, los miedos.

Pero lo que no sabíamos es que dentro del infierno, en lugar de fuego, descubriríamos hielo como en la Divina comedia de Dante. No hay calor, ni verdaderos sentimientos. No se puede llorar: no hay perdón posible. Quedan petrificadas las heridas, no se sienten los brazos, los pies, el cuerpo.

Solamente fría e imparable gobierna la mente …… y no necesita calor para funcionar.

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3 comentarios en “El frío del invierno”

  1. ¡Bueno! Quizá haya tantos infiernos como personas, uno para cada quien. Porque yo quise bajar a mi infierno particular, mi objetivo era encontrar y desenmascarar mis demonios; y te aseguro que no hacía frio, sino un calor infernal.
    Bajé porque me sentía con capacidad para salir después. Lo cierto que es que es fácil quedarse atrapado, y los seres que allí habitan desean mi regreso. Pero con una bajada ya tengo suficiente para toda la vida. Identificados y desenmascarados mis antiguos demonios, dejaron de serlo y se quedaron sin fuerza. ¡Pobres diablos!

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