Un toro en Manhattan. Sal 105

“En Horeb se hicieron un becerro, adoraron un ídolo de fundición; cambiaron su gloria por la imagen de un toro que come hierba.

(…) Dios hablaba ya de aniquilarlos; pero Moisés, su elegido, se puso en la brecha frente a él, para apartar su cólera del exterminio.”

Baal era el dios principal de la mayoría de los  pueblos situados en Asia Menor: Canaa, Fenicia, Babilonia e incluso Egipto en la época de los hicsos. Era el hijo del dios creador y padre de todos los dioses y se le representaba como un joven guerrero, un “toro joven”, un becerro. En épocas de adversidad, para alejar sequías, plagas de langostas y para tener cosechas y rebaños productivos se celebraban ritos en su nombre pues era el dios de la lluvia y de la fertilidad.

Cuando sucedió el crack de 1987, la mayor pérdida de una sesión en la historia del Dow Jones que anuló en una sola sesión bursátil buena parte de las ganancias que se habían acumulado durante cinco años de subidas continuadas en la Bolsa de Nueva York, se instaló, en el corazón de Wall Street, una escultura de bronce un de tres toneladas y media que representa un  toro en postura de ataque simbolizando la fuerza de los agentes bursátiles.

En épocas de pánico y desorientación …. caemos en la adoración de dioses guerreros..

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Sondear el corazón. Jeremías (17,8-10)

Imagen: Pieter Brueghel el Viejo, la Gula ( porque seguimos en Cuaresma y porque los pecados capitales ilustran muy bien la relación entre la acción y la emoción que cuenta hoy Jeremías)

“Nada hay más falso y enfermo que el corazón: ¿quién lo conoce? Yo, el Señor, examino el corazón, sondeo el corazón de los hombres para pagar a cada cual su conducta según el fruto de sus acciones.»

En hebreo, la palabra Leb significa corazón pero tiene otras acepciones. Leb se utiliza también para designar voluntad y pensamiento. Es decir que Jeremías se refiere no solo a las emociones y sentimientos  que identificamos con el corazón sino también a todo lo demás que ocupa y enreda nuestra mente.

Nuestras acciones, lo que en definitiva cuenta, no son sino reflejo de todo eso que significa la palabra Leb. Sin embargo, durante siglos la palabra se ha traducido por corazón; es porque sabemos que en definitiva son las emociones las que, casi siempre de forma inconsciente, nos llevan a hacer cosas.

“A veces la calidad de la acción depende de la intención de quien la ejecuta; porque muchas cosas son útiles a juicio de una persona y superfluas a juicio de otras.” Maimónides

Pero Leb también es lo que está en el centro, lo que está completo porque no sobresale de ninguno de los dos lados. Es la justa medida, como cuando nos completamos….. Así, el corazón puede ser también el motor de trascendencia y unidad.

 

Iluminarse. Mateo (17,1-2):

“En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña alta. Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz.”

El despertar de nuestra conciencia no llega intelectualmente, ni al leer un libro de autoayuda, ni al ver un documental; ni siquiera analizando y pensando horas y horas introspectivamente. Los libros y las enseñanzas nos dicen que se puede despertar pero los sabios de verdad no nos dicen cómo llegar a esa “iluminación”.

Jesús decía: “El que busca no debe dejar de buscar hasta tanto que encuentre. Y cuando encuentre se estremecerá, y tras su estremecimiento se llenará de admiración y reinará sobre el universo”.  Sin embargo, Eric Fromm nos advierte que “por lo general, hay mucha angustia antes de que se produzca esta experiencia, mientras que después se produce un nuevo sentimiento de fuerza y certidumbre”.  Tenemos que saber qué esperar, … dejar que aparezca como quiera. En lugar de perseguir la luz, simplemente dejamos que, espontánea y naturalmente, llegue, como un instante de lucidez y de descubrimiento.

El mundo y uno mismo aparecen con una luz distinta, todo es diferente. De repente, miramos nuestra vida con otros ojos. Entendemos. Sentimos. Somos.

“Llega la mirada anulando la distancia, quien la recibe queda traspasado, raptado o fijado; fijado, si es la mirada de la luz. Y cuando la luz nos fija es que nos mira, y, al mirarnos, ¿se sabría decir lo que sucede? Y, por no saberlo decir, se borra: no crea memoria.

Y así, de esta mirada de la luz, nace, podría nacer, ha nacido una y otra vez un pensamiento sin memoria. Un pensamiento liberado del esfuerzo de la pasión de tener que engendrar memoria y, en su virtud, liberado también de toda representación y de todo representar.”

María Zambrano

Quien busca, ….. se encuentra. Mateo (7,7-12):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre. (…)  Tratad a los demás como queréis que ellos os traten; en esto consiste la Ley y los profetas.»

En francés la palabra “personne” tiene un doble significado: quiere decir “persona”, por tanto ser humano, pero también “nadie”, es decir ninguna persona.

Ser persona es pensar, con mi razón sin duda alguna, en que soy lo que ven los otros y lo que yo me pienso que soy. Por eso para ser persona, tengo que utilizar tan solo mi pensamiento.

El mundo está lleno de personas que se piensan sin mirar, sin escuchar, que hacen y tienen cosas, que están solas o en grupo. Cuando abrimos la puerta no encontramos a nadie. Sin la mirada del otro, yo tampoco me veo.

Sin ese que yo creo que soy y sin tener lo que tengo ¿quién soy?: … nada. Soy nadie en persona y por tanto soy ignorancia, inconsciencia, egocentrismo, insatisfacción y, sobre todo, miedo.

Dicen los sufís que la sabiduría es estar en el mundo sin ser del mundo. No dejarse llevar por uno mismo, ni para ser diferente, ni para ser de un grupo. Porque al final es lo mismo, es la mirada del otro sobre la que yo me construyo.

Il n’avait peur de personne

Il n’avait peur de rien

Mais un matin un beau matin

Il croit voir quelque chose

Mais il dit Ce n’est rien

Et il avait raison

Avec sa raison sans nul doute

Ce n’ était rien

Mais le matin ce même matin

Il croit entendre quelqu’un

Et il ouvrit la porte

Et il la referma en disant Personne

Et il avait raison

Avec sa raison sans nul doute

Il n’y avait personne

Mais soudain il eut peur

Et il comprit qu’Il était seul

Mais qu’Il n’était pas tout seul

Et c’est alors qu’il vit

Rien en personne devant lui

Jacques Prévert

Dust in the wind. Miércoles de ceniza

Mateo (6, 16-18): “Cuando oréis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vean los hombres. En verdad os digo que ya han recibido su recompensa. Tú, en cambio, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo recompensará.

Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas que desfiguran sus rostros para hacer ver a los hombres que ayunan. En verdad os digo que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara….”

Las manzanas del pecado, el pan con levadura, la carne de cerdo… existen alimentos sospechosos o prohibidos en todas las religiones; como también, en todas ellas, existe el ayuno. A nosotros además  nos han dicho, “llora con cenizas sobre el pelo” como hacían griegos, egipcios y judíos en señal de duelo. Y nos recuerdan que no somos más que polvo. Es el sometimiento del cuerpo y de la mente, de la ternura y de la alegría.

En paralelo, desde la sociedad de consumo se nos dice lo contrario, que tan solo basta con tener dinero. Si disponemos de él, lo gestionamos correctamente y consumimos no nos faltará en la tierra el placer y la seguridad que buscamos. No hay que renunciar a nada (…. bueno, si, a veces, también hacemos dieta..).

El valle de lágrimas o el paraíso en tierra. Siempre estamos perdidos, insatisfechos y asustados, bien por no llegar al cielo, bien por perder lo que tenemos o no alcanzar  ese paraíso de placeres y belleza que tanto deseamos. Nuestra realidad en los dos casos es incompleta, limitada y fea.

Jesús dice “entra en tu cuarto y cierra la puerta” y “cuando ayunes, perfumate la cabeza y lávate la cara”.  Rezar y ayunar son solo para ti, para mirar más dentro sin las ataduras del cuerpo….

“A nosotros que, sin copa ni vino, estamos contentos. A nosotros que, despreciados o alabados, estamos contentos. A nosotros nos preguntan: “¿En qué acabaréis?”. A nosotros que, sin acabar en nada, estamos contentos”. Rumí

 

Hacer y deshacer. Mateo (16,17 -19):

“Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo.”

A la hora de hacer balance, lo que cuenta no es lo que pensamos, sino lo que hicimos. La vida nos obligó a elegir y esas decisiones nos hicieron diferentes. Los hindúes lo denominan la Ley del Karma: todo lo que está pasando es el germen de algo que va a pasar y, lo que ocurre, es una reacción a algo que ocurrió anteriormente.

La suma de decisiones, los actos que realizamos, dejan huella, buena o mala, pero quedan y nos cambian. Atamos y desatamos con las manos: no somos lo que pensamos sino lo que hacemos.

¿Y después, cómo abrir la puerta?…….. Podremos volar cómo ángeles si hemos sabido desatar el veneno con el que, desde generaciones, nos hemos ido amarrando.

Definitivamente,… creo que esas palabras no eran solo para Pedro.

Hacernos famosos. Génesis (11,1-9):

Toda la tierra hablaba una misma lengua con las mismas palabras. Al emigrar los hombres desde oriente, encontraron una llanura en la tierra de Senaar y se establecieron allí. Se dijeron unos a otros: «Vamos a preparar ladrillos y a cocerlos al fuego». Y emplearon ladrillos en vez de piedras, y alquitrán en vez de argamasa.

Después dijeron: «Vamos a construir una ciudad y una torre que alcance el cielo, para hacernos un nombre, no sea que nos dispersemos por la superficie de la tierra». El Señor bajó a ver la ciudad y la torre que estaban construyendo los hombres. Y el Señor dijo: «Puesto que son un solo pueblo con una sola lengua y esto no es más que el comienzo de su actividad, ahora nada de lo que decidan hacer les resultará imposible. Bajemos, pues, y confundamos allí su lengua, de modo que ninguno entienda la lengua del prójimo».

Queremos dejar una huella de nuestro paso por esta tierra. El poder y la fama son deseos de trascendencia: queremos que nos recuerden y que nos reconozcan, dejar huella.

Y tras ese deseo hay una idea de división, una fractura: no somos iguales, unos merecemos más que otros…. Hablamos distintos lenguajes. Cada uno piensa que su pueblo, su herencia, su historia y sus dioses son los verdaderos.

Vivimos en Babel y sin embargo……

Un hombre que cultiva un jardín, como quería Voltaire.
El que agradece que en la tierra haya música.
El que descubre con placer una etimología.
Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez.
El ceramista que premedita un color y una forma.
Un tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada.
Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto.
El que acaricia a un animal dormido.
El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho.
El que agradece que en la tierra haya Stevenson.
El que prefiere que los otros tengan razón.
Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo.

Los justos. Jorge Luis Borges.