Futuro terror o la mortalidad nos da alas

muerte prado

En el cuadro las Edades y la Muerte hay tres figuras principales cuyos rasgos se asemejan: una joven, una anciana y la figura de una mujer muerta, un esqueleto con piel del que los gusanos asoman del vientre. Es la Muerte, y sujeta en su mano un reloj de arena.

Cada año el tiempo se acorta y parece como si fuera más rápido.
Si no envejeciésemos, no llegaríamos a la madurez, esa edad en la que empezamos a descubrir las respuestas verdaderas a todo lo vivido. Cuando el cuerpo declina de pronto descubrimos que hemos vivido sin apenas darnos cuenta, dominados por acontecimientos y hábitos, con el piloto automático conectado. Hemos vivido sin ser conscientes de que el tiempo pasa y de que ni cremas, implantes, cirugías o tratamientos hacen la vida más bella. Solamente a medida que maduramos, podemos ver mejor nuestro camino.

La amenaza de la muerte nos espolea. Nos obliga a buscar soluciones mientras estamos vivos. Nos hace valorar las decisiones que tomamos y los riesgos que corremos. Sin la muerte no tendríamos que esforzarnos por hacer el mundo mejor, ni cuidaríamos de nada ni tampoco a nadie.

«Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura porque ésa ya no siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.
Ser, y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
y el temor de haber sido y un futuro terror…
¡Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
y sufrir por la vida y por la sombra y por
lo que no conocemos y apenas sospechamos,
y la carne que tienta con sus frescos racimos,
y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos
y no saber adónde vamos,
ni de dónde venimos!…»
Rubén Darío, Lo fatal

(Imagen: Hans Baldung Grien. Las edades y la muerte. 1539. Museo del Prado. Madrid)

2 comentarios en «Futuro terror o la mortalidad nos da alas»

Los comentarios están cerrados.