Noche de Julio

2018-07-21 11.34.55Salmo. Soy como agua que se derrama y todos mis huesos están dislocados; mi corazón se ha vuelto como cera y se derrite en mi interior (22:15)

Paul Winter. Lullaby From the Great Mother Whale For the Baby Seal Pups. Del Album: Callings, 1980. Earth Music Productions

Tefillah / ruego
Por los que aún no han descubierto el placer del viento sobre el rostro,
del sonido de las olas, del roce de la piel de un bebe recién nacido
Por los que han creído que era posible vivir prescindiendo de la ternura,

para que no se avergüencen de llevar a un niño dentro.

Himno
“Dos cosas excelentes nos seguirán a donde quiera que vayamos: la naturaleza que es común a todos, y la virtud que nos es propia. Así lo quiso, créeme, aquel, sea quien quiera, que dio la fortuna al universo; sea un Dios, señor de todas las cosas, sea una razón incorpórea, arquitecto de estas obras maravillosas, sea un espíritu divino repartido con igual energía en los cuerpos más grandes y en los más pequeños, sea un destino y encadenamiento inmutable de las cosas ligadas entre sí; así, pues, lo repito, lo ha querido, para no dejar caer en arbitrio ajeno otra cosa que lo más despreciable de nuestros bienes. Lo más excelente del hombre está fuera del poder humano; no se le puede dar ni quitar: hablo del mundo, la creación más bella y brillante de la naturaleza; de esta alma hecha para contemplar y admirar el mundo, del que ella a su vez es la parte más magnífica; esta alma que nos pertenece en propiedad y para siempre, que debe durar tanto como duremos nosotros.
Marchemos, pues, contentos, erguidos y con paso firme a donde nos lleve el hado. Recorramos todas las tierras; ni una sola encontraremos en el mundo que sea extraña al hombre.

Desde todas ellas se eleva nuestra mirada a igual distancia hacia el cielo; y el mismo intervalo separa las cosas divinas de las humanas. Mientras no se prive a mis ojos de este espectáculo de que no se sacian, con tal que se me permita contemplar la luna y el sol, sumergir mi vista en los demás astros, interrogar su salida y su ocaso, su distancia y las causas de su marcha, (…) y me mezcle, en cuanto puede mezclarse el hombre, a las cosas del cielo; con tal que mi alma, aspirando a contemplar los mundos que participan de su naturaleza, se mantenga en las regiones sublimes, ¿qué me importa lo que piso?”
(Seneca. (Córdoba, 4 A. C. –65 D). Consolación a Helvia)

 

 

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