Empezar el telar desde el principio

pies

Cada mañana repetimos aquello que caracteriza al ser humano: nos ponemos de pie y caminamos. Este es nuestro despertar: dos pies que se apoyan en el suelo y que nos recuerdan que hemos nacido aquí, con este cuerpo y no con otro y que nos parecemos a alguien que vino antes que nosotros. Son nuestras raíces, lo que nos une a la tierra.
Pero no nos quedamos de pie junto a la cama. Nuestra energía no solo nos empuja a levantarnos, sino también a caminar y a ocupar nuestro espacio, el que nos es propio a cada uno.

Al despertar cada mañana se desencadenan dos fuerzas complementarias y contrapuestas: por un lado, la identidad que nos llega de nuestras raíces y de nuestras pautas culturales, sociales y familiares y por otro, el caminar, ese afán de autonomía, de separación, de protesta y de autoafirmación que lleva dentro todo ser humano.
Estas dos fuerzas se unen en un solo hilo fuerte que sirve de soporte básico para vivir la vida. Es la urdimbre, como la definió Rof Carballo , sobre la cual vamos tejiendo cada uno colores, formas y texturas diferentes. También dice Rof, que para que la malla sea fuerte y los dos hilos estén bien unidos, solo funciona una cosa que, desgraciadamente, muchas veces escasea: la ternura.

“Son a suma total
daquel que foi medindo
a pegada aquela que non digo,
pegada que soia se puxo o seu nome.
Son resta da esperanza -diferencia quedou-
Multiplicada xa nacín,
pra qué dividirme agora? (…)”
María Mariño

(Imagen: Representación de las huellas del pie de Visnu. Jaipur, Rajasthan, mediados del siglo XIX. Museo Nacional, New Delhi)

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